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Otra farsa en la Moncloa

El Gobierno ha vivido la crisis de Ceuta entre la hibernación de Pedro Sánchez y el encadenamiento de mentiras

 

El ministro del Interior durante su comparecencia en la Moncloa

El ministro del Interior durante su comparecencia en la Moncloa. (ABC)

 

 

En pocas horas se pudo comprobar que la «reacción» extraordinaria del Gobierno a la crisis provocada por la agresión marroquí a la soberanía española, quedó convertida en un escaparate de mendacidades y fracasos. Desde el momento en que, de forma pública y sin matices, los ministros responsables de la seguridad interior y exterior de España –el de Interior y la de Defensa– se desmienten recíprocamente –y uno miente– sobre la actividad de los servicios de inteligencia, se acabó el debate: este Gobierno es un conjunto de incapaces para asumir la responsabilidad de dirigir el país. Y hoy es el día en que los españoles no saben si el CNI alertó o no de la invasión del día 31 de julio.

Sin embargo, la responsabilidad política de Fernando Grande-Marlaska y de Margarita Robles no acaba en sus ya impuntuales dimisiones, sino que escala al principal responsable, que es Pedro Sánchez. La Moncloa había creado una trampa de ruido y confusión, con una salida en tromba que diera a Sánchez la iniciativa y el control de los acontecimientos. Pero la realidad ya no admite versiones falsarias. El Gobierno ha vivido la crisis de Ceuta entre la hibernación de Pedro Sánchez y el encadenamiento de mentiras. Mintió cuando dijo que habían vuelto a Marruecos todos los que entraron o que todos los que violaron la frontera volverían a Marruecos. Ha mentido con las cifras de asaltantes, de retornados, de menores abandonados. Mintió al dar por zanjada la crisis a los dos días del asalto, por lo que había que dar las gracias a Marruecos. Ha mentido al declarar que el Estado tenía medios suficientes en Ceuta para enderezar la situación. Ha mentido a Europa, a cuyas normas de 2024 sobre el pacto europeo de migración y asilo se acogió ayer el Consejo de Ministros deprisa y corriendo. Habrá que analizar con detalle en qué consistirán esas reformas porque la capacidad de este Gobierno de empeorarlo todo está acreditada. En todo caso, el procedimiento legislativo, si no es urgente, demorará tanto la aprobación de las reformas que quizá ni se produzca por la disolución del Parlamento en 2027.

Y, sobre todo, mintió el mismo 31 de julio pasado cuando su ministro de Interior rechazó aplicar la ley de seguridad nacional porque no estaba prevista para crisis migratorias y porque los medios entonces existentes eran suficientes. Toda la gestión de la crisis por el Gobierno de Sánchez ha sido una recolección de bulos para dibujar esa normalidad que el presidente necesitaba para irse de vacaciones. Pero, como en el célebre cuento, al despertarse Sánchez, Ceuta seguía allí. Y ayer, casi un mes después de decir que no era necesario, Sánchez reunió al Consejo de Seguridad de Nacional, declaró la situación de interés de seguridad nacional y su Consejo de Ministros aprobó un real decreto que corta y pega las competencias ordinarias de determinados ministerios como recursos para gestionar la crisis y nombra como autoridad única al ministro Víctor Torres, sin credencial alguna en la coordinación eficaz de administraciones públicas.

Solo Pedro Sánchez, como presidente del Gobierno, podía declarar la situación de interés para la seguridad nacional y convocar al Consejo de Seguridad Nacional. Y solo lo ha hecho al término de sus vacaciones, en un inconcebible acto de desprecio a la sociedad ceutí y a la española. Y lo ha hecho cuando la iniciativa que ha tomado ya no es para la prevención de nuevos asaltos o para la solución de la crisis en Ceuta, sino para gestionar el fracaso absoluto y sistémico de su Gobierno, sintetizado ayer en el grotesco enfrentamiento entre los ministros de Interior y de Defensa. La dejación de funciones en la que ha incurrido Pedro Sánchez es ilegal y debería de responder por ello, porque la ley de seguridad nacional prevé que la situación de interés general debe declararse por la urgencia y gravedad de las medidas que hay que adoptar. Urgentes y graves eran esas medidas desde el mismo día 31 de julio pasado. Esta decisión de Sánchez demuestra que los recursos ordinarios del Estado estaban superados desde aquella fatídica fecha, pero su desprecio por la realidad y su sentido autocrático del poder la ha retrasado un mes. Se entiendo fácilmente que, pese a ser responsable de la política de seguridad nacional, Sánchez no diera ayer la cara en una rueda de prensa.

 

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