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La nueva ley de prensa de Cuba tendrá mucho de Goebbels y nada de Martí

La Ley de Comunicación Social se centrará en la promoción del 'pensamiento de Fidel Castro'.

Centro Fidel Castro Ruz, La Habana
Centro Fidel Castro Ruz, La Habana TWITTER/ CENTRO FIDEL CASTRO RUZ

 

«No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo».

«No te permito que digas eso, si vuelves a decirlo te meto en la cárcel, o te mando a fusilar».

La primera de estas dos frases es del célebre enciclopedista francés Voltaire (uno de los fundadores teóricos de la democracia liberal moderna, por su culto a la libertad individual) y sintetiza el concepto moderno de libertad de expresión y prensa.

La segunda de estas dos frases sintetiza el ucase que impuso Fidel Castro a los medios de comunicación cuando los intervino y se apropió de ellos. El incipiente dictador pasó a ser el propietario de los medios, incluyendo la televisión, de la cual hizo un uso político nunca antes visto en el mundo. Por la televisión tomaba graves decisiones políticas, como la destitución del presidente Manuel Urrutia, en julio de 1959.

Incumpliendo su promesa de que con la «revolución» se iba restablecer la libertad de prensa, Fidel de entrada ordenó que al final de los artículos periodísticos críticos del Gobierno revolucionario publicados en los medios privados se pusiera una «coletilla revolucionaria» que afirmaba que el artículo publicado o difundido por radio y TV, «no se ajusta a la verdad». Me acuerdo bien de aquellas coletillas.

Finalmente, Castro estatizó todos los medios de comunicación, en un país que era por entonces el que tenía más periódicos, revistas y aparatos de TV per cápita en Latinoamérica, por encima de muchos países desarrollados.

Posteriormente, en 1961, perfiló mejor su asfixia de la libertad de expresión con una frase que copió de Benito Mussolini: «Dentro de la revolución todo, contra la revolución, nada». Una burda adaptación de «Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado», como la formuló originalmente el dictador italiano, el «inventor» del fascismo.

Vale recordar que Castro I en su juventud fue un admirador de Mussolini, al punto de que recitaba fragmentos de discursos y escritos del dictador italiano (y también del líder falangista español Jose Antonio Primo de Rivera), según han contado su profesor en el Colegio de Belén, el sacerdote Armando Llorente, y su colega de estudios de entonces José Ignacio Rasco.

Refiero todo esto como antecedente, digamos que genético, de la verborrea propagandística que despliega actualmente el régimen en la Isla en torno a la Ley de Comunicación Socialque Raúl Castro se ha propuesto promulgar en los próximos meses.

Resulta que el principal vocero en esa campaña aberrante en favor de arreciar más la censura en Cuba es quien de oficio más debiera rechazarla y oponerse:  el presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), Ricardo Ronquillo.

Hace unos días Ronquillo habló maravillas de la fascista futura ley y citó el Artículo 3: «el sistema de comunicación social contribuye a alcanzar una sociedad más democrática (…) en correspondencia con los principios del desarrollo socialista (…) organizado y orientado por el PCC».

También se lee en el Artículo 29: «Los medios de comunicación social en el ámbito mediático y sus profesionales ejercen sus funciones en un ambiente de libertad creativa y discusión de ideas…».

Y como si fuera poco, la ley promoverá «el pensamiento de Fidel Castro». O sea, obligará a venerar al tirano que de hecho acabó con Cuba, al gobernante que más ha mentido y se ha burlado de su pueblo en toda la historia de América. El que más muerte, dolor, destrucción, atraso, pobreza, hambre, y desgracias, ha ocasionado a país alguno en el Nuevo Mundo desde que Rodrigo de Triana gritó «¡Tieerraa!»

«Gobernar es hacer creer» y «solo es verdad lo que me es útil»

Nicolás Maquiavelo sostenía que «gobernar es hacer creer», y el filósofo estadounidense William James, a principios de siglo XX afirmaba: «solo es verdad lo que me es útil».

Pues bien, la ley de prensa por promulgarse en Cuba se sustentará en esos «principios» morales, éticos y políticos citados. Y de que se cumplan, so pena de cárcel, se encargará el Instituto de Información y Comunicación Social (IICS), creado en agosto de 2021 precisamente para aplicar la Ley de Comunicación Social que ya corteja la UPEC.

¡Vergüenza! El gremio periodístico oficial cubano debiera avergonzarse de ser cómplice, como entidad colegiada de más de 2.000 periodistas, de una tiranía que viola el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión».

No solo eso, la dictadura castrista encima pisotea la regla de oro del periodismo cubano establecida por José Martí: «La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla».

La UPEC y el PCC hicieron trizas el principio formulado por el Héroe Nacional cubano. El colmo es que así lo reconoce el «presidente» Díaz-Canel, quien en 2021 hablando a un grupo de periodistas de la radio y la TV del régimen les ordenó: «La verdad tendrá que ser dicha del modo más inteligente y en el momento propicio, midiendo beneficios y costos».

En otras palabras, la «revolución socialista» se burla de nuestro Héroe Nacional, y le grita en su cara: la palabra jamás es para decir la verdad, sino para decir lo que nos conviene.

Lo que la UPEC debiera hacer es no arrastrarse ante la dictadura, y no solo oponerse a la Ley de Comunicación Social, sino organizar, ya, un homenaje a los periodistas independientes en la Isla, a los comunicadores legítimos, los que dicen la verdad y cumplen el principio martiano de la veracidad siempre por delante.

Tiene la obligación de entregarles el Premio Nacional de Periodismo José Martí a emblemáticas figuras de ese valeroso y honroso periodismo independiente, que se ejerce con integridad martiana, acosados por una dictadura que los encarcela, los apalea, los silencia, les confisca sus medios de trabajo y hasta los deporta.

Pero un naranjo no da mangos. Qué puede esperarse de la UPEC, que en la práctica es una sección más del Departamento Ideológico del Comité Central del PCC  que se encarga de que se cumpla la censura de prensa, que ningún periodista se salga del plato. Y que, entre col y col, organiza conferencias y eventos elogiosos de la tiranía, y contra el «bloqueo» y el imperialismo. Hasta hace poco daba derecho a vacaciones en la playa, o a comprar una guayabera, etc.

Por otra parte, la UPEC colabora directamente con las redes sociales y sitios oficiales de la dictadura dedicados a desinformar y a negar la espantosa realidad cubana.

No obstante, gústele o no a la elite político-militar del régimen y a Ronquillo, hoy ya a los medios en Cuba hay que subdividirlos en prensa oficial, y prensa independiente. La primera miente, la otra dice la verdad Enorme logro ese.

De la mano «mágica» de internet, las nuevas tecnologías, y muy en particular del coraje de los comunicadores independientes en la Isla, hoy los medios oficiales del régimen no engañan a nadie, o a muy pocos. La época del monopolio castrista total de los medios, se acabó.

Y son los periodistas independientes, expulsados de la UPEC o que son rechazados groseramente si solicitan su ingreso, los que preservan la honrosa tradición del periodismo cubano, el que ejercieron tantos próceres reprimidos y encarcelados por el colonialismo español, y luego brillantes periodistas durante la República de verdad, la «burguesa», que desgraciadamente solo duró 52 años, siete menos que lo que ha durado la plaga castrista destruyendo a Cuba.

Pero lo más significativo aquí es que, evidentemente, esta ley de prensa a proclamarse próximamente es fascistoide, o fascista completa. Y se sustentará en la máxima del difamador nazi Joseph Goebbels: «Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad».

 

 

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