Dictadura

El despertar

 

Tras un largo y forzado adormecimiento interrumpido apenas por breves pero intensos momentos de desvelo, la sociedad venezolana parece comenzar a levantarse. No de forma súbita, sino progresiva y constante.

Son múltiples las señales: ya no está dispuesta a callar ni a aceptar el silencio impuesto por las armas. Reaparecen espacios informativos que cuentan lo que ocurre; líderes políticos recientemente excarcelados, aunque no plenamente libres, recorren el país exigiendo elecciones; los trabajadores reclaman salarios dignos; los estudiantes demandan libertad.

Y sobre todo está la diáspora: la movilización multitudinaria en Madrid mostró a un país que no se resigna. Como un solo cuerpo, miles de venezolanos salieron a respaldar a su liderazgo y a reclamar una transición pacífica y democrática, con un calendario electoral claro.

Lo más significativo no es solo la protesta, sino su tono: no busca dividir, sino incluir. No excluye, sino convoca. Plantea, con responsabilidad, la tarea mayor: reconstruir el país en paz.

Y envía, además, un mensaje que el mundo no debería ignorar: la sociedad venezolana quiere decidir su destino en libertad.

 

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