Leonardo Padura: “Con Trump hemos vuelto a la pesadilla en Cuba”


El escritor cubano Leonardo Padura durante la entrevista en el Hotel de las Letras en Madrid. ANDREA COMAS

El escritor cubano Leonardo Padura vuelve a darle vida a Mario Conde, su emblemático personaje, en ‘La transparencia del tiempo’

Mario Conde vuelve a trajinar las viejas calles de su ciudad. Entre sorbos de ron, hervores tropicales, ritos de santería y añoranzas de un pasado que se esfuma, el investigador habanero sigue la pista de una misteriosa virgen negra robada. En La transparencia del tiempo, Leonardo Padura (La Habana, 1955) vuelve a darle vida a su emblemático personaje. En plena gira por España, el escritor cubano habla de la última entrega de esta saga que acaba de cumplir 25 años.

Pregunta. La transparencia del tiempo es el noveno libro protagonizado por Mario Conde. Da la impresión de que los crímenes se han vuelto secundarios y prevalece la mirada del personaje, cuyo mundo sufre las inclemencias del paso del tiempo.

Respuesta. Con estas novelas yo he tratado de hacer lo mismo que hizo John Updike con su personaje Conejo: una crónica de la vida cubana. Empecé en 1989, con un Mario Conde de 35 años, y ya vamos por el 2014. En este tiempo han pasado muchas cosas en mi país. Las primeras tres décadas de la revolución fueron muy distintas al período que comenzó en 1990, con la crisis económica que siguió a la caída del Muro y a la desaparición de la Unión Soviética. En los últimos años, se ha acumulado una gran cantidad de pequeños cambios que no han alterado las estructuras fundamentales del país, pero han incidido en la manera de actuar, de manifestarse, de entender la vida.

P. Mario Conde se asoma a los 60 años y es presa del desencanto. ¿Es una mirada generacional?

R. Conde usa su ironía como un escudo retórico contra una realidad en la que se va sintiendo desplazado. Siempre ha creído que su vida es una equivocación, que no tuvo alternativas. Mi generación gozó uno de los grandes beneficios del proceso revolucionario, es la primera que acude masivamente a la universidad. Es una generación bien preparada, culta, no leímos todo lo que quisimos pero sí todo lo que pudimos. Ahora somos demasiado viejos para reciclarnos y demasiado jóvenes para morir.

P. La novela comienza cuando Bobby, un amigo de infancia, le pide a Conde encontrar una virgen negra robada que llegó a Cuba durante la Guerra Civil española. ¿Qué relevancia tiene la Historia en las novelas de Conde?

R. A mí el presente me resulta insuficiente. Para tratar de entenderlo necesito apoyarme en lo histórico. Ya lo hice en La novela de mi vida con la historia del poeta cubano José María Heredia, lo hago en Herejes, en Adiós, Hemingway y ahora en La transparencia del tiempo. Me sirve para apoyar una tesis central: que el hombre es un sujeto de la historia, que esta puede cambiar una vida de un día para otro. Recurrí a España porque sabía que, si en algún lugar habían jugado un papel estas vírgenes negras fue en este país. Además, la Guerra Civil fue un cataclismo político y social que cambió muchísimas vidas, algo que estudié para escribir El hombre que amaba a los perros.

P. La corte de los milagros que rodea a Conde en sus novelas comienza a deshilacharse. Algunos de sus amigos creen que se acerca la muerte, otros se plantean el exilio. ¿Siente que Cuba se va despoblando de sus afectos?

R. El drama del exilio está muy presente en toda la historia cubana. No podría sacar la cuenta de los amigos cercanos que han emigrado a otras partes de la ciudad, del continente, del mundo o se han ido al cielo. Es una realidad que me afecta, me duele, aunque mis viajes de trabajo me permitan permanentes reencuentros. En la serie hay un momento especial, cuando uno de los amigos de Mario Conde se marcha. En esta novela, otro anuncia que piensa tentar suerte afuera. Para Conde es como la muerte de alguien cercano.

P. La transparencia del tiempo está ambientada en un momento muy concreto: 2014, cuando Barack Obama inicia su intento por distender las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

R. La novela termina el día en que se anunció el diálogo, que por cierto estuvo rodeado por una serie de cábalas mágicas. Ocurrió el 17 de diciembre, día de san Lázaro, Babalú Ayé para los creyentes de la religión afro-cubana, quienes lo consideran muy milagrero. No creo que nadie en su sano juicio pensara que era posible este acercamiento. Pero se produjo, se establecieron relaciones, hubo un momento de euforia nacional con la visita de Obama, el rodaje de Rápidos y furiosos, el desfile de Chanel o la llegada de los Rolling Stones. La hostilidad no consiguió desestabilizar a Cuba y más bien el acercamiento empezó a poner muy nerviosas a las estructuras de poder. Y de pronto entra Trump y coloca las relaciones en un punto más bajo que antes del 17 de diciembre de 2014… Fue como vivir en un sueño y volver a la pesadilla en Cuba.

P. En esta novela parece que Mario Conde comienza a pensar en el retiro…

R. Quedará Conde mientras la imaginación me acompañe. Conde ha sido absolutamente generoso, prestándome su voz para expresar muchas cosas que pienso, siento y vivo. Es un compendio de mis esperanzas y frustraciones. En estas novelas no está la verdad —porque no hay una, sino muchas verdades— pero puedo garantizarte que tampoco hay mentiras. Conde, su mundo y la forma de expresarlo se corresponden a una realidad sobre la cual yo no miento nunca.