Derechos humanosDictaduraPolítica

Nelson Chitty La Roche: ¿Cuánto queda del Estado y de la república?

La crisis venezolana desafía a la OEA | Nueva Sociedad

 

Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal, pero agota el campo de lo posible” – Píndaro

 

Sólo hay realidad en la acción… El hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza, no es, por lo tanto, más que el conjunto de sus actos, nada más que su vida…» Jean Paul Sartre, El existencialismo es un humanismo.

 

El futuro es el origen de la historia.” Asdrubal Baptista

 

En medio de la frustración y con mucha incertidumbre reflexiono sobre lo que ha de venir, porque vendrá, después de que esta oscuridad termine,  y terminará.

El daño que se le ha infringido a la república es fatal. De esa construcción ética orgánica de la sociedad que constituyó, por más de 200 años el proyecto más ambicionado por el colectivo e inicialmente compañero constituyente, ese mismo que tropezó decenas de veces en nuestra historia con los hombres aspirantes a caudillos y el apremio de las armas, con un único paréntesis desde 1958 y hasta 1998 de vivencia republicana, no queda sino fantasmas, ripios y simulaciones.

La clase política emergente que arriba al poder en los hombros y vitores de la antipolítica y se configura desde el liderazgo del difunto teniente coronel Hugo Chávez Frías, quien se encargó de barrer con todo vestigio de república a nombre de una revolución cuyas resultas pueden describirse sin exagerar, como de todos los fracasos y del regreso a las taras del pasado.

Manipulando el legado de Bolívar- al que toman como muleta que los ayudó a andar- el chavomadurismomilitarismocastrismoideologismo gobernó y gobierna aún desde hace ya 27 años, contra la institucionalidad, la legalidad, la constitucionalidad y la soberanía popular, convirtiendo al Estado venezolano en un aparejo enano del que se hicieron para saquearlo y vaciarlo de todo propósito trascendente.

Luego del acontecimiento del 3 de enero pasado, apenas empieza a verse la profundidad del perjuicio, devastación, profanación que se permitieron y se permiten los que continúan al frente de la Venezuela pública, aunque, ciertamente, se hallen completamente deslegitimados, desacreditados y desprestigiados ante sus conciudadanos, que los padecen y expían al hacerlo, el garrafal error de haber confiado en ellos.

Venezuela no calza hoy los puntos para que seriamente se le pueda considerar una república. La centrífuga de la revolución lanzó paulatinamente al vació todos los elementos y agentes del sistema republicano y en su lugar, fraguó una organización para la concupiscencia y el ejercicio de la fuerza y la brutalidad del poder, victimando inmisericordes a los coterráneos y destruyendo la economía y la riqueza del país otrora apreciado como rico en América Latina.

Desrepublicanización es el constructo con el que podemos resumir la amplitud perniciosa que nos ha privado de nuestras fortalezas civiles y políticas, de nuestras libertades, nuestros derechos, nuestra institucionalidad, nuestra justicia, nuestra fuerza armada, nuestra constitución, nuestros valores y sentimientos y nos ha llevado al yermo espiritual y al desarraigo incluso de nuestra nacionalidad.

Escuchar a la señora presidente encargada hablar sobre cualquier asunto del Estado fallido en que vivimos, como si nada pasara y no estuviéramos atascados en una perfecta crisis, empobrecidos, arruinados, desfigurados, avergonzados, mueve a todas las angustias. ¿Será que piensan que no responderán de nada de lo hecho y seguirán gobernando hasta que Dios vuelva y allá en el valle de Josafat alegarán cínicos contando con su acostumbrada impunidad?

El Estado- si seguimos a Adhémar Esmein- “Es la representación jurídica de la nación soberana.” Y cabe una pregunta entonces en Venezuela, ¿Qué queda de ellas, de la nación, de su representación? ¿Qué queda de su estructura política y jurídica y de su soberanía?

Ni república ni Estado o apenas una fachada de lo que debería ser, pero dentro, vaciada y fatua su razón de ser y su justificación histórica. Toda una inanidad conceptual. Una entelequia que simula y a la cual, una contingencia que ellos mismos trajeron acabó de despojar -y a nosotros también por añadidura- de nuestra soberanía.

Más grave resulta verlos gobernar entre mascaradas de independencia y falaces fantasmagorías democráticas, escondiendo la verdad y postulando una impostura, para agradar al hegemón del norte y asirse con manos y dedos grasientos a la vara de la constitucionalidad.

Viene a mi memoria una cita de Voltaire que desnuda lo que quiero decir, “La razón se escondía en un pozo junto con la verdad, su hija. Nadie sabía dónde estaba ese pozo, de haberlo sabido, (algunos pocos entendidos), habrían descendido a él para degollar a esa hija y a la misma madre.”

A Venezuela hay que construirla. La que fue ya no es. No quiero decir que hay que refundar, sería exagerado, pero, del pasado reciente es poco o nada lo que luce rescatable, aunque habernos llevado a la crisis perfecta no deja de ser una de muchas moralejas a las que es menester ponderar y aprovechar, aprender, comprender.

Buscando la liberación, no obstante, hay que cuidar no acabar engendrando otro monstruo. En efecto, se escucha a menudo y se entiende el por qué después del desastre socialista, a la gente clamar por un advenimiento típicamente liberal, una suerte entre el minarquismo evolutivo y el anarquismo de propiedad privada. Cuidado con la emoción y lo resalto otra vez, que se mueve pendularmente y la sinrazón que obvia las realidades de una población carente y resiliente.

Justicia social sí, pero, otro populismo no. Hay que construir una sociedad responsable y ciudadanizar a una ciudadanía que a ratos se muestra indolente. Hacer de la educación la empresa pública por excelencia, pero gestionando cual empresa privada, sin miramientos ni concesiones; no hay tiempo para más debilidades y más demagogia.

Faltan tantas cosas y hay tanto que cambiar que no vale la pena enumerarlas, pero, la justicia que comienza con los cuerpos policiales, el ministerio público, los defensores públicos y los funcionarios judiciales son otra prestación que modificar desde la médula misma porque está hoy totalmente extraviada de sus naturales objetivos y la gente ya no soporta más irrespeto ni más corrupción.

Fundar una Fuerza Armada distinta, desideologizarla, profesionalizarla, entrenarla y dotarla es impostergable, para el país y sus necesidades de seguridad y soberanía. El chavo madurismo militarismo castrismo la pervirtió, la alienó, la enajena, la adulteró, la engañó, la instrumentaliza, la usó y la humilló. Hay que exigirle que recupere su disciplina, su calidad operativa, su orgullo institucional.

Quedan reservas éticas y morales en tanta gente, en la familia, en el magisterio, en las universidades y en otras expresiones de la sociedad civil para acometer una tarea de recuperación de amplios sectores alcanzados por las deletéreas radiaciones que llevaron a muchos a las arenas movedizas del visible también daño antropológico.

Que no quede nadie en Venezuela que no sea capaz de reconciliarse consigo mismo, corregirse, enderezar entuertos y volver a sentir el latido, el sentimiento de que somos, y lo digo sin ligereza, el mejor país del mundo.

 

Nelson Chitty La Roche

 

@nchittylarochenchittylaroche@gmail.com

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba