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El militarismo impide unas elecciones libres en Venezuela

El Grupo Ávila es una agrupación informal, compuesta por diplomáticos, analistas políticos, profesores universitarios e investigadores en las áreas de relaciones internacionales y las ciencias sociales, preocupados por el acontecer internacional y nacional. A continuación, reproducimos su último comunicado.

El General Padrino, Ministro de la Defensa de Maduro, dirigiéndose a la oposición democrática, ha declarado recientemente lo siguiente:” Mientras exista una Fuerza Armada como hoy la tenemos, antimperialista, revolucionaria, bolivariana, nunca podrán ejercer el poder político en Venezuela”.

Esta grave declaración militarista no puede ser obviada por los sectores democráticos, y se impone un repudio terminante.

El militarismo es una degeneración hipertrófica de la profesión militar, que tiende a convertirse en una usurpación, por parte del estamento militar, del poder de autodeterminación del pueblo, al utilizar ilegítimamente la fuerza de las armas que el mismo pueblo le otorga en custodia.

En las democracias avanzadas y “civilizadas”, en todos los sentidos de la palabra, las instituciones políticas son fuertes y las fuerzas armadas son profesionales, apolíticas, obedientes y no deliberantes. En cambio el militarismo es cada vez más una característica típica de sociedades atrasadas y semibárbaras.

La Constitución venezolana dice que: “La Fuerza Armada constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política (…) al servicio de la nación y en ningún caso de persona o parcialidad política…”.

Al tener en custodia las armas de la totalidad de la nación, constituyen el brazo armado del Estado, por lo tanto, no deben intervenir en la lucha política, porque se convertirían en un partido armado.

La Fuerza Armada en Venezuela se convirtió primero en guardia pretoriana del régimen y ahora definitivamente en el “socio mayoritario”. La progresiva militarización de la sociedad y el Estado ha sido uno de los objetivos fundamentales del gobierno de Maduro.

La Fuerza Armada ha dejado de ser apolítica, obediente y no deliberante desde el gobierno de Chávez y ha padecido un constante adoctrinamiento ideológico-político.

La administración pública, las empresas del Estado, el Servicio Exterior, las Gobernaciones y las Alcaldías están siendo inundadas de profesionales militares activos. Los militares están ocupando funciones que en toda sociedad democrática son civiles. A las Fuerzas Armadas regulares hay que agregar los centenares de miles de civiles regimentados e indoctrinados en las “Milicias Populares”, verdadero brazo armado del partido de gobierno. Con el nombre de “unidad cívico-militar”, se ha querido encuadrar militarmente a la mayor parte posible de la sociedad civil. Así mismo, la nueva burguesía corrupta parásita del Estado está formada por el sector militar.

Este sector, poniendo de lado sus funciones de resguardar el orden y la soberanía nacional, ha permitido que grupos violentos y armados, nacionales y extranjeros, se hayan organizado y estén operando en el país a sus anchas, cometiendo todo tipo de delitos y atropellos a nuestra población.

En Venezuela se ha gestado y crece un nuevo militarismo que le ha entregado a una cúpula del estamento militar el ejercicio determinante del poder, e incluso, beneficios económicos indebidos.
La declaración antidemocrática del General Padrino es una expresión patente de esa deriva autoritaria, que está cerrando la posibilidad de realizar unas elecciones libres y creíbles que nos permitan iniciar un proceso de recuperación de las libertades.

 

 

 

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