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Raymond Chandler: «A mis mejores amigos no los he visto nunca» (II)

Al pana Ricardo Bada, «Chandlerólogo» donde los haya.

A continuación la segunda parte de una selección de la correspondencia y los escritos en prensa de Raymond Chandler. Si te la perdiste, o quieres volver a ver la primera parte, lo puedes hacer haciendo clic AQUÍ.

Le doy las gracias a algunos buenos amigos que me señalaron algunos errores y olvidos que paso a enmendar:

  1. ANDREA CAMILLERI sale de la lista de los escritores «actuales», habiendo fallecido hace poco;
  2. Olvidé incluir nada menos que al belga GEORGES SIMENON; a COLIN DEXTER (creador del detective de Oxford «MORSE»); al cubano LEONARDO PADURA y su detective MARIO CONDE; al escocés PHILIP KERR, padre del detective alemán Bernhard «Bernie» Gunther; y a los suecos STIEG LARSSON (quien nos diera ese personaje inolvidable, LISBETH SALANDER, exitosamente llevada al cine por tres grandes actrices: Noomi Rapace, Rooney Mara y Claire Foy), y LIZA MARKLUND.

Ahora sí, directo a la segunda parte:

RAYMOND CHANDLER: «A mis mejores amigos no los he visto nunca». Cartas y ensayos selectos. Debolsillo, Barcelona, 2013.

Leemos en la contratapa:

«A mis mejores amigos no los he visto nunca recoge una amplísima selección de la correspondencia y la obra periodística de Raymond Chandler, y constituye como tal un volumen inédito. Aquí se desvelan sus reflexiones literarias, que se caracterizan por un gran sentido del humor, los secretos de su personalidad siempre al borde del abismo, su intuición artística, su curiosidad intelectual y su tormentosa relación con Hollywood. La primera parte del libro es una antología de sus cartas a amigos, editores, agentes y colegas que se lee como una fascinante biografía. La segunda parte consiste en una decena de artículos escritos para la prensa -varios nunca antes traducidos- , que retratan su cambiante visión del mundo a lo largo de los años».

ESTA SEGUNDA SELECCIÓN DE CITAS DE LA  CORRESPONDENCIA INCLUIDA EN EL LIBRO DE CHANDLER, VA DESDE 1949 A 1959 (RAYMOND CHANDLER FALLECE EN LA JOLLA, CALIFORNIA, EL 26 DE MARZO DE 1959). AVISO QUE HABRÁ UNA TERCERA – Y ÚLTIMA – PARTE, SOBRE CITAS DE SUS ENSAYOS SELECTOS:

 

«Soy estrictamente del tipo de los que se quedan al fondo, y mi carácter es una mezcla no llevadera de indiferencia exterior y arrogancia interior».

(A Jamie Hamilton, 24 de enero de 1949).

«Hay un fuerte elemento de fantasía en la novela policíaca; lo hay en cualquier clase de escrito que se mueva dentro de una fórmula aceptada. El material del escritor de novelas policíacas es el melodrama, que es una exageración de la violencia y el miedo más allá de lo que se experimenta normalmente en la vida».

(A Bernice Baumgarten, el 11 de marzo de 1949).

«Siempre estoy viendo pequeños artículos de escritores que dicen que no esperan  a que venga la inspiración; se sientan ante sus pequeños escritorios todas las mañanas a la ocho, llueva o haga sol, o tengan resaca o un brazo entablillado, y cumplen con su pequeña tarea. Por más que tengan la mente en blanco, o el ingenio embotado, no admiten jueguecitos con la inspiración. Les presento mi admiración y y tomo la precaución de evitar sus libros».

«Soy un esnob intelectual que tiene cariño por el lenguaje coloquial estadounidense, en gran medida porque me educaron en el latín y el griego. Tuve que aprender el estadounidense como una lengua extranjera…el uso literario del argot es un estudio en sí mismo. He descubierto que hay solo dos clases de argot que sirven: el que se ha afirmado en el idioma, y el que se inventa uno». 

(A Alex Barris, 18 de marzo de 1949).

En respuesta a la publicación en episodios de La hermana menor en la revista Cosmopolitan:

«La bastardeada anécdota que aparece bajo mi nombre en el último número de Cosmopolitan (que sus ganancias sean las más grandes en la historia), contiene palabras y frases que yo no escribí, diálogos que no pronunciaría, y lagunas que son comparables a la amnesia durante la luna de miel. Es el cadáver de un libro, al que le ha hecho la autopsia un ladrón de cementerios borracho y lo ha vuelto a coser un marinero con delirium tremens».

(A la editorial Houghton Mifflin, 11 de abril de 1949)

«Shakespeare habría triunfado en cualquier generación, porque se habría negado a morir en un rincón; habría tomado los falsos dioses y los habría vuelto a hacer, habría tomado las fórmulas corrientes y las habría obligado a hacer algo que hombres menores habrían pensado que eran incapaces de hacer. Si viviera hoy, indudablemente habría escrito películas, teatro y Dios sabe qué. En lugar de decir «este medio no es bueno», lo habría usado y lo habría hecho bueno».

(A Jamie Hamilton, 22 de abril de 1949). 

«La novela policíaca no es ni será nunca una «novela sobre un detective». El detective entra solo como catalizador».

(A James Sandoe, 12 de mayo de 1949).

«¿Quiero ser un gran escritor? ¿Quiero ganar el Premio Nobel? No si es demasiado trabajo. Qué diablos, les dan el Premio Nobel a demasiados mediocres para que me interese. Además, tendría que ir a Suecia y ponerme un frac y pronunciar un discurso. ¿El Premio Nobel vale todo eso? Diablos, no.

(A Jamie Hamilton, 17 de junio de 1949).

«…La mente cerrada es el peor enemigo de la libertad. Los intelectuales, fantásticos como son a veces, parecen ser la única clase de gente en la que podemos confiar para un perpetuo desafío por lo que pasa por la verdad».

(A James Sandoe, 20 de septiembre de 1949). 

«Siempre he pensado que uno de los encantos de tratar con editores es que si uno empieza a hablar de dinero, ellos se retiran fríamente a su eminencia profesional, y si uno empieza a hablar de literatura, de inmediato empiezan a agitar el signo del dólar». 

(A Marcel Duhamel, 28 de septiembre de 1949).

«Por supuesto, los abogados siempre se apoyan entre sí porque saben que si no se juntaran los ahorcarían por separado».

(A Ray Stark, 28 de agosto de 1950).

Sobre Jean Paul Sartre:

«Cielos, a ese tipo le vendría bien una buena podada. Escribe de modo soberbio a veces, pero nunca sabe cuándo detenerse. Es igual que la mayoría de esos condenados rusos».

(A Jamie Hamilton, 28 de septiembre de 1950).

«El guionista sabio es el que usa su segundo mejor traje, artísticamente hablando, y no se toma las cosas muy a pecho. Debe tener un toque de cinismo, pero solo un toque. El cínico absoluto es tan inútil para Hollywood como para sí mismo».

(A Jamie Hamilton, 10 de noviembre de 1950).

«He visto muchas de las películas para televisión hechas a partir de sus cuentos y, admirable como es el material, no puedo evitar un sentimiento de insatisfacción por el modo en que son presentados. (…) Para empezar, la actuación no es lo bastante natural. (…) Lo peor para mí es que los actores, en lugar de interpretar la historia y darle vida, parecen interponerse entra la historia y el público. Su presencia física es abrumadora. Su más ligero movimiento distrae el ojo. Pienso que la buena actuación se parece mucho al estilo en una novela. No habría que tenerlo demasiado presente en la conciencia. Su efecto debería ser periférico más que central».

(A Somerset Maugham, 5 de enero de 1951). 

«Un sistema legal que no puede condenar a Al Capone por otra cosa que por evadir el pago de impuestos tiende a volver cínica a la policía».

(A James Sandoe, 10 de enero de 1951). 

La revista británica Picture Post había enviado a Edgar Carter algunas preguntas sobre Chandler.

«La Picture Post está destinada a la gente que mueve los labios cuando lee. (…) Las preguntas que me hacen me parece que indican el nivel intelectual del departamento editorial de la Picture Post. Sí, soy exactamente como los personajes de mis libros. Soy muy duro y es un hecho comprobado que he aplastado un dulce con las manos. Soy muy apuesto, tengo un físico poderoso y me cambio la camisa regularmente todos los domingos a la mañana. Cuando descanso entre dos misiones vivo en un chateau francés junto a la autopista de Mullholand. Es un edificio bastante pequeño de cuarenta y ocho dormitorios y cincuenta y nueve baños. Como en platos de oro y prefiero que me sirvan bailarinas desnudas. (…) Tengo amigos en todos los peldaños de la vida. Algunos son muy cultos y algunos hablan como Darryl Zanuck. Tengo catorce teléfonos en mi escritorio, incluyendo líneas directas con Nueva York, Londres, París, Roma y Santa Rosa.(…) Soy un gran fumador y según mi estado de ánimo fumo tabaco, marihuana, barba de mazorca u hojas de té secas. Hago mucha investigación, especialmente en el departamento de rubias altas. En mi tiempo libre colecciono elefantes».

(A Edgar Carter, 5 de febrero de 1951).

«Muy amable de su parte por interesarse en datos sobre la vida de Philip Marlowe. La fecha de su nacimiento es incierta. (…) No nació en una ciudad del Medio Oeste sino en un pueblo de California llamado Santa Rosa, que, como verá en el mapa, queda unos ochenta kilómetros al norte de San Francisco. (…) Santa Rosa es el escenario de la película de Hitchcock «Shadow of a doubt» (La Sombra de una duda), allí se rodó la mayor parte. Estuvo un par de años en la universidad, no sé si en la universidad de Oregón en Eugene, o en la estatal de Oregón, en Corvallis. (…) Parece haber tenido alguna experiencia como investigador de una compañía de seguros y después como investigador del fiscal de distrito del condado de Los Angeles. (…) Mide poco más de un metro ochenta y pesa alrededor de 75 kilos.(…) No creo que parezca duro. Puede ser duro. Si yo hubiera tenido la oportunidad de elegir el actor de cine que mejor podría representarlo, según mi imagen mental de él, creo que habría elegido a Cary Grant. (…) No creo que prefiera el whisky de centeno al bourbon. Puede beber prácticamente cualquier cosa que no sea dulce. (…) Sí, hace buen café. Cualquiera puede hacer buen café en este país, aunque parezca casi imposible en Inglaterra. Al café le pone crema y azúcar, no leche. Se prepara el desayuno, que es simple, pero no las otras comidas. Se levanta tarde por inclinación, pero en ocasiones se levanta temprano por necesidad. (…)

Yo no diría que el conocimiento que tiene Marlowe de perfumes se termine en el Chanel No. 5. (…) Por supuesto, sabe lo que es La Sorbona y también sabe dónde está. Por supuesto que sabe cuál es la diferencia entre un tango y una rumba, y también entre una conga y una samba, y entre una samba y un mambo (…) 

Puede ser admirador de Orson Welles. Es posible, especialmente cuando a Orson lo dirige otro. Los gustos de lectura y música de Marlowe son tan misteriosos para mí como para usted. (…) No tiene y nunca ha tenido, secretaria. (…)

El problema es que en realidad usted parece saber más sobre Philip Marlowe que yo, y quizá yo tendría que hacerle las preguntas a usted, en lugar de usted a mí». 

(A D. J. Ibberson, un admirador inglés, 19 de abril de 1951).

«El momento adecuado de elogiar a un escritor es después de que su libro se haya publicado, y el lugar adecuado es alguna otra publicación».

(A Charles Morton, julio de 1951).

«Parece como si tuviéramos superpoblación de psicólogos hoy en día, pero supongo que es natural, dado que su jerga, cansina como me resulta, parece tener la misma atracción para las mentes confusas que tenían las sutilezas teológicas para la gente en épocas pasadas». 

(Al señor Inglis, un admirador, octubre de 1951)

«Me pregunta cómo se puede sobrevivir en Hollywood. Bueno, personalmente, debo decirle que yo me divertí mucho allí. Pero cuánto pueda uno sobrevivir depende en gran medida de la clase de gente con la que tenga que trabajar. Hay muchos hijos de perra, pero por lo general tienen algún detalle que los salva. Un guionista que pueda hacer equipo con un director o un productor que le dé un trato honesto, un trato realmente honesto, puede obtener mucha satisfacción de su trabajo. (…) Las mejores escenas que escribí eran prácticamente monosilábicas. Y la mejor escena corta que escribí, según mi propio juicio, fue una en que una chica decía «ajá» tres veces con tres entonaciones diferentes, y eso era todo».

(A Dale Warren, 7 de noviembre de 1951).

«Considero la psiquiatría 50 por ciento cháchara, 30 por ciento fraude, 10 por cierto ignorancia, y el restante 10 por cierto jerga a la moda para decir lo mismo que ha venido diciendo el sentido común durante cientos y quizá miles de años».

(A Paul McClung, 11 de diciembre de 1951).  

«Hablando de agentes, cuando abrí el diario una mañana de la semana pasada vi que al fin había sucedido: alguien mató a uno de un tiro. Probablemente fue por los motivos equivocados, pero al menos es un paso en la dirección correcta». 

(A Charles Morton, 17 de diciembre de 1951).

«El negocio del cine puede ser cansado a veces, pero no creo que trabajar para la General Motors sea puro deleite».

(A S. J. Perelman, 9 de enero de 1952).

«Uno escribe en un estilo que ha sido imitado, hasta plagiado, al punto que uno empieza a parecer un imitador de sus imitadores. Así que uno tiene que ir donde ellos no puedan seguirlo». 

(A Bernice Baumgarten, 14 de mayo de 1952)

«Hoy es un domingo inglés, y lo bastante sombrío para un cruce de la Estigia. Yo creía que Inglaterra estaba en quiebra, pero la ciudad está atestada de Rolls Royces, Bentley, Daimler y rubias caras». (…)

«En Inglaterra soy un escritor. En Estados Unidos soy solo un autor de novelas policíacas.» 

(A Paul Brooks, 28 de septiembre de 1952).

«El detective privado de ficción es pura fantasía, y así debe ser. En California, el detective privado tiene licencia para investigar y para nada más. La licencia se la otorga la misma autoridad que otorga licencias para salones de belleza». 

(A James Sandoe, 4 de febrero de 1953).

«Últimamente me descubren hablando solo con frecuencia. Dicen que no es tan grave, mientras uno no se responda. Yo no solo me respondo, sino que discuto  y me enojo». 

(A James M. Fox, 19 de mayo de 1954).

«Hoy nadie lo pasa bien salvo los delincuentes y los millonarios petroleros (puede haber cierta diferencia entre esas dos categorías, pero yo trabajé en el negocio petrolero durante casi diez años y puedo asegurar que la diferencia es muy imperceptible»). 

( A Jamie Hamilton, 15 de julio de 1954).

 

El 12 de diciembre de 1954 murió Cissy. Además de ser su esposa, había sido la única amistad íntima de Chandler durante treinta años. Siguieron dos meses de resignado estupor, hasta el 22 de febrero de 1955, cuando un intento de suicidio marcó el comienzo del derrumbe. A partir de entonces Chandler pasó el resto de su vida, casi sin interrupciones, en un estado de errática ebriedad y desesperación nerviosa.

 

«Ella fue todo lo que usted dice y más. Fue el latido de mi corazón durante treinta años. Fue la música oída apenas en el  borde del sonido. Mi gran pesar, ahora inútil, es no haber escrito nunca nada realmente digno de su atención, ningún libro que pudiera dedicarle». 

(A Leonard Russell, 29 de diciembre de 1954). 

«Durante treinta años, diez meses y dos días fue la luz de mi vida, mi única ambición. Todo lo demás que hice fue para alimentar el fuego en el que ella pudiera calentarse las manos». 

(A Jamie Hamilton, 5 de enero de 1955). 

«No podría haber mayor error que creer que nosotros y los ingleses hablamos la misma lengua».

(A Neil Morgan, amigo de La Jolla, 3 de junio de 1955).

«Tengo tres excentricidades. Nadie puede pagar una copa en mi mesa en ningún bar; ningún invitado mío puede mirar un menú; no pago, ni siquiera firmo un cheque, delante de un invitado, ni, salvo en casos especiales (tengo un amigo que es diabético), les pregunto qué quieren comer. Todo estará arreglado de antemano, y si el invitado es una dama habrá un menú especial manuscrito». 

( A Louise Loughner, 19 de junio de 1955).  

«He aquí unos pocos consejos sólidos [sobre el matrimonio]: 

  1. Átela en corto y nunca le permita pensar que ella lo está llevando a usted.
  2. Si el café es malo, no lo diga. Limítese a tirarlo al suelo.
  3. No deje que cambie la disposición de los muebles más de una vez al año.
  4. No abra una cuenta conjunta en el banco, salvo que sea ella la que ponga el dinero.
  5. En caso de pelea, recuerde que siempre es culpa de usted.
  6. No la deje acercarse a anticuarios.
  7. Nunca elogie demasiado a sus amigas.
  8. Sobre todo nunca olvide que un matrimonio es en cierto modo muy parecido a un diario. Hay que hace uno nuevo cada maldito día de cada maldito año». 

(A Neil Morgan, 18 de noviembre de 1955). 

«Al final, el director [del sanatorio de Las Encinas, en Pasadena] me dijo: Usted cree estar deprimido, pero no es así. Usted es una personalidad plenamente integrada y yo jamás trataría de interferir con ella por medio del psicoanálisis o nada por el estilo. Lo único que le pasa a usted es la soledad. Simplemente no puede,  y no debe, vivir solo. Si lo hace, invariablemente beberá, y eso lo enfermará. No me importa si vive con una mujer, o con veinte, mientras viva con alguien. En mi opinión, eso es imperativo». 

Creo que fue condenadamente inteligente al descuartizarme con semejante finura». 

(A Jessica Tyndale, 20 de agosto de 1956).

«Yo siempre le abría la puerta del coche y la ayudaba a subir. Nunca le permitía cargar cosas mías. Yo siempre cargaba las cosas de ella. Nunca entré o salí por una puerta antes que ella. Nunca entré en su dormitorio sin llamar a la puerta. Supongo que son cosas pequeñas, como mandarle flores siempre, y hacerle siempre siete regalos para su cumpleaños, y siempre tomar champán en nuestros aniversarios. Son pequeñeces, en cierto modo, pero las mujeres tienen que ser tratadas con gran ternura y consideración, porque son mujeres». 

(A Deirdre Gartell, 20 de marzo de 1957).

«Hay un viejo cuento sobre los estadounidenses que, bien entendido, nos dice mucho. En un cruce de caminos había dos carteles. Uno decía: «A un concierto de música de Bach». El otro decía: «A una conferencia sobre la música de Bach». Adivine qué camino tomaban los estadounidenses». 

(A Bernice Evans, 18 de enero de 1958).

«Bastaría con barrer a los abogados para barrer con la mafia, pero los colegios de abogados no tienen ningún interés». 

(A Helga Greene, 1 de octubre de 1958). 

 

 

 

 

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