Villasmil: El Perú sigue jodido

La famosa novela de Mario Vargas Llosa, «Conversación en La Catedral» (1969) posee una de las citas más emblemáticas de la literatura hispanoamericana. La cita exacta es:
«Desde la puerta de La Crónica, Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú?»
Quien se hace la pregunta es Santiago Zavala (conocido como «Zavalita»), un periodista de clase media alta que vive desencantado con la realidad social y política de su país.
La novela, para muchos la mejor del Premio Nobel peruano, está ambientada durante el «Ochenio» de Manuel A. Odría, una época de dictadura, corrupción y represión que marcó profundamente la visión de Vargas Llosa sobre las instituciones peruanas.
Lo cierto es que la pregunta ha trascendido el libro para convertirse en un lugar común del debate nacional en Perú.
Es curioso porque, aunque Zavalita busca un «momento» específico (un hito histórico), la novela sugiere que no hay un solo punto de quiebre, sino una acumulación de frustraciones y dilemas morales.
Lo cierto es que el Perú, este pasado domingo electoral, dio un nuevo paso en su ruta ininterrumpida para caer en el abismo, para joderse.
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Lo que ocurre con la política peruana no es casualidad, es una compleja suma de hechos que han conducido a la destrucción y decadencia de las instituciones sociopolíticas de ese país. Veamos, como ejemplos egregios, los casos de los presidentes más recientes.
El destino de los mandatarios peruanos en las últimas tres décadas es un caso de estudio único en el mundo por su nivel de judicialización. Casi todos los que han gobernado en la Casa de Pizarro desde los años 90 han terminado en prisión, procesados o con finales trágicos. Aquí está el panorama actualizado en abril de 2026:
1.El ciclo de la prisión y los procesos judiciales:
La mayoría de los exmandatarios enfrentan o han enfrentado cargos por corrupción, vinculados principalmente al caso Odebrecht: Alberto Fujimori (ya fallecido), Alejandro Toledo (en prisión en el penal de Barbadillo tras ser extraditado de EE. UU. en 2023. Enfrenta juicios por colusión y lavado de activos). Ollanta Humala (recientemente condenado (abril 2025) a 15 años de prisión junto a su esposa Nadine Heredia por lavado de activos). Pedro Pablo Kuczynski, a sus 87 años está bajo comparecencia restringida. Pedro Castillo (en prisión preventiva en Barbadillo tras su fallido intento de disolver el Congreso).
- El desenlace trágico
Alan García: en abril de 2019, cuando la policía se disponía a detenerlo preliminarmente por el caso Odebrecht, se quitó la vida en su residencia de Miraflores.
- La inestabilidad de los «presidentes de transición»
En los últimos años, el país ha tenido mandatarios con periodos extremadamente cortos debido a la figura de la «vacancia por incapacidad moral»: Martín Vizcarra (2018–2020), fue destituido por el Congreso. Actualmente inhabilitado para ejercer cargos públicos por 10 años debido al caso «Vacunagate». Manuel Merino (2020): Gobernó solo cinco días antes de renunciar por protestas sociales que dejaron dos fallecidos. Francisco Sagasti (2020–2021): Toda una excepción. Completó el periodo de transición.
- La situación actual
Dina Boluarte (2022–2025): Originalmente vicepresidenta de Pedro Castillo. Su gestión estuvo marcada por investigaciones fiscales (como el caso de los relojes de lujo o «Rolexgate«) y una bajísima aprobación popular. Su periodo debía terminar el 28 de julio de 2026, pero fue destituida por el Congreso el 10 de octubre de 2025 bajo la figura de «incapacidad moral permanente», y su sucesor, al no haber vicepresidentes en funciones, fue José Jerí Oré, quien en ese momento era el presidente del Congreso. Jerí apenas duró 4 meses, ya que el 17 de febrero pasado fue destituido por el Congreso.
Tras la censura a Jerí, el Congreso nombró presidente interino a José María Balcázar, abogado y exmagistrado de 83 años. ¿Su misión? “Calentarle la silla” al presidente que será electo en la segunda vuelta, a celebrarse el 7 de junio.
Resumen: De los últimos 9 presidentes elegidos o encargados, 6 han pasado por prisión (preventiva o definitiva) o están bajo arresto domiciliario. Esta situación ha generado que el penal de Barbadillo sea conocido coloquialmente como «la cárcel de los presidentes«, al haber albergado simultáneamente a Fujimori, Toledo y Castillo.
Ser presidente del Perú se ha convertido en un asunto más peligroso que intentar cruzar el estrecho de Ormuz.
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Para colmo, en las elecciones de 2021 eran 18 los candidatos a la presidencia; este año fueron 35. “Fragmentación” es sin duda una palabra favorita para definir esta suprema estupidez de pedirle a los votantes que “¡escojan 1 entre 35 candidatos posibles!”
Si alguien pensaba que estas elecciones, con 35 candidatos, iban a revalidar la democracia peruana, estaba más pendiente del Artemis II que de la realidad.
A la segunda vuelta pasan al parecer (con el 55.4% escrutado al momento de escribir esta nota) la infaltable Keiko Fujimori, y el exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga (de sobrenombre “Porky”).
La política peruana está jodida, continúa indetenible una cada vez más grave acumulación de frustraciones y dilemas morales, sin verse ningún remedio a la vista. Uno pensaría que a esta altura sus liderazgos -hay que llamarlos de algún modo- habrían aprendido a administrar sus miedos, a superar sus carencias, a dejar atrás mediocridades. Pero resulta que el parlamento democrático está hoy secuestrado por chusmas que lo usan como garito para intercambiar corruptelas.
El político peruano promedio solo es fiel a, y trabaja por su ambición, alimentada cuidadosamente por una mediocridad de la que se enorgullece.
En medio de semejante desbarajuste ético, ¿dónde encontrará cobijo el ciudadano peruano honesto, el votante que todavía cree en el mérito de votar?
Hoy, en Perú, la pregunta normal en toda elección ¿Quién será el ganador? viene con una advertencia: ¿habrá en verdad un ganador, o solo otro futuro candidato a ingresar en el penal de Barbadillo?
Todos jodidos, parece ser el lema.
