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Sadio Garavini di Turno: Un proceso con obstáculos

 

El proceso inédito que se inició el 3 de enero sigue, pero como mencioné en anteriores columnas, procede lentamente con altibajos, crisis, retrocesos y sobre todo obstáculos. Del millar de presos políticos originales, quedan, según el Foro Penal, poco menos de la mitad. La mayoría de los políticos más relevantes han sido excarcelados, pero casi ninguno de los presos militares. También es evidente una reducción considerable en el ritmo de excarcelaciones.

Junto con una relativa apertura en los medios, en los últimos días, ha habido un aumento de la represión policial frente a manifestaciones de protesta pacíficas. Antes del tres de enero, había tres centros de poder en el gobierno: El círculo Maduro-Flores, Padrino y su Alto Mando y Diosdado Cabello. Los primeros dos han sido neutralizados. Esto se refleja en el cambio total de los mandos de la Fuerza Armada, en los cambios de personal en el gobierno en general y en la detención o exclusión de personalidades relevantes del mundo financiero cercano al gobierno. Es fácil entender de dónde, muy probablemente, provienen los obstáculos principales del proceso.

La elección del Fiscal y de la Defensora del Pueblo representan obviamente un significativo retroceso. La oposición se está movilizando para pedir que se acelere, con la fijación de un calendario electoral. Según la Constitución, es evidente que deberían convocarse unas elecciones presidenciales, por la falta absoluta de Maduro. Pero, hace tiempo que la Constitución, ha dejado de “orientar” la política en Venezuela. Además, como lo ha dicho la propia María Corina Machado, se necesitan por lo menos 10 meses para limpiar y actualizar el registro electoral y para que, por lo menos, una buena parte de los venezolanos en el exterior puedan votar. Además, es obvio que tiene que haber un nuevo Consejo Nacional Electoral, que le dé garantías de pulcritud a todos los grupos políticos participantes.

La oposición parece entender que debe trabajar intensamente para aumentar la presión interna para que el proceso avance, pero también debería seguir trabajando para mantener la presión y la atención de la comunidad internacional, en particular obviamente, del gobierno y del Congreso de los EEUU. Analistas serios han observado que la potencial salida de Rubio, el principal abanderado de la transición política venezolana, junto con el marcado interés de Trump en el manejo del petróleo venezolano y el aumento de las otras crisis en el sistema internacional, podrían provocar un estancamiento en el proceso venezolano, favoreciendo la estabilización del interinato. El riesgo existe. Sin embargo, creo que el proceso es irreversible. Sobre todo, por razones geopolíticas, en efecto tanto en la National Security Strategy, como en la National Defense Strategy de los EEUU, por primera vez en muchos años, el hemisferio occidental está en el primer lugar de las prioridades regionales y se reafirma la Doctrina Monroe, con su corolario Trump, particularmente en todas las regiones bañadas por el llamado, “mediterráneo americano”: México, Centroamérica y el gran Caribe, especificadas claramente en un reciente discurso de Hegseth.

A Trump le interesa el petróleo, pero también le interesa su legado y cualquiera sea el candidato presidencial republicano en el 2028, (Vance o Rubio probablemente), el gobierno republicano no puede terminar sin que Venezuela deje de tener un gobierno liderizado por personas que han sido aliados del Irán de los Ayatollas, de Rusia y mantengan relaciones con Hezbollah y Hamas.

También por razones de política interna, el gobierno Trump no puede terminar sin que Venezuela no tenga un gobierno producto de unas elecciones libres y transparentes. El candidato republicano perdería el apoyo de importantes sectores del electorado republicano, particularmente en Florida, incluyendo a varios de sus actuales senadores y congresistas. Además, la crítica de los demócratas en la campaña sería demoledora. Recordemos a este respecto la conducta de los senadores demócratas en la reciente interpelación de Marco Rubio por la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, al presionar y tratar de precisar a Rubio para que definiera los tiempos de la transición política. Es bueno recordar que Venezuela es uno de los muy escasos temas de política exterior donde hay un consenso bipartidista. En conclusión, el proceso es inédito, relativamente largo, con obstáculos serios, pero irreversible.

@sadiocaracas

 

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