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María José Solano: Los 27 del Palace

Hay hoteles que hospedan viajeros y hoteles que conservan fantasmas. Me gusta el Palace porque pertenece a los segundos

María José Solano: «Me interesan los héroes complejos, los héroes mediterráneos» - Zenda

MARÍA JOSÉ SOLANO

El pasado viernes se presentó la programación con la que el Ayuntamiento de Madrid quiere conmemorar la memoria de la Generación del 27. Un centenario con más de cien actividades en casi todos los campos artísticos. Había algo profundamente simbólico en el lugar elegido. Porque el Palace de Madrid ha sido siempre algo más que un hotel. Fue uno de los escenarios donde Madrid aprendió a parecerse a una capital europea: un territorio donde se mezclaban escritores, diplomáticos, actrices, políticos, periodistas y noctámbulos elegantes. Aún hoy resulta fácil imaginar a Lorca atravesando el hall con traje claro y ansiedad granadina; a Cernuda junto a una lámpara art déco, contemplando el mundo con melancólico desprecio, o a Edgar Neville organizando alguna cena imposible entre humoristas, aristócratas arruinados y mujeres sin sombrero peligrosamente inteligentes. Hay hoteles que hospedan viajeros y hoteles que conservan fantasmas. Me gusta el Palace porque pertenece a los segundos.

 

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Lo anunciado abarca nuevas producciones teatrales, ciclos cinematográficos sobre Buñuel y los humoristas del 27; rescates culturales destinados a reconstruir no sólo una obra, sino una atmósfera.

También ha llamado la atención el tono elegido para la campaña: menos académico y más orientado a presentar la Generación del 27 como una forma de vivir Madrid. No sólo un grupo de poetas, sino un ecosistema cultural donde convivían cafés, tertulias, periódicos, cine, vanguardia, política, exilio y madrugada. Y quizá ahí esté lo más interesante. Porque el homenaje no se limita a los nombres inevitables –Lorca, Alberti, Salinas– sino que intenta incluir (en aquella famosa fotografía de los poetas en el Ateneo sevillano) a las figuras desplazadas hacia los márgenes, como María Teresa León, Luisa Carnés o Victorina Durán. En el fondo, la presentación dejó la sensación de algo más ambicioso que una simple efeméride: el intento de reconstruir sentimentalmente un Madrid brillante, elegante y contradictorio que tal vez sólo exista en nuestra imaginación vieja ya de un siglo. Y que precisamente por eso, sigue fascinándonos tanto.

 

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