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Una Bitácora Cubana (XXXIV)

 

La Reforma Constitucional es el Tema del Momento de la realidad cubana dentro y fuera de Cuba. El tema es una iniciativa del gobierno cubano en la que por primera vez en 59 años el gobierno pide al exilio/diáspora su opinión. También se esta pidiendo la opinión de los ciudadanos dentro de Cuba en asambleas locales donde se discuten los trabajos realizados por una comisión presidida por Raúl Castro, y luego refrendados por la Asamblea Nacional. Pero este tema, como todos los temas es una moneda de dos caras: fondo y forma, política y estrategia. En esta Bitácora XXXIV vamos a tocar ambas.

FONDO/POLITICA: Ya en bitácoras anteriores hemos publicado diversos e interesantes análisis al respecto, pero ¿cuál es la dinámica de estas reuniones al nivel más micro? Reinaldo Escobar, en 14 y medio nos cuenta cómo fue la reunión que se realizara en el edificio donde reside, en La Habana. De la nota, titulada “Mi asamblea del debate constitucional”, extraemos estos párrafos:

Me estuve preparando para esta discusión con la energía y la disciplina de un atleta de alto rendimiento que pretende romper algún récord deportivo. Llegué a los bajos de mi edificio cinco minutos antes de las ocho de la noche, la hora acordada para celebrar la reunión destinada a debatir el proyecto de reforma constitucional.

A esa hora solo estaban los militantes del partido. Tuve la extraña sensación de ser el hombre invisible. (…)

La persona designada para dirigir la reunión fue un hombre de apenas 25 años que, con una impecable dicción y una voz firme, leyó las casi 1.500 palabras de la introducción del proyecto. Entonces pasamos a desglosar en grupos los 675 párrafos del texto.

En la mesa donde se anotaban las propuestas había un equipo de lujo: un alto funcionario del Comité Central del Partido, casualmente vecino del piso 12, y su hija Lisi, a quien le he perdido la pista después que dejó de ser la presidente de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) en el preuniversitario donde estudiaba mi hijo.

Ella fue la primera en intervenir para solicitar que se restituyera un párrafo del preámbulo de la Constitución del 76 donde se menciona “el objetivo final de edificar la sociedad comunista”.

El conductor de la reunión preguntó si había algo que comentar sobre el Capítulo 1, denominado Principios Fundamentales de la Nación, justamente el tema sobre el que yo llevaba un par de “ponencias”. Así que alcé la mano para pedir la palabra.

A partir de ahí leí mi opinión sobre el artículo 3, en el que se califica a la patria de socialista y que reintroduce el concepto de irrevocabilidad del sistema socialista. También propuse eliminar de cuajo el artículo 5, que proclama el papel del Partido como “fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. (…)

El joven que dirigía la reunión, con mejores dotes de locutor que de polemista hizo un leve amago de respuesta donde decía algo así como que el socialismo era imprescindible para el futuro del país. El funcionario del piso 12 hizo una larga exposición para convencer al auditorio de que gracias al socialismo nuestros hijos tienen escuelas y cualquiera puede operarse en un hospital sin que le pregunten cuánto gana o qué cargo ocupa en el Gobierno. Le siguió un alto oficial de las Fuerzas Armadas que, en una emotiva alocución, recordó que el socialismo se había hecho con la sangre de los héroes en la Sierra Maestra, en Girón y otras batallas y que, por respeto a los muertos, el sistema tendría que ser irrevocable. Otros llovieron sobre mojado citando a Fidel Castro, a Raúl y hasta a Miguel Díaz-Canel. (…)

Una joven madre que no se tomó el trabajo de leerse el proyecto de reforma aprovechó la ocasión para quejarse de que no había podido conseguir una silla de ruedas cuando su hijo de 10 años sufrió una fractura y no podía llevarlo a la escuela. Una desesperada asalariada preguntó cuándo se iba a hablar allí de lo poco que gana la gente trabajadora. (…)

Hay una forma complaciente de disentir del actual proyecto de reforma constitucional. Los dos ejemplos los protagonizó el barítono, que dijo estar en contra de la idea que las personas que ocupen altos cargos nada más puedan gobernar por solo dos mandatos y que tampoco le parecía bien el límite de 65 años para ser presidente de la República. Más adelante propuso que al polémico artículo 68, que abre la posibilidad del matrimonio igualitario, habría que agregarle la prohibición explícita de que esas personas pudieran adoptar un menor de edad.

Esa fue la ocasión en que Antonio, un cubano recién repatriado después de vivir un largo tiempo en el extranjero, le exigió una explicación de los motivos de su propuesta. “Yo soy homosexual –dijo- y me sobran condiciones morales para educar a un niño”.

El debate estuvo a punto de naufragar en los meandros de un careo entre el barítono y el repatriado, hasta que el joven conductor de la asamblea cerró el asunto con una salomónica frase: “Aquí cada cual puede decir su opinión si le parece apropiado decirla”. (…)

A continuación dejo los argumentos que leí en voz alta para rebatir el artículo 3.

Propongo reformular el artículo 3 del proyecto constitucional para que quede de la siguiente forma:

ARTÍCULO 3. La defensa de la patria es el más grande honor y el deber supremo de cada cubano.

La traición a la patria es el más grave de los crímenes, quien la comete está sujeto a las más severas sanciones.

Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquier agresión externa que amenace la soberanía de la nación.

FUNDAMENTACIÓN

La propuesta va encaminada a eliminar las alusiones al sistema político fundado en una ideología.

La patria no necesita apellidos políticos porque es de todos, de los que creen en el socialismo y de quienes no creen en él; de quienes lo defienden como opción y de quienes quieren cambiarlo por otro modelo. Esta es nuestra patria mucho antes de que se proclamara en Cuba el socialismo.

Cuando se le añade el calificativo de socialista a la patria se infiere que no estar de acuerdo con ese sistema y ejercer el derecho de sustituirlo por otro puede ser considerado un acto de traición a “la patria socialista” y, en consecuencia, un patriota cubano puede estar sujeto a “las más severas sanciones” solo por pretender modificar el sistema.

Esta propuesta implica también retirar lo referido a “la irrevocabilidad del socialismo” y para ello acudo a los siguientes cuatro argumentos:

El primer argumento:

Establecer la irrevocabilidad del sistema entra en contradicción con el artículo 16, del capítulo referido a las Relaciones Internacionales, donde se enuncia que el derecho a la libre determinación de los pueblos se expresa “en la libertad de elegir su sistema político, económico, social y cultural”, lo que implica la posibilidad de cambiar en cualquier momento, por voluntad popular, el sistema que esté vigente.

No podemos reconocer al resto de los pueblos del mundo un derecho que nos estamos negando a nosotros mismos.

El segundo argumento:

La actual generación de cubanos no tiene derecho a impedir a las próximas generaciones la posibilidad de vivir bajo otro tipo de sistema, que seguramente será infinitamente mejor que el que nosotros podemos hoy imaginar.

El tercer argumento:

Ni siquiera en el glosario que acompaña al folleto impreso del proyecto se define con claridad cuál es ese socialismo que resulta irrevocable (…)

El cuarto argumento, que puede ser mejor defendido por los militantes comunistas, se apoya en lo siguiente:

No conformes con haber eliminado el término comunismo de esta reforma de la Constitución, los redactores del proyecto llegan al extremo de prohibirlo constitucionalmente, al declarar al socialismo como irrevocable.

En cualquier curso básico de marxismo leninismo se aprende que el socialismo es una transición al comunismo y que de hecho al eliminarse el Estado, en ese estadio superior que es el comunismo, se revoca la dictadura del proletariado, esencia indiscutible del socialismo. Declarar la irrevocabilidad del socialismo para siempre constituye una renuncia explícita a la meta final, aunque en declaraciones públicas ajenas al texto constitucional se diga lo contrario. (…)

 

Una vez más, Escobar muestra las contradicciones de todo tipo, incluso dentro de su propio sistema ideológico, que la actual reforma lleva en sus artículos. Podría decirse que el texto está compuesto de tres grandes partes, en lo que se refiere a las intenciones finales del mismo:

a)   El articulado que se deja igual a como estaba en la constitución previa;

b)   El articulado que se introduce para desviar la atención de los fundamental, como es el caso de la mención del matrimonio como “la unión entre dos personas”, sin mencionar su sexo, que los defensores del matrimonio gay han celebrado; o la mención de la propiedad privada como otra forma de mención a la propiedad privada en el artículo 21;

c)    El articulado que se cambia, pero para que todo siga igual, como la tan mencionada y contradictoria (como demuestra Escobar), eliminación del término “comunismo”.

Y esto último es así sobre todo donde la nueva Constitución muestra menos cambios fundamentales, en el ámbito político, en el cual se mantiene el “carácter socialista del sistema político y social” bajo el mando del Partido Comunista de Cuba (único legal) como “fuerza dirigente superior”.


Elías Amor Bravo

 

Mientras, siempre en el tema de la reforma constitucional, en una nota publicada en su blog Cubaeconomía (“Miedo al pluralismo político”), Elías Amor Bravo destaca que “atribuir un poder monopólico a una organización partidista significa reconocer miedo al pluralismo democrático”; y luego se pregunta ¿Por qué tal miedo?

Explicaciones absurdas y reduccionistas abundan:

 

“No hace muchos días, Granma dedicó un artículo propagandístico a describir lo que consideran el escenario de múltiples partidos anterior a 1959, concluyendo que aquella experiencia resultó en un fracaso. En el imaginario de Granma, portavoz comunista, los males atribuidos a Cuba durante aquellos años se debieron, en buena medida, al sistema de partidos que había surgido tras la independencia. Borrón y cuenta nueva. Así de fácil”.

O manipulaciones de nuestra historia, como bien denuncia y destaca Amor Bravo:

“Otras colaboraciones del mismo estilo han dispuesto situar una línea de relación histórica entre el Partido revolucionario cubano y el comunista, como si los padres de la nación no admitieran que junto a aquella opción política existían otras que competían por el voto en las primeras elecciones celebradas en la República. Identificar al Partido martiano con el comunista es un insulto a la historia de Cuba y a la inteligencia de las gentes, porque nada tienen que ver uno con otro, como tampoco son iguales las situaciones históricas”.

 

Al final todo se resume en un dogma central del marxismo histórico, en sus diversas expresiones y vetas europeas, africanas, asiáticas o latinoamericanas: el rechazo a la competencia electoral.

“Ello es así porque reconoce que su apoyo popular es marginal, residual, y que en un contexto de elecciones libres y democráticas, con la participación de todos los partidos, la organización que sustenta el poder autoritario se vendría abajo, igual que ha ocurrido en otros procesos políticos similares.

El problema con esta ofuscación hacia el sistema democrático plural es que en Cuba, con la constitución en proceso de cambio, no se observa un proceso de transición ni nada parecido. No existe un intento, por parte del régimen, de establecer las bases de un gran pacto social que permita a Cuba alcanzar el estatus de democracia moderna, respetuosa del ejercicio pleno de los derechos humanos. Al actuar de ese modo, el régimen provoca asimetrías perjudiciales que a la larga van a resultar negativas para su propia consolidación”. (…)

La imagen de unidad, el pensamiento único, el “todo en la revolución y nada fuera de ella”, los primeros de mayo masivos, etc., son demostraciones propagandísticas huecas, que no reflejan la verdadera realidad de una sociedad que permanece ajena a todas esas tropelías, porque desde hace décadas se ha descolgado del régimen.

La fijación del partido comunista como el único autorizado en el país podría incluso entenderse como un simulacro de pacto entre los poderes que realmente sostienen al régimen: la seguridad del estado, el ejército y los propios comunistas.

A los dos primeros, se les entrega de manera directa el poder económico monopólico del estado, en tanto que a los comunistas se les deja la dirección política, orientados esta vez hacia un “socialismo democrático” que nadie consigue entender qué significa. (…)

Justo en el momento en que existían las mejores condiciones para alcanzar ese pacto cívico con todos los cubanos, y poner punto final a la historia de 60 años de desaciertos y fracasos, el enroque comunista no permite hacer buenos presagios”.

Siempre en el tan debatido asunto de la inclusión de la propiedad privada en el texto, Dimas Castellanos, en Diario de Cuba (“La propiedad privada y la de todo el pueblo”) hace un interesante análisis comparativo con las constituciones de 1940 y de 1976:

En el artículo ‘La economía en la letra de la carta Magna y la voz del pueblo’, publicado en Granma el pasado martes 28 de agosto, su autor cita a un profesor de Derecho Constitucional que expresa: “La Carta Magna que se propone es adelantada, moderna, supera a todas las que ha tenido el país”. 

Tal afirmación tiene que demostrarse. Y la forma más sencilla de hacerlo es comparar la nueva propuesta de Carta Magna con los textos constitucionales de 1940 y 1976 en materia de economía y propiedad, que son pilares del desarrollo:

La de 1940 reza: “El Estado cubano reconoce la existencia y legitimidad de la propiedad privada en su más amplio concepto de función social y sin más limitaciones que aquellas que por motivos de necesidad pública o interés social establezca la Ley”.

La de 1976 dice: “En la República de Cuba rige el sistema de economía basado en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción”.

Mientras, en el actual proyecto de Constitución se repite el enunciado de 1976, al que se añade: “como forma de propiedad principal”. Se incorpora además entre las restantes formas de propiedad, a la “privada”.

Entonces, si lo de “adelantada” se refiere a la reincorporación de la propiedad privada, ausente en 1976, la afirmación es válida, pero resulta falsa respecto a la de 1940, donde la propiedad está definida en su “más amplio concepto de función social”. Por tanto, la “superioridad respecto a todas las que ha tenido el país”, carece de fundamento.

En cambio, si a lo que se refiere dicha afirmación es al impacto en el desarrollo económico, tenemos que el actual proyecto —precisamente por encontrarse en la etapa de concepción— no es comparable. Las que sí se pueden comparar son las que ya rigieron: la de 1976 y la de 1940.

La de 1976 resultó una falacia. No se puede ser dueño de algo sin tener derecho a decidir sobre ese algo. El pueblo cubano ni es dueño ni decide nada sobre una propiedad exclusiva del Estado, disfrazada con el eufemismo de “propiedad socialista de todo el pueblo”, cuyo efecto ha sido matar el interés por los resultados productivos, estancar la economía y hacerla retroceder: la producción azucarera descendió de 7,2 millones de toneladas en 1952 a 1,1 millón en el año 2010, y todavía no ha podido llegar a los dos millones de toneladas. La producción cafetalera se redujo de 60.000 toneladas en 1960 a 6.000 en 2011 (diez veces menos), lo que obliga al país a gastar casi 50 millones de dólares para importar lo que se puede producir en Cuba.

La Constitución de 1940 coadyuvó al crecimiento de una clase media emprendedora, permitió recuperar las dos terceras partes de los centrales azucareros que estaban en manos extranjeras, creó instituciones como el Banco Nacional y el Banco de Fomento Agrícola e Industrial, impulsó la industrialización y ubicó a Cuba en tercer lugar en cuanto a estándar de vida en la región de América Latina y el Caribe. (…)

La propiedad privada ha pasado las pruebas de la geografía y del tiempo, mientras la propiedad socialista de todo el pueblo ha fracasado en todas las épocas y lugares, incluyendo países como China y Vietnam, que se vieron obligados a introducir la economía de mercado y la propiedad privada para el desarrollo económico y social.

La frase “adelantada, moderna y que supera a todas las que ha tenido el país“, referida a la propuesta de reforma de la Constitución, resulta bonita, pero sin respaldo en los hechos.

 

Y, como también se sabe, la realidad y los hechos son meras situaciones listas a ser manipulables por un régimen que solo busca permanecer en el poder a costa de lo que sea. El tema es que, así como el “régimen de partido único” desea permanecer alejado de los verdaderos intereses de la sociedad cubana, los ciudadanos cada día se alejan más del régimen y de sus postulados.

FORMA/ESTRATEGIA: ¿Cuáles son las razones estratégicas que han inspirado al gobierno a traer el tema de la Reforma Constitucional en el 2018? ¿Cuál debe de ser la respuesta estratégica de la oposición?. Como verdaderos opositores debemos partir de la base de que debemos evitar caer en la trampa de encasillarnos y enfrentarnos perdiendo la perspectiva de quién es el verdadero enemigo. Es sobre esta base que debemos de enfocarnos en que el 24 de Febrero del 2019 habrá un referéndum para legitimar o rechazar la Reforma Constitucional. A nuestro juicio el referéndum es el momento para que el pueblo de Cuba masivamente diga NO, al igual que el pueblo Chileno dijo NO y cayó Pinochet. No debemos caer en la trampa de dividirnos antes del momento clave: el referéndum del 24 de Febrero del 2019 donde podremos dar un rotundo NO que será escuchado por todo el mundo.

Marcelino Miyares, Miami, 23 de septiembre de 2018

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