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Karina Sainz Borgo: La traidora y el sinvergüenza

Eso es Donald Trump: un patrocinador de sátrapas, da igual que estén en Irán, el Kremlin o Caracas

María Corina Machado, a la izquierda; Donald Trump, en el centro y Delcy, a la derecha.

María Corina Machado, a la izquierda; Donald Trump, en el centro y Delcy, a la derecha. (ABC)

 

Lo histórico aquí no es la reunión, sino la desvergüenza. Mientras María Corina Machado, la líder de la oposición democrática en Venezuela, intentaba regresar a su país, todavía secuestrado por una dictadura reconvertida en colonia petrolera de Estados Unidos, el presidente Donald Trump y Delcy Rodríguez, la sucesora de Nicolás Maduro y presidenta encargada de Venezuela, coronó su pacto de obediencia y sumisión con un encuentro  personal llevado a cabo ayer en Nueva York.

La foto es nauseabunda. Demuestra lo que ya sabíamos: que Delcy Rodríguez es una traidora y Donald Trump un sinvergüenza. Traidora ella porque incumplió con la Revolución a la que decía defender y también con los venezolanos a quienes ahora desposee doblemente: de la libertad y del petróleo que entrega para salvar su propio pellejo. Traidora ella, insisto, y sinvergüenza él. Por codicioso, inmoral y saqueador. También por corruptor del sistema democrático de su propio país, al que ha sumido en el delirio, la persecución de inmigrantes, la neurastenia de la pureza identitaria y los nacionalismos más aberrantes. Sinvergüenza, payaso e irresponsable. Eso es Donald Trump: un patrocinador de sátrapas, da igual que estén en Irán, el Kremlin o Caracas.

Tras la salida de Maduro, la prioridad de Washington dejó de ser impulsar una transición democrática profunda en Venezuela para garantizar la continuidad de la producción petrolera y contener nuevos flujos migratorios. La ecuación, puesta en escena en esta foto, es indecente, vejatoria y lamentable: una dictadura sanguinaria se mantiene en pie con ayuda de una potencia extranjera gobernada por un presidente iliberal a quien, además, resulta evidente que le falta si no un tornillo, pues sí el juego entero de tuercas. Con esta actitud, Estados Unidos representada en ese sujeto desconoce la voluntad popular de una nación de la cual sólo desea su petróleo y da un paso adelante en la desestabilización política de una región asolada primero por los populismos de izquierdas y ahora por los de derechas.

La participación de Delcy Rodríguez en una Asamblea General de la ONU dispuesta a blanquear sus atrocidades, unida a su retrato haciendo el signo de la victoria junto al presidente de Estados Unidos, aporta una fotografía mayúscula de la miseria geopolítica que Trump encarna como patrocinador de un mundo moralmente averiado. El intento fallido de María Corina Machado de regresar al país, el séptimo según informa David Alandete (ojo avizor y escrutador de cuanto ocurre entre Washington y Caracas) deja muy clara una lucha desigual y agotadora de un país que intenta levantarse y mirar al futuro frente a otro que vive en una ruina económica, moral y política que fue útil al chavismo primero y a Donald Trump ahora.

Vergüenza, repudio y asco. Vaya forma de disponer y lucrarse de la desgracia de un pueblo vejado por todos cuantos han querido disponer de sus arcas: desde José Luis Rodríguez Zapatero, enriquecido de manera obscena y grotesca gracias a sus turbios negocios con la PDVSA de Maduro y sus delincuentes, hasta el hombre de pelo de estropajo al que ahora la mitad del planeta le ríe las gracias y la otra le aplaude las inmoralidades. Asco, vergüenza, repudio. Qué más puede quedar de toda esta basura sino un grueso y amargo esputo de dolor y rencor. Menuda foto. Vaya asco de estampa.

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