El cebo de 40 millones por país de Infantino revienta el fútbol
El plan de la FIFA de privatizar el Mundial genera estupor global e incluso la UEFA llama al boicot. El suizo solo necesitaría el 50% de los votos federativos para sacarlo adelante. La RFEF, anfitriona del próximo Mundial, permanece muda

Infantino, en la final del pasado Mundial. (Reuters)
Giovanni Vincenzo Infantino, presidente de la FIFA, se convirtió este miércoles en cuestión de minutos en uno de los hombres más odiados del planeta después de anunciar un plan tan ambicioso como nauseabundo: convertir las grandes competiciones futbolísticas, entre ellas el Mundial, en una entidad comercial semipública para así vender participaciones de las mismas a empresas ajenas al organismo. O lo que es lo mismo, privatizar el fútbol de selecciones. El suizo tiene pensado crear una empresa, FIFA Forward Enterprise, con la que mantener el control mayoritario de los torneos, pero el porcentaje restante, un 20%, podrá ser adquirido por terceros, una estrategia que tiene como objetivo recaudar 4.200 millones de dólares (3.690 millones de euros) de aquí a final de año y, en un futuro muy próximo, los 10.000. El objetivo es poder financiar una Copa del Mundo de 64 equipos, además de potentes comisiones, un proyecto denominado por sus ideólogos como «la democratización del fútbol a nivel mundial».
Como era de esperar, el propio Infantino será el comisionado del organismo que venda los derechos de los trofeos una vez acabe su mandato como presidente de la FIFA en 2031, una nueva oportunidad de seguir chupándole la sangre al deporte rey y llenarse los bolsillos a su costa. Para colmo, como avanzó el periódico británico ‘The Times’, ya habría candidatos para meter las zarpas en los torneos más prestigiosos del planeta, como es el caso de JP Morgan Chase, banco estadounidense que intentó financiar la fallida Superliga, o Joshua Kushner, hermano del yerno de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos y con el que ha mostrado una sintonía de lo más inusual durante los últimos meses. Los de siempre, donde siempre.
Por todo ello, y tras anunciar su plan de privatización, el abogado se convirtió en la diana de medio mundo, recibiendo dardos de organismos como la Unión Europea o la UEFA, dirigida por el esloveno Alexander Ceferin, tan subordinado como enemigo por antonomasia. «La UEFA se lo toma muy en serio. Lo mismo deberían hacer todas las federaciones nacionales de fútbol. Y lo mismo deberían hacer todas las partes interesadas: ligas, clubes, jugadores, aficionados, gobiernos y todos aquellos a quienes les preocupe el futuro de este deporte. Es cruzar una línea roja», señaló el máximo responsable del fútbol europeo. Y algo de razón tiene, ya que la FIFA deberá someter a votación su millonaria fantasía ante las 211 federaciones que la componen.
En general, la sensación es de sorpresa y silencio, o al menos eso es lo que transmite la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). El organismo liderado por Rafael Louzán ha asegurado a este periódico que la propia FIFA mandará más detalles en los próximos días, por lo que pide «prudencia» para «analizar internamente» la situación. Está en una posición complicada la entidad en cualquier caso, ya que nuestro país, junto a Portugal y Marruecos, acogerá el próximo Mundial en 2030, que podría ser el primero con esencia privada de la historia. De hecho, el CSD (Consejo Superior de Deportes), al ser preguntado por ABC al respecto, replicó no tener «ninguna información oficial» y que solo se comunica con la FIFA para «garantizar la mejor organización del Mundial de 2030 en aquello que esté bajo las competencias del Gobierno».
Sin embargo, Infantino solo necesitaría el 50% de los votos (106) para privatizar las competiciones, y además ha puesto una golosa zanahoria sobre la mesa: las federaciones pasarían a ingresar 40 millones para «proyectos especiales» si aceptan vender en vez de los ocho que perciben actualmente. Es cierto que para las grandes federaciones, como España, Inglaterra, Brasil o Argentina, la cifra quizás no es tan atractiva, pero para países más pequeños puede suponer un impulso salvaje. Sin ir más lejos, según ‘Sky Sports’, el presidente de la federación de la República Checa, David Trunda, ya habría dado su sí. El 19 de septiembre se sabrá el resultado final, pues es la fecha límite impuesta por Infantino para que todo el mundo se posicione.
Mientras, la UEFA, como durante el auge de la Superliga, incita a la sublevación. «Tras haber mantenido conversaciones con numerosas partes interesadas del mundo del fútbol, la UEFA sabe que existe una oposición significativa y creciente al plan de la FIFA. La FIFA no puede seguir utilizando nuestro deporte para enriquecerse a sí misma y a sus amigos. Podemos hacer crecer el fútbol de la forma correcta. Es hora de dar prioridad a federaciones, clubes, ligas, jugadores y aficionados». Sus 55 miembros ya han acordado reunirse de urgencia esta semana para trazar un plan común.
Igual estupor ha generado la noticia en otras instituciones futbolísticas, que han percibido el movimiento de Infantino como un ataque a sus intereses. «Como institución que representa a más de 850 clubes de fútbol, sería totalmente apropiado que la EFC fuera consultada exhaustivamente sobre una propuesta de tal magnitud», aseguró la Federación Europea de Clubes, dirigida por Nasser Al Khelaifi, presidente del PSG. Una afirmación completada por la Confederación Asiática de Fútbol. «La AFC reconoce la importancia de explorar enfoques innovadores que fortalezcan el futuro del fútbol mundial, pero iniciativas de esta magnitud deben fundamentarse en los principios de buena gobernanza y transparencia». «Esta medida modificaría de forma fundamental e irreversible los incentivos que sustentan las competiciones en las que los jugadores trabajan, compiten y desarrollan sus carreras», añadió FIFPro Europa, el mayor sindicato de jugadores del Viejo Continente.
Pero quienes se mostraron de lo más contundentes contra el tejemaneje de Infantino fueron los bávaros. Max Eberl, director deportivo del Bayern de Múnich, cargó con dureza durante una rueda de prensa. «Me parece vergonzoso. Me avergüenza que en el fútbol estemos hablando de este tipo de ideas (…) La FIFA solo está ahí para obtener beneficios. Da la sensación de que ya solo se quiere hacer dinero, por todos los canales posibles. Como hijo del fútbol, eso me repugna».
