Ricardo Dudda: Que coman pasteles
«En el fondo, lo que el Gobierno quiere es ideologizar la crisis, polarizar, convertir algo tan sensato como el apoyo a Ceuta en algo de ultraderechistas»

Ilustración generada mediante IA.
Se ha escrito ya mucho esta semana sobre la displicente respuesta del presidente del Gobierno a una pregunta de una periodista sobre Ceuta, pero es importante insistir en su gravedad. «Eso a Vivas [el presidente de Ceuta], pregúntele». Como estamos ya insensibilizados, nos parece una salida de tono más. Pero es la confirmación de un desprecio cada vez más intolerable. Y es también la constatación de que el Gobierno no tiene estrategia. Cuando el otro día Eduardo Madina señaló esto en la radio («Decirlo me duele en el corazón, no hay ni un paso del Gobierno que se entienda»), el ministro-matón Óscar Puente le respondió con una pequeña dosis de la brillantísima estrategia comunicativa del Gobierno: «Lo que te duele todavía es el baño que te dio Pedro. El rencor es un veneno que te tomas tú, creyendo que vas a matar al otro. Pero el otro está vivito y coleando y es presidente del Gobierno. Y tú andas de tertuliano exhibiendo tu rencor cada mañana. ¡Para lo que has quedado!». Hay mensajes de Trump con menos resentimiento.
En realidad, el Gobierno sí que tiene un plan, aunque le esté saliendo fatal. Su objetivo es convertir a Juan Jesús Vivas, el presidente de Ceuta, en un nuevo Carlos Mazón. Pero los españoles piensan, comprensiblemente, que tiene más responsabilidad en una crisis fronteriza el presidente del Gobierno que el presidente de la ciudad que la sufre, que claramente es incapaz de gestionarla por su cuenta. La insistencia del Gobierno en apelar, cada vez que hay una crisis, a las competencias de las autonomías, a la descentralización y al protocolo no es más que una fantasía escapista y una estrategia siniestra para escurrir el bulto. Es lo que pasó durante la dana. Mientras la gente moría ahogada o perdía sus casas y negocios y coches, el Gobierno discutía sobre quién era el que realmente tenía que intervenir y se escudaba diciendo que para poder ofrecer su ayuda primero se la tenían que pedir. La única y verdadera competencia del Gobierno es el reparto de culpas. El Estado de las autonomías como gran excusa para evitar la fiscalización y la rendición de cuentas.
También acusan a Vivas de anteponer los intereses del PP a los de Ceuta. Lo que quiere decir eso es que los intereses de Ceuta van en contra de los intereses del PSOE (que no tiene ninguna estrategia comunicativa útil para desviar la atención del asunto). Es algo común en el Gobierno: acusa al adversario de lo que tú mismo haces. Porque, en el fondo, lo que el Gobierno quiere es ideologizar la crisis, polarizar, convertir algo tan sensato como el apoyo a Ceuta en algo de ultraderechistas. Una parte de la izquierda le sigue el juego porque se mueve sobre todo por apariencias y estética: en las manifestaciones en apoyo a Ceuta había demasiadas banderas de España, así que no hace falta saber más para posicionarse. Y, bueno, no ayudan mucho actitudes como la trasnochada del exdiputado de Ciudadanos Marcos de Quinto, que viajó a Ceuta con su camisa abierta para tomarse un vinito y un jamoncito en apoyo a Ceuta.
Mientras, en Ceuta viven una crisis humanitaria que solo los ideólogos ven desde una sola perspectiva. Murieron unas 140 personas intentando tener una vida mejor y otros miles siguen en la ciudad en condiciones infrahumanas; al mismo tiempo, los ceutíes están muertos de miedo e intentan volver a la normalidad ante el desprecio de su propio Gobierno. Si no pueden solucionar ellos mismos el problema, pues que coman pasteles.
