Sadio Garavini di Turno: El acuerdo y la transición

Todos los expertos serios admiten que para Venezuela un acuerdo petrolero con los EEUU es algo positivo y necesario para recuperar la desastrada economía del país. Sin embargo, el rol de Alejandro Betancourt, empresario de discutida y discutible reputación, en uno de los acuerdos, ha sido recibida con suma molestia y preocupación. Se sabe que, desde 2019, a través de Mauricio Claver-Carone, Betancourt se relacionó con la administración Trump, entre otras cosas, demostrando su apoyo al gobierno interino de Guaidó. Ahora bien, admitiendo el “mal olor” que produce su presencia, el control de NABEP está en manos de un directorio de mayoría norteamericana. La enorme cantidad de recursos necesarios para la explotación de los 17 pozos implicará mucho tiempo y la presencia de múltiples inversionistas. Betancourt podría ser sólo una pequeña “ave de paso”. Pero, sobre todo, hay que subrayar que NABEP es sólo una de las compañías que han firmado acuerdos o han anunciado su interés en invertir en Venezuela. Ya han firmado Chevron, ENI, Repsol, Continental Resources, Heeney Capital, Maurel & Prom, Total y VE Gernova, en el tema eléctrico. Empresas que han manifestado interés o se encuentran en negociaciones: Exxon, Petrobras, Reliance Industries y Nayara Energy, además de diversas firmas de servicios petroleros e infraestructura. Lo relevante es que el proceso de recuperación económica del país está dando sus primeros pasos. Desafortunadamente, sus efectos positivos tardarán en hacerse sentir en la población más afectada por la tragedia socioeconómica de estos 27 años. Para estos sectores, la situación percibida puede empeorar, antes de mejorar. Lo cual hace todavía más tenso el ambiente sociopolítico que rodea la ya compleja transición.
Los EEUU han decidido que la transición política se maneje a través de la negociación entre el gobierno interino y la Asamblea Nacional del 2015. Dinorah Figuera ha expresado públicamente que el liderazgo de la oposición democrática pertenece a María Corina Machado y que su función será la de gerenciar el proceso de negociación para lograr un árbitro electoral (CNE) creíble, un Tribunal Supremo respetable, la libertad de todos los presos políticos, el retorno de los exiliados políticos, la restauración de la libertad de expresión y finalmente un proceso electoral transparente, donde todos los candidatos puedan postularse libremente. Ya se han dado algunos pasos relevantes en ese camino, pero lentos e insuficientes. Hay que tomar en cuenta que se ha desatado un importante enfrentamiento interno en el chavismo entre el “rodrigato”, que parece dispuesto, con garantías institucionalizadas de sobrevivencia personal y política, a aceptar las reglas básicas del juego democrático y el chavismo duro, contrario a cualquier apertura, desgraciadamente, todavía muy presente en las Fuerzas Armadas, la policía y los “colectivos”. Este enfrentamiento explica, en buena parte, la escasez de presos políticos militares liberados y la encarcelación, seguida por una pronta liberación, de políticos de oposición, recién regresados al país. Es bueno recordar que en Sudáfrica De Klerk tuvo que neutralizar al sector duro, liderizado por el ex primer ministro Botha, antes de avanzar en el acuerdo de transición con Mandela.
El proceso de transición es relativamente largo, con obstáculos serios, pero es irreversible, primero por razones geopolíticas, dado el retorno de la Doctrina Monroe, con corolario Trump, cualquiera sea el candidato presidencial republicano en el 2028 (Vance o Rubio probablemente), el gobierno no puede terminar sin que Venezuela deje de tener un gobierno liderizado por personas que han sido aliados de Irán, Rusia, China, Hezbollah y Hamas.
Pero también por necesidades de política interna, el partido republicano no puede enfrentar las elecciones del 2028 sin que Venezuela tenga un gobierno producto de elecciones libres (de paso, sería la garantía más confiable para los inversionistas). El candidato republicano perdería el apoyo de importantes sectores de su electorado, particularmente en Florida. Además, la crítica de los demócratas en la campaña sería demoledora. Recordemos a este respecto la conducta de los senadores demócratas en las interpelaciones de Marco Rubio, al presionar y tratar de precisarlo para que definiera los tiempos de la transición política. Es bueno recordar que Venezuela es uno de los muy escasos temas de política exterior donde hay un consenso bipartidista.
