Nelson Chitty La Roche: ¿Dentro de la constitución o fuera de la constitución?

“La experiencia no es lo que te sucede; es lo que haces con lo que te sucede”. Aldous Huxley
Se cumplieron seis meses de la ausencia de Nicolas Maduro, luego de la “extracción” del pasado 3 de enero. No se trata simplemente de otra hoja del calendario; marca un punto de inflexión cuyo alcance y significado dependerá de la dinámica “ex post” que el evento conozca, me refiero, a la secuencia y a las reacciones institucionales, constitucionales, políticas, sociales al respecto.
La ciudadanía venezolana está no obstante aún sumida en la tragedia que provocó el furioso dueto sísmico. El dolor, la tristeza y una ira macerada que lo intoxica, pueblan su corazón y parte de su conciencia. Rebosa la hoguera de su crisis de madera seca y crepita. No fija entonces su atención en otra cosa y va con dificultad metabolizando las gravosas consecuencias que siguieron al cataclismo, miles de muertos y decenas de miles de familias completas damnificadas, ruina, desastre y se advierte, cómo surge un contencioso pleno de agravios hacia el gobierno y las fuerzas armadas y policiales, provocado y potenciado por el grosero fallo en la respuesta de las autoridades ante la calamidad sobrevenida.
Reacciona pues la nación visceral ante todos, y ello no ha permitido todavía que se detenga a analizar el otro percance en el que estamos inmersos que, por cierto, es complejo y sobre todo inoportuno, de difícil abordaje, racionalización, deliberación y decisión. El mero desconocimiento de la obligación legislativa (AN) de declarar el pasado 3 de julio la ausencia absoluta del que ocupaba la presidencia, aunque, usurpando y más allá de su ilegitimidad, nos traslada a un deletéreo escenario. Nos quedamos sin Estado constitucional y sin justicia, en medio de una facticidad desnuda, como diría Habermas, o de una tiranía del aparato público, pseudo institucional, como pienso mencionaría Locke.
En efecto, si estamos fuera de la constitución, los actos que realicen los poderes públicos raptados por los hechos y la fuerza no son válidos sino arbitrarios e ilegales. El poder fáctico coloniza entonces las formas coactivamente pero no así, el fondo normativo legítimo. Las acciones del poder, fuera de la constitución, son abusivas, son nulas. Paralelamente, desde la perspectiva del iusnaturalismo y del constitucionalismo moderno, los ciudadanos no están obligados a obedecer mandatos nacidos de la pura fuerza y el abuso de poder.
La situación es peligrosa. La ilegitimidad que arrastra el organismo heredero madurista se traduce en franca ilegalidad. La Fuerza Armada nacional sabe o debería saber que vive la hora del más completo desprestigio. Se le sabe asociada al régimen, corrompida e ineficiente. El rol que ha jugado la Fanb, tardío y sospechoso, con motivo de la catástrofe, muestra que sigue umbilicalmente unida al chavomadurismo y no simbolizan nada ante el deber de asegurar la defensa de la institucionalidad y peor aún de la soberanía nacional.
¿Y el Estado? ¿Cuál Estado? ¿El estadopsuv? Menoscabado por la ideologización sistémica que resultó de inficionar todas las instituciones con la pretensión de la totalización del personalismo chavista y del diseño ceresoliano de ejército, caudillo y pueblo, es hoy deriva fantasmagórica. Sin hipérbole puede afirmarse que jamás en nuestra historia estuvo más amenazado que ahora. Lo poco que hay de Estado lo despoja el gobierno de hecho y un nuevo actor, el tutor norteamericano.
¿Y la política? En la naturaleza del conflicto obra la política y quizás quepa añadir y viceversa, pero, no vemos que se está dialogando o acaso se trata de un ejercicio monológico o sesgado deliberadamente por el hegemón norteamericano que, por cierto, parece creer que las ventas de petróleo de Venezuela son su botín de guerra. El país no se escucha y/o no quiere escuchar o no lo dejan tampoco. No se está haciendo política.
De otro lado, no es Dinorah Figuera ella, únicamente, suficientemente representativa, para encabezar una mesa de discusión sobre los asuntos sensibles a una transición que me temo quieren postergar, pero, la verdad que resalta es que no apetecen Trump y el MAGA abrir más espacio. Esta circunstancia puede explicarse, pero cada día menos se justifica y, empieza a soliviantar el ánimo nacional hasta ahora discreto.
¿Entonces? Se lee por otra parte que Trump no comparte la idea de un proceso electoral cercano y debo decir que me angustia pensar que su solo interés sea extraer de Venezuela petróleo y demás bienes y recursos, actuando de esa manera para así mantener su sociedad con Delcy, la ilegítima, la ilegal, la colaboradora el mayor tiempo posible al mando a nombre de una penosa y precaria estabilidad. Piensa tal vez el empresario y su clan que la mansedumbre venezolana se lo permitirá. ¡Quiera Dios me equivoque!
Nelson Chitty La Roche, @nchittylaroche, nchittylaroche@gmail.com
