Rufián, tengo una pregunta para ti

(Ilustración: Gabriel Sanz)
Rufián se pregunta en su ‘Tour por las migajas’, con Irene Montero de telonera pedigüeña, por qué un currela de Mercadona vota lo mismo que su patrón. Yo me pregunto por qué no. La pregunta revela mucho más que las posibles respuestas, sesudas o peregrinas, que uno se pueda plantear. Lo que el líder ‘in pectore’ de los restos de naufragio de la izquierda plantea en realidad es que un currito jamás puede votar a derechas, que un trabajador tiene que ser por fuerza abonado a la izquierda, que el voto no es ideológico sino de billetera. Para estos iluminados el dinero en el banco determina no a quién se vota, sino a quién se debe votar.
Llevado hasta el extremo el planteamiento vital de los rufianes, resulta lógico inferir que la supervivencia de la izquierda depende de la peor subsistencia del votante. Es decir, cuanto peor le vaya al currito de Mercadona, mejor para quienes aspiran a apoltronarse gracias a su voto. Es sabido que resulta mucho más sencillo hacer caer la economía que reflotarla, que la prosperidad siempre es más efímera que la pobreza y que celebrar el subsidio es la antesala de la miseria.
Como en su día le espeté a Zapatero, sigo manteniendo que es infinitamente más fácil ser de izquierdas que de derechas. El primero vive de sueños; el segundo, de objetivos. Para el mal despertar de los primeros no hace falta más que culpar, por ejemplo, a Juan Roig o a Amancio Ortega. El segundo, en cambio, lo tiene más crudo: tener objetivos que cumplir obliga a tabularlos, medirlos, mostrarlos y tasarlos. Ahí es donde la cosa se complica, porque porfiar por la paz global, el fin de las guerras y el hambre en el mundo lo hacemos todos; para lograr un mínimo avance en ese sentido ya no valemos tantos.
Por eso, cuando Rufián se hace esa pregunta tan de corte de Instagram o X, que es para lo que realmente vale el protolíder carismático que quiere independizarse de España y, a la vez, liderarla, lo que a uno le viene a la memoria es que Zapatero no supo en aquel encuentro fugaz con este juntaletras contestar a la siguiente pregunta: ¿por qué la izquierda siempre aspira a que cada vez menos tengan que mantener a más, en vez de que cada vez más tengan que mantener a menos? Eso, que en realidad implica aspirar a la verdadera prosperidad, a un progreso no prostituido, es lo que no le viene bien a Rufián y su escudera Montero, preocupada por sus habichuelas. Para ellos nuestra miseria es su fortuna.
Por eso, sospecho que el currito de Roig tiene la respuesta que no quiere oír toda esta purria que aspira a vivir de él: «Rufián, chato, porque quiero algo mejor que un cuenco de arroz o una paguita del Estado. Me gusta pensar que yo os mantengo a vosotros y no al revés».
