Ramón Peña / En pocas palabras: El olvidado Líbano

En medio de la conflagración que agita el Oriente Próximo, El Líbano sirve de teatro, o víctima propiciatoria, de los contendores Israel/USA e Irán. Desde el 28 de febrero, 2.200 libaneses han muerto y 1.2 millones han sido desplazados de sus hogares. De su capital Beirut, alguna vez bautizada como la París del Medio Oriente, resta hoy una urbe diezmada y semi abandonada.
En su origen, la desgracia libanesa es confesional, de guerras religiosas múltiples. Hace 80 años, en un intento de pacificación, el país se repartió en cuotas por religión. Más tarde, en 1993, el poder político se fraccionó en un curioso acuerdo: el Presidente sería un cristiano maronita, el Primer Ministro un musulmán suní y el Presidente del Parlamento un musulmán chiita. El resultado, un sistema de feudos de clientelismo, corrupción e inviable función pública.
El Líbano ha vivido sucesivos periodos de vacío de poder, de caos y enfrentamientos sangrientos entre los distintos credos. Viene a la memoria la atroz matanza en los campamentos de Sabra y Shatila, durante la guerra civil de 1982, cuando miles de refugiados palestinos fueron masacrados a sangre fría por la acción cómplice de una falange cristiana maronita y fuerzas hebreas invasoras.
En los últimos años descuella la poderosa milicia islámica chiita Hezbolá, fuerza política con un poder militar superior al del propio ejército libanés. Es la cabecera de puente de Irán contra Israel en su frontera norte y motivo de bombardeos brutales e indiscriminados de Israel sobre suelo libanés.
El Líbano presenta una de las situaciones políticas más complejas del mundo, víctima histórica de enfrentamientos religiosos, tablero donde se libra el conflicto entre sus dos países vecinos y hundido en un contexto de crisis económica sin precedente, como lo ilustra su moneda devaluada en 98%. Prácticamente un Estado fallido, a la deriva y sin gobierno con poderes plenos.
Lamentable la suerte del pueblo libanés, cuna de numerosas religiones, pero olvidado por el amparo divino.