Elizabeth Sánchez Vegas: La vara con que mides
Las fotos que la Embajada del Presidente Trump publica sin rubor desde Caracas
Señor Presidente Trump, permítase un ejercicio de imaginación que no debería costarle mucho: amanece usted con la noticia de que cualquier venezolano de conducta intachable, cualquier demócrata sin mácula que su propia administración haya recibido, elogiado o defendido públicamente, ha sido fotografiado sonriendo junto a un convicto americano, algún narcotraficante federal, algún lavador de dinero con sentencia firme, algún condenado por tráfico de menores, declarando públicamente que la reunión fue «productiva» y que ambos trabajan juntos en proyectos de futuro. ¿Cómo lo tomaría? ¿Qué diría Fox News? ¿Cuántos minutos tardaría su administración en exigir explicaciones?
Ahora aterrice esa imagen en Venezuela, porque es exactamente lo que ocurre, con nombres y apellidos, día tras día, semana tras semana.
Jacqueline Faría, a quien investigadores y analistas señalan como responsable de haber desviado cerca de mil doscientos millones de dólares del erario venezolano, se sienta con el encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos para hablar de «cooperación energética«. La reunión, según el comunicado oficial, fue «productiva». Productiva. La misma palabra que usan los burócratas cuando no quieren decir nada, pero necesitan parecer que hacen algo.
Esta no es una anécdota aislada. Es un patrón. Los representantes de Washington en Caracas acumulan fotografías junto a funcionarios del régimen que Washington mismo tiene en listas de sanciones, que sus propios fiscales persiguen por narcotráfico, corrupción y violaciones a los derechos humanos. Diosdado Cabello, a quien el propio Departamento de Justicia de su gobierno vincula con el Cartel de los Soles y el tráfico internacional de drogas, figura en ese inventario de encuentros tolerados. Como figuran ministros cuyas redes han sido documentadas por agencias federales en casos que van desde el narcotráfico hasta el tráfico de personas, incluyendo menores. Hombres y mujeres que en cualquier ciudad estadounidense serían recibidos por el FBI, no por un diplomático con agenda de trabajo.
La pregunta no es retórica, señor Presidente: si la justicia funciona en su país y usted insiste, con razón, en que debe funcionar, ¿por qué sus representantes en el exterior normalizan, legitiman y fotografían a quienes en su propio territorio serían objeto de una orden de arresto? ¿Qué mensaje recibe el venezolano honesto cuando ve que el país que proclama defender su libertad desayuna con sus carceleros?
Usted sabe mejor que nadie el peso de una imagen. Y las imágenes que desde Caracas comparte y difunde la propia Embajada americana, recogidas después por los medios internacionales, valen lamentablemente más de lo que cualquier discurso sobre democracia puede desmentir. El venezolano que sufre bajo ese régimen lo ve. El mundo también. Y ninguno lo olvida.
Foto: imagen recreada con inteligencia artificial basada en la original.
