CorrupciónÉtica y MoralJusticiaPolíticaRelaciones internacionales

La crisis de la izquierda española: del discurso moralista a la cleptocracia desatada

 

Foto: Sánchez movilizó a Zapatero en la campaña a las europeas. (Reuters/Violeta Santos Moura)

 

Pedro Sánchez llegó al poder gracias a una moción de censura contra el Gobierno de Mariano Rajoy, del Partido Popular, aprobada el 1 de junio de 2018.

El éxito de esta iniciativa, presentada por Pedro Sánchez (líder del PSOE), se debió a una combinación de un fulminante detonante judicial y una compleja carambola de alianzas parlamentarias.

El detonante fue la sentencia del «Caso Gürtel». El 24 de mayo de 2018 la Audiencia Nacional publicó dicha sentencia, en la que se denunciaba una red de corrupción que salpicaba directamente al Partido Popular (PP).

El efecto político fue inmediato: la sentencia generó una enorme indignación ciudadana y legitimó el argumento de la oposición socialista de que el Gobierno sufría una «crisis institucional y moral» insostenible.

La Constitución española de 1978 establece que, para derribar a un presidente, no basta con votar en contra de él; es obligatorio proponer a un candidato alternativo con un programa de gobierno. Al registrar la moción de censura, Pedro Sánchez se postuló automáticamente como candidato. Esto obligó a los partidos en el parlamento a elegir entre mantener a Rajoy tras la sentencia de corrupción o investir a Sánchez. El PP gobernaba en minoría, lo que hacía al Ejecutivo sumamente vulnerable. Para alcanzar la mayoría absoluta necesaria (176 votos), el PSOE (que solo tenía 84 diputados) logró articular un bloque heterogéneo que votó a favor, alcanzando los 180 votos, formado por el PSOE, Unidos Podemos, ERC, PDeCAT, PNV, Compromís, EH Bildu y Nueva Canarias, 169 en contra (PP, Ciudadanos, UPN y Foro Asturias) y 1 abstención.

A Rajoy le faltó velocidad para convocar elecciones anticipadas INMEDIATAMENTE DESPUÉS DE LA SENTENCIA DEL CASO GÜRTEL (24 de mayo por la mañana), Y ANTES DE QUE EL PSOE REGISTRARA LA MOCIÓN DE CENSURA (10 de la mañana del día siguiente), consumándose así el relevo inmediato en la presidencia del Gobierno en favor de Pedro Sánchez al aprobarse la moción de censura. Esa indecisión de Rajoy -que todavía se discute, con opiniones a favor y en contra- llevó a Pedro Sánchez al Gobierno -SIN NECESIDAD DE IR A ELECCIONES-.

 

***

 

Muchos, muchos títulos del Real Madrid (también del Barcelona), o fracasos en Eurovisión después, el discurso moralista del socialismo hispano avanzaba a toda velocidad, con la confianza de un veterano piloto de Fórmula 1.

Y entonces comenzaron a aparecer denuncias de corrupción, que se multiplicaron como hongos en suelo fértil. Resumiendo: entre imputaciones y condenas han sido carne de primera página de la prensa y de los noticieros, la esposa de Sánchez, su hermano, sus dos hombres de confianza en el partido (José Luis Ábalos, Santos Cerdán), un exportero de club nocturno (conocido en esos y otros fondos como Koldo), el Exfiscal general, y más recientemente, el Sumo Sacerdote del socialismo hispanoamericano, uno de los fundadores del Grupo de Puebla, expresidente de Gobierno, y canciller oficioso del régimen madurista, José Luis Rodríguez Zapatero.

Por falta de espacio, no puedo extenderme en toda una serie de denuncias de agresión sexual a militantes femeninas socialistas en toda la geografía española, por parte de curtidos dirigentes macho-machotes del PSOE (incluyendo al mencionado Ábalos). ¿Feministas? Yo te aviso.

Lo cierto es que la izquierda española atraviesa un punto de inflexión histórico. Lo que comenzó como un goteo de investigaciones tangenciales a la gestión del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ha mutado en una crisis sistémica que sacude los cimientos éticos con los que el espacio “supuestamente progresista” tradicionalmente se presentaba ante el electorado. La imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por parte de la Audiencia Nacional hace pocos días marca un precedente inédito en la democracia hispana contemporánea, acelerando un proceso de desgaste que sitúa al Ejecutivo actual en una posición de extrema vulnerabilidad.

 

***

 

Por ello, hoy la izquierda española ofrece una imagen lamentable. Comenzando con el Gobierno de Zapatero -recuérdese que su embajador en Caracas, Raúl Morodo, y parte de su familia, fueron condenados por negocios irregulares con PDVSA-, el socialismo español reciente ofrece una historia de latrocinios, de mordidas y negociados, con el PSOE y la Moncloa, la sede del Gobierno, convertidos en fábricas cleptocráticas.

Ahorraré al lector, a quien supongo informado, los detalles de los escándalos en los cuales nuestra patria fue un lugar favorito para sus fechorías, para perjuicio de nuestra sociedad, y para beneficios no de cuarenta, sino muchos más ladrones del socialismo español que participaron en los festines del chavomadurismo.

El derrumbe ético socialista allá, como el de sus panas acá, es total. La imputación de Zapatero (alma y esencia del PSOE) rompe el mito de la inmunidad ética de los expresidentes progresistas.

El impacto del caso Zapatero no puede entenderse de forma aislada, sino como la pieza de mayor envergadura dentro de un engranaje de causas judiciales concurrentes. El sanchismo asiste a una acumulación de acusaciones de corrupción con múltiples ramificaciones internacionales que comprometen la credibilidad del Estado español en el marco de la Unión Europea.

La crisis desatada provoca efectos sísmicos en dos direcciones bien definidas:

La izquierda española se encuentra atrapada en su propio laberinto retórico. Al haber establecido los estándares de exigencia ética en el punto más alto del baremo político, la acumulación de imputaciones penales —encabezadas por la de Zapatero- reduce drásticamente su margen de maniobra.

Y, con respecto a su vinculación con Venezuela, «La justicia dictaminará sobre los delitos de los que se le acusa, pero para muchos demócratas Zapatero ya ha quedado como el gran blanqueador de las dictaduras».

Empezando por la tiranía venezolana. El que alardeaba de liberar presos políticos negaba luego cínicamente que en el chavismo-madurismo existieran presos políticos. Y ya circulan muchas fotos del señor ZP con supuestos “líderes opositores” criollos, de las diversas familias alacránicas, todos sonrientes, todos felices y contentos.

Cómo no recordar entonces ese viejo dicho: “a cada cochino le llega su sábado”. Más que nunca válido en la metrópoli hispana, y también en la patria venezolana.

Que así sea…

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba