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Chitty La Roche: Trump, thank you, but do not forget to leave, and do it soon.

 

Delcy Rodríguez en portada de Time: Relata las horas previas y posteriores a la extracción de Maduro - Sumarium - Información

 

“Conciudadanos: he venido a poner el control de la ley en vuestras manos. He venido con la intención de preservar vuestros sagrados intereses. Un soldado victorioso no gana el derecho de mandar en su país natal. No es el juez de sus leyes o del Gobierno. Es el defensor de su libertad. Su honor debe ser uno con el Estado, y su orgullo debe satisfacerse con haber trabajado por la felicidad de su país”. —Simón Bolívar

“Nunca se está en paz con los que nos hacen un favor porque, aunque se pague la deuda, debemos la gratitud”. —Alejandro Dumas

Peregrinamos por el mes de agosto de un año pleno de acontecimientos, desencuentros y desgracias. Empezó el 3 de enero y me detengo acá, dado que, aunque no me puede agradar un acto de guerra contra mi país, vino acompañado de la «extracción» del depredador local y eso no es cualquier cosa: no lo habíamos logrado por las buenas, pero se logró por las… armas del extranjero.

Seguidamente, advierto que el Gobierno norteamericano se hizo presente con todo tipo de personal rescatista y equipos ante el destructivo doblete sísmico y sigue asistiéndonos allá abajo, en La Guaira, con encomiable eficiencia, espíritu de solidaridad y humanidad. Les debemos dos, al menos, y les agradecemos muchísimo su oportuna ayuda —y lo digo sinceramente—; pero entiendo perfectamente, por otro lado, que no hay almuerzo gratis.

Empero, supongo que la realpolitik trajo las cosas a un terreno que hemos de transitar con sumo cuidado, porque se relaciona con un bien mayor en la sociedad política; me refiero al derecho de las naciones y de sus gestores institucionales —léase Estados— a decidir sus asuntos de acuerdo con sus normas y asentados en la legitimidad como soporte de su devenir, sin interferencias de ningún tipo.

El asunto se complica puesto que la extracción del déspota se vio acompañada de una inmediata toma del control total del país por parte del «benefactor», extendiéndose y conciliándose el gobierno de Trump con el remanente de la tiranía madurista e invocando el argumento de la necesaria estabilidad.

Tomemos nota, pues: el régimen liderado por Maduro se trató como un enemigo intratable e inacceptable, dada su pretendida naturaleza; pero su equipo de gobierno, sus epígonos y herederos merecen incluso el reconocimiento de la vicepresidenta encargada como jefa de Estado, gozando de inmunidad oponible a las autoridades estadounidenses que la perseguían por delitos denunciados por norteamericanos, por cierto.

Ahora bien, Venezuela también tiene haberes para presentar en la cuenta moral que llevan los Estados a lo largo de la historia. Fuimos un seguro proveedor de petróleo por casi un siglo y no solo fuimos el más importante, sino que no cedimos a presiones durante la Guerra Mundial para seguir siéndolo, sin dejar de recordar que los hemos acompañado en buena parte de su actuación en los organismos internacionales hasta la llegada de sus ahora «mejores amigos».

Claro, fuimos y hoy somos vistos como vencidos; además, basta escuchar las continuas evocaciones del señor Trump con respecto a que tomar el control mercantil de la venta de nuestro petróleo se justificaba para cobrar deudas de la guerra y otras adeudadas a inversionistas aliados o, acaso, para indicarnos dónde gastar para la recuperación de Venezuela, que ciertamente padece la administración de la cosa pública más corrupta y errática de su historia.

La otra deuda que menciona Trump con respecto a nacionalizaciones o estatizaciones carece de consistencia. Se les pagó cada centavo por esos procesos de reversión y nos mantuvimos como un puente razonable desde la OPEP en cada oportunidad que las cosas se tensaron, y fueron varias. Entonces, cabe solicitar un tratamiento respetuoso para el amigo y no tratarlo como rehén ni para tomarse su riqueza como botín de guerra; pero hay que citar a Kissinger en una frase que se le atribuye: «Ser enemigo de los Estados Unidos es peligroso; ser amigo es fatal».

No obstante, cabe que los venezolanos, osados e ilusos, le demandemos al catire que haga lo que nunca ha hecho en su vida, ni en sus negocios particulares ni como presidente: mostrar y permitir la transparencia de sus acciones, la cual, con relación al caso de Venezuela y su petróleo, se la acaba de pedir la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de América, a la que debería responder constitucional y legalmente.

Todo eso es grave y raya en la más cruda inmoralidad, pero nos preocupa más que se hayan erigido en los arquitectos del destino institucional del país y maniobren para imponer sus decisiones, las cuales en un primer momento entendimos tolerantemente, pero que en otros aspectos nos muestran como una colonia en el siglo XXI. La más reciente —y toda una novedad, aun para estos tiempos de potencias militares que quieren dictar al mundo su agenda, imponer su hegemonía y desconocer todo lo que servía hasta ahora como un dique para la paz— comienza con el atropello al derecho a la soberanía y a la normativa del Derecho Internacional Público.

Su constancia, míster Trump, en buscar agrandar la nómina de los Estados Unidos de América sumándole ya sea Canadá, Groenlandia o Venezuela, a ratos parece un juego que le divierte; pero, viniendo de usted, suena ya pesado y de mal gusto. Tampoco quisiéramos su lástima, su conmiseración o su simpatía meliflua como a una mascota.

¿Cuánto vale el respeto hacia los demás seres humanos si dejas de ser uno para solo ser un poderoso? Recuerdo, para concluir, una estrofa de un poema acusado de ambiguo del Premio Nobel de Literatura Bob Dylan, cuyo título ya es una historia, Blowin’ in the Wind, y que reza como sigue: «Sí, ¿y cuántas veces debe un hombre mirar hacia arriba antes de poder ver el cielo? Sí, ¿y cuántos oídos debe tener un hombre antes de poder oír llorar a la gente? Sí, ¿y cuántas muertes harán falta para que sepa que demasiada gente ha muerto? La respuesta, amigo mío, está en el viento».

 

Nelson Chitty La Roche, nchittylaroche@gmail.com, @nchittylaroche

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