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Pedro Sánchez vuelve a decir las mismas dos mentiras indignantes

El mundo entero está a merced de una nueva plaga cuyo alcance real todavía está por ver; y ni mucho menos está claro que las vacunas contra la covid sean efectivas

 

Hay una mentira que tarde o temprano estallará en la cara de quienes mil veces la han pronunciado durante los últimos meses. Es la que sugiere que los países están preparados para hacer frente a la pandemia de covid-19. Esta patraña suele acompañarse de otra especulación que es muy grave, pues implica jugar con las esperanzas de los ciudadanos, que ven estos días cómo sus proyectos de vida se marchan por el sumidero sin que puedan hacer nada por evitarlo. Esa falacia también la ha pronunciado Pedro Sánchez en su discurso de este domingo, cuando ha afirmado que las vacunas ayudarán a superar “de forma definitiva” esta crisis sanitaria.

La realidad es bien distinta, pues el mundo entero está a merced de una nueva plaga cuyo alcance real todavía está por ver; y ni mucho menos está claro que las vacunas sean efectivas contra la covid-19. Para cerciorarse de esto, basta leer los testimonios de veterinarios que han trabajado durante décadas con coronavirus sin conseguir la inmunidad efectiva. Por esta razón, países como Japón han comenzado a planificar el futuro con una lógica que la mayoría de los estados europeos han negado hasta ahora, y es la que defiende que la vida nunca volverá a ser igual y debemos acostumbrarnos a convivir con este siniestro patógeno.

 

Los españoles merecen saber la verdad para proyectar su futuro sobre un escenario verosímil y Pedro Sánchez se la ha vuelto a ocultar

Los españoles merecen saber la verdad para proyectar su futuro sobre un escenario verosímil y Pedro Sánchez se la ha vuelto a ocultar. Porque no es cierto que las vacunas que surjan en los próximos años -salvo milagro- vayan a acabar con este virus, como tampoco lo es que España -textual- “cuente con las capacidades necesarias para hacer frente a la segunda ola”. Puede haber más mascarillas en los almacenes, pero hay decenas de motivos que invitan a pensar lo contrario.

Porque, a día de hoy, una buena parte de los ciudadanos tiene imposible siquiera hablar con su médico de familia en este momento, mientras que a otros muchos les han paralizado tratamientos o retrasado operaciones. Las urgencias médicas están colapsadas de enfermos de covid, no hay rastreadores suficientes y las PCR se realizan en algunas comunidades autónomas con varios días de retraso, lo que impide contener la pandemia. La cual, por cierto, lleva descontrolada desde agosto en algunas comunidades autónomas. Entonces, el presidente y sus ministros estaban de vacaciones.

Moral de victoria

Pedro Sánchez ha apelado a la «moral de victoria» cuatro veces durante su discurso, pero debería saber que sin hechos es difícil levantar la moral; y, sin moral, la angustia se dispara. Convendría tener claro que en los próximos meses serán miles las empresas y las familias que lo perderán todo. También que habrá una parte de los ciudadanos que se expondrá, debilitada, a los efectos sobre la salud mental del confinamiento parcial. Que podría extenderse hasta el 9 de mayo y que transcurrirá entre las sombras invernales, con menos luz y más frío.

Antes de ocultar la verdad de una forma tan obscena, los representantes políticos deberían tomar plena consciencia de que la paciencia de la población pende de un hilo, pues los españoles viven los meses más desconcertantes de sus vidas y todo a su alrededor ha comenzado a tambalearse de una forma preocupante. No es sólo la sensación de ver morir o sufrir la propia muerte, sino también la de arruinarse y tener hambre. Y la de haberse resignado a desperdiciar un tiempo indeterminado de sus vidas.

Nos esperan varios meses umbríos y complejos; con un estado de alarma que amenaza con ser muy extenso y una vida que ha quedado en suspenso

Dado que el mundo, tal y como lo conocimos, parece venirse abajo por momentos, habrá que aplicarse aquello de ese personaje de La peste, de Albert Camus, que para tener una mayor sensación de aprovechamiento del tiempo, lo dilataba lo máximo posible haciendo cosas insufribles, como aguardar en una sala de espera, oír conferencias en una lengua que no conocía o, simplemente, hacer cola.

Nos esperan varios meses umbríos y complejos; con un nuevo estado de alarma que amenaza con ser muy extenso y una vida que ha quedado en suspenso. Habrá que aplicar alguna técnica de ese tipo para no tener la sensación de pérdida de control de la propia existencia. Pensar diferente quizá sea engañarse; y asumir como ciertas las falacias presidenciales, lo mismo.

Aunque la propaganda oficial se empeñe en vender falsas esperanzas, todavía no hay luz al final del túnel, por lo que, de momento, toca apretar los dientes, asumir el sufrimiento que viene y desconfiar de los que venden vacunas y toques de queda como remedios mágicos. No lo son ni lo serán.

 

 

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