Democracia y PolíticaHistoria

Juaristi: Democracias

EN lo que llevamos de siglo, lo que define la crisis del sistema democrático (no solo en España) es la ruptura del pacto conceptual que selló la caída de los totalitarismos comunistas. En cierto sentido, venía a ser la segunda entrega de lo acontecido en Europa occidental al final de la Segunda Guerra Mundial (solamente en Europa occidental, salvo en su excepción ibérica, y no en Estados Unidos): la identificación no cuestionada de la democracia con la democracia liberal, llamada a veces «formal» por la paz en casa. Quiere decir esto que, por obra y gracia de los acuerdos de Yalta y Potsdam, las izquierdas europeas (occidentales) se resignaron, de mala gana, a admitir que el tipo de democracia predominante en el mundo libre era la auténtica democracia.

La mentalidad trágica. Sobre el miedo, el destino y la pesada carga del poder

Eso es lo que ha saltado por los aires en el siglo actual. Las izquierdas ya no están dispuestas a reconocer en la democracia deliberativa, liberal o formal, su ideal de democraciaRobert Kaplan, cuyo último libro (a mi juicio, imprescindible), ‘La mentalidad trágica’, acaba de llegar a las librerías españolas editado por RBA, presentaba, como paradigma del tipo de demócrata liberal surgido en la Europa del Este tras la caída del comunismo, la definición que de sí mismo daba en 1991 un gran disidente de la época anterior, el rumano Horia Patapievici: «Soy liberal, en el sentido decimonónico del término (…). Soy un liberal en lo que respecta al individuo y a sus derechos. Me siento ligeramente conservador en cuanto a la cultura y a la necesidad de cuidarla. Y me declaro profundamente conservador en lo tocante a la preservación de los valores fundamentales». Patapievici no se definía como demócrata porque el concepto de democracia en la Rumanía del año 1991 seguía siendo identificado con el comunismo de Nicolae Ceaucescu.

Los socialistas de la Europa occidental que se definían como socialdemócratas fingían creer que tal marbete aludía a una variante de la democracia formal (en España repetían aquello que se atribuía a Prieto, lo de «socialista a fuer de liberal»). Pero, tras la ruptura del pacto conceptual por los populismos de izquierda y derecha, los socialistas reinterpretan hoy la socialdemocracia en términos de «democracia social», una forma de antiliberalismo más o menos mitigada según la fuerza de los populismos de izquierda con los que tienen que competir, para los cuales el término democracia no es más que un recurso retórico que permite evitar la mención explícita del comunismo, que sigue dando mucho yuyu al personal. Pero eso es lo que quieren decir cuando hablan de democracia: comunismo. Por su parte, los populismos de derecha suelen referirse con más descaro a las democracias iliberales o putinescas como expresión concreta de su ideal político de «democracia nacional».

Consolémonos: siempre nos quedará Patapievici.

 

 

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