Delcy Rodríguez y los escenarios posibles de la Cumbre Iberoamericana de Pedro Sánchez

La maldición de las cumbres iberoamericanas parece querer hacerse eterna. Su evolución es como la de las plantas, nació con fuerza, creció robusta, floreció, entusiasmó y comenzó a marchitarse sin remedio.
Los años dorados de Enrique Iglesias en la SEGIB son pasado y melancolía. El resto, decadencia sostenida con alfileres. Los vacíos y ausencias obligaron a hacer ediciones bianuales y aun así lograr un quorum representativo ha sido un objetivo histórico casi inalcanzable.
Las estrellas rutilantes de los foros inventados por España para toda la comunidad iberoamericana están bajo tierra. Los artistas principales, Fidel Castro y Hugo Chávez, no tuvieron sucesores con esa capacidad de protagonismo y poder de seducción.
El entusiasmo por los dictadores se apreciaba entre presidentes y jefes de Estado, pero también en no pocos de los enviados especiales –mayoría mujeres– que hacían de la tragedia de Cuba y Venezuela un episodio de folletín romántico. Bochorno para la profesión y anécdotas para sus nietos.
Durante los últimos años de vida del cubano, la duda sobre su asistencia a la Cumbre mantenía el interés por estar presente y verle, «antes de que no esté». Historia viva de los muertos que se llevó a la tumba «el comandante» era el centro de las cumbres. Chávez fue su sombra inflada de efímera existencia comparada con el jefe de esa estafa que se llamó revolución cubana. Y Nicolás Maduro, una caricatura ridícula de los dos.
Entre los sátrapas del Caribe asomaba de cuando en cuando la cabeza y la lengua de hiel de un personaje menor, pero igual de dañino: Daniel Ortega. El episodio de Santiago de Chile que hizo ricos a los vendedores de camisetas y de los ring tone con el «¡Por qué no te callas!» del rey Juan Carlos en 2007, ocultó la intervención descerebrada del nicaragüense y puso en evidencia la falta de reflejos e incapacidad de la por entonces presidenta y anfitriona del foro, Michelle Bachelet,la misma que hoy aspira a suceder a Antonio Guterres en la Secretaría General de la ONU.
El escándalo o la posibilidad de que Castro (Fidel) asistiera eran un gancho eficaz, pero este se diluyó con la muerte. Ahora España vuelve a ser sede de este foro de países donde todos, menos Brasil y Portugal, hablan en español. La oportunidad para enderezar y resucitar la Cumbre es extraordinaria, pero lo que veremos, probablemente, sea otra cosa.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, –y Rodríguez Zapatero– están empeñados en tener entre sus invitados de la Cumbre a Delcy Rodríguez. Su intento de que Bruselas le levantara las sanciones cayó en saco rato, pero continúa su obsesión por recibirla con alfombra roja de la mano del mismo aeropuerto de Barajas de donde tuvo que expulsarla entre gallos y medianoche. Tenía invitación formal y la reserva en el Viso de un chalet del «arrepentido» Víctor de Aldama que había encargado una cena con la presencia de medio Gobierno, pero no pudo ser.
¿Qué podemos esperar si, por diferentes atajos y «excepciones», Sánchez y Alvares logran mantener la invitación a la Cumbre a Delcy Rodríguez? La reciente visita de María Corina Machado mostró al mundo y a la Casa Blanca que la líder de la resistencia/oposición al régimen bolivariano sigue con su capacidad intacta de mover a las masas.
Revueltas en las calles
Los miles y miles de venezolanos que se congregaron para vitorear a la verdadera, y hoy por hoy, única referente sólida de la oposición, difícilmente dudarían en volver a echarse a las calles a protestar por la presencia de la exvicepresidenta de Maduro y actual «presidenta encargada» del régimen que tutela Marco Rubio con Donald Trump.
Tampoco esa izquierda trasnochada que insiste en defender el socialismo siglo XXI del palo y la bota sin zanahoria, parece que se quedaría cruzada de brazos. En ambos casos o en uno sólo, las calles serían un polvorín y la Cumbre un escándalo.
Este escenario podría completarse con la ausencia de otros jefes de Estado como repudio a compartir mesa y mantel con Delcy Rodríguez. Convencerles de que asistan a este foro es una labor titánica en una situación normal y en esta, quizás, aún más.
Más ausencias
La región está dando un giro por no hablar de volantazo a la derecha y a la izquierda apenas quedan Claudia Sheinbaum en México, Luiz Inacio Lula Da Silva en Brasil y el lugar de Gustavo Petro (Colombia) en noviembre, que es cuando se celebra la Cumbre, ya estará ocupado por otro.
La disputa electoral está prevista el 31 de este mes de mayo entre su delfín, el senador Iván Cepeda, la candidata que aspira a unificar a la derecha, Paloma Valencia y Abelardo de Espriella, con matices, equivalente a VOX.
Es decir, el mapa de las democracias iberoamericanas al otro lado del Atlántico –Nicaragua es una dictadura–, con la excepción del Uruguay de Yamandú Orsi es, con mayor o menor intensidad, claramente azul.
Javier Milei (Argentina), José Antonio Kast (Chile), Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay), José Raúl Mulino (Panamá), Rodrigo Paz (Bolivia) o Nayib Bukele, por citar algunos de los más representativos, no parece que estén entusiasmados con la idea de pasear con «Miss Delcy» por Madrid y el plantón, si se produce, supondría un revés doloroso para España. El problema es que, en cierto modo, sería en el rostro del Rey Felipe VI.
El influjo de Trump
Hay otra posibilidad. Dada la afinidad y buena relación de los mencionados con el presidente Donald Trump, –interesado en normalizar la Presidencia de Rodríguez–, quizás su decisión sea justo la contraria. Esto es, asistir a la Cumbre, lo que significaría su reconocimiento implícito del actual régimen venezolano, pero aprovechar la misma para sacudir a fondo a la «presidenta encargada» y convertir esta XXX edición en un circo, algo que tampoco hablaría bien de España.
Hay, quizás, una última y conveniente opción, que Delcy Rodríguez se ponga oportunamente enferma y no pueda volar a España o directamente, mande a un segundo que no sea su polémico hermano Jorge. En cualquier escenario la salida a este laberinto de problemas creados en Moncloa no parece que vaya a ser buena, se atraviese la puerta que sea.
Originalmente publicado en el diario El Debate de España
