Los errores de Trump en Ormuz
El presidente cambia la escalada militar por la asfixia económica de Irán, pero obliga al mundo a pagar el coste de su estrategia
Los mercados empiezan a asumir una realidad que Donald Trump se resiste a reconocer: la paz en el Golfo Pérsico no llegará pronto y sus consecuencias económicas pueden agravarse durante las próximas semanas. El petróleo ha vuelto a subir, mientras las rentabilidades de la deuda pública alcanzan máximos de muchos años en Estados Unidos y varias economías europeas. El bono norteamericano a 30 años, un elemento clave de las carteras de renta fija a nivel mundial, está en su nivel más elevado desde 2007. Los inversores descuentan ya el riesgo de que la energía cara prolongue la inflación y obligue a mantener elevados los tipos de interés. Este es el resultado del fracaso de una estrategia cuya responsabilidad corresponde en primer término a Trump. Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra contra Irán a finales de febrero. Casi seis meses después, ha expirado sin resultados el plazo de sesenta días del memorándum firmado el 17 de junio. Ormuz continúa prácticamente cerrado y las conversaciones destinadas a limitar el programa nuclear iraní ni siquiera llegaron a comenzar. El presidente prometió una resolución rápida y se encuentra ahora ante un conflicto de desgaste sin salida inmediata.
Trump parece haber comprendido al menos una de las lecciones que la realidad le ha brindado estos meses: que emplear más fuerza militar no garantiza mejores resultados frente a Irán. Washington llegó a considerar en dos ocasiones una ofensiva de mayor envergadura y renunció a ella ante las advertencias de sus aliados regionales y la preocupación por el desgaste de unas reservas de munición necesarias también para otros escenarios estratégicos. Además, hay un problema de fondo: Estados Unidos consume ciertas municiones críticas a un ritmo superior al de su reposición.
La Casa Blanca ha optado por trasladar la presión del terreno militar al económico. Estados Unidos ha restablecido el bloqueo de los puertos iraníes y retirado las exenciones a las sanciones petroleras; Teherán responde utilizando Ormuz para estrangular el tráfico energético internacional. Se ha abierto así una prueba de resistencia: Washington confía en que la deteriorada economía iraní ceda primero; Teherán apuesta por que Trump no soporte el impacto de la gasolina cara, la inflación y el malestar económico cuando se aproximan las elecciones legislativas de noviembre.
El problema es que este pulso no lo pagan solamente los contendientes. El cierre de una vía por la que habitualmente transita alrededor de una quinta parte del petróleo transportado por mar convierte la estrategia de desgaste en una amenaza para la economía mundial. El encarecimiento de la energía alimenta la inflación, dificulta la reducción de los tipos y agrava el coste de financiación de unos Estados ya muy endeudados. Los movimientos de los mercados de deuda muestran que este riesgo ha dejado de ser hipotético.
En estas circunstancias, las amenazas de Trump contra Omán son particularmente irresponsables. Mascate, aliado tradicional de Estados Unidos y mediador con Teherán, negocia con Irán un mecanismo para ordenar el tránsito por Ormuz. Amenazar con bombardear precisamente a quien puede contribuir a reabrir el Estrecho revela la contradicción entre la moderación militar que Trump dice practicar y una retórica que deteriora todavía más su credibilidad.
La gira de Jared Kushner por Egipto e Israel demuestra que la propia Administración sabe que las guerras terminan mediante una combinación de presión y negociación. Trump provocó esta guerra prometiendo resultados que no ha obtenido. Ahora ha descubierto los límites de la fuerza y pretende que la asfixia económica haga el trabajo que las armas no consiguieron. Puede acabar doblegando a Irán, pero también puede condenar al mundo a meses de energía cara e incertidumbre. Después de seis meses de promesas incumplidas, la credibilidad del presidente para asegurar que el desenlace está próximo se encuentra bajo mínimos.
