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El mensaje de Taiwán para China: tenemos un arma de tipo nuclear

China tiene objetivos, y Taiwán tiene misiles. Casi el 30% de la población china se expone al riesgo de un catastrófico colapso de la Presa de las Tres Gargantas (en la imagen) si, por ejemplo, es alcanzada por un misil. Eso se traduce en la disuasión si Taiwán deja claro que, para defender su soberanía, está dispuesto a cobrarse cientos de millones de vidas chinas. (Foto de STR/AFP vía Getty Images)

 

El 21 de junio, el periódico chino People’s Daily informó de que Estados Unidos y Taiwán estaban a punto de participar en las «conversaciones de Monterrey» anuales. Según este diario de referencia en China, se esperaba que la parte estadounidense ofreciera a la venta 20 tipos de armas para Taiwán, «con un acento en el desarrollo de ‘capacidad asimétrica'».

Taiwán, que la República Popular China reivindica como su 34.ª provincia, ya tiene capacidades asimétricas, y una de ellas podría ser tan potente como un arma nuclear.

Pekín sostiene que Taiwán no se puede defender a sí misma. «El experto militar Song Zhongping dijo que es imposible que Taiwán forme ‘capacidades asimétricas’, al margen de qué tipo de armas compre de Estados Unidos, ya que la brecha entre las capacidades militares de ambas partes es demasiado grande», informó People’s Daily, periódico del Partido Comunista.

Taiwán «fantasea» si cree que puede contener al Ejército Popular de Liberación, según el citado periódico. ¿Por qué? «Las armas asimétricas son ‘inútiles’ frente a las ventajas absolutas del EPL.»

La noticia del People’s Daily recogía un atípico cruce de palabras entre un legislador taiwanés y un funcionario chino. «Taiwán, por supuesto, jamás invadiría China —dijo You Si-kun, presidente del Yuan Legislativo de Taiwán, el 12 de junio, en un acto virtual—. Ni tampoco Taiwán atacaría activamente Pekín o la Presa de las Tres Gargantas.»

«Antes de que China ataque Taiwán —advirtió You—, debe tener en cuenta la actual capacidad de Taiwán de atacar Pekín. China debería pensárselo dos veces», dijo.

La oficina de Asuntos de Taiwán respondió, a través del portavoz Ma Xiaoguang, con una imagen poética: «Si se atreven a atacar una piedra con un huevo, sólo acelerarán su defunción».

Al menos uno de los «huevos» de Taiwán puede matar a decenas de millones de chinos, y quizá más.

Nunca se ha confirmado públicamente cuál es el alcance de los misiles de crucero Yun Feng que posee Taiwán, pero los analistas creen que ronda los 2.000 kilómetros, suficiente para llegar a la capital china y a la Presa de las Tres Gargantas, la mayor estructura de control de inundaciones del mundo.

La presa china crea un embalse de 39.300 kilómetros cúbicos de agua en el río Yangtsé y abastece a unos 400 millones de personas. Por tanto, casi el 30% de la población china se expone al riesgo de un catastrófico colapso de la estructura si, por ejemplo, es alcanzada por un misil. Eso significa que Taiwán posee un arma convencional cuyo efecto es casi el de una nuclear.

Sin embargo, en lo que respecta a la disuasión, la cantidad importa. «China tiene ahora una considerable superioridad sobre Taiwán en términos de buques y aviones de combate totales —señaló Richard Fisher, del International Assessment and Strategy Center, a Gatestone—. El Ejército Popular de Liberación puede hacer uso de miles de barcazas civiles y unos 4.000 aviones comerciales de Boeing y Airbus para transportar la mayor parte de su fuerza invasora y de ocupación a Taiwán.»

De modo que, para disuadir a China, Taiwán necesita miles de misiles, quizá decenas de miles. Nunca se ha confirmado públicamente a qué ritmo produce Taiwán sus Yun Feng, pero es obvio que la república insular no posee una cantidad suficiente.

Estados Unidos debió alentar activamente a Taiwán a desarrollar misiles hace dos décadas, pero no lo hizo. La Administración Obama incluso «intentó desalentar activamente a Taiwán de la adquisición de dichos misiles», dijo Fisher en el programa de radio CBS Eye on the World, de John Batchelor, el pasado 21 de junio.

Ahora Estados Unidos tiene que ayudar a Taiwán a mejorar la velocidad y el alcance de sus misiles y, por supuesto, a aumentar su cantidad.

Además, Taiwán necesita asegurarse de que China no destruya sus misiles Yun Feng en un primer ataque. Taiwán tiene algunos de sus misiles sobre rampas de lanzamiento fijas, pero la mayoría están sobre rampas móviles, señaló Fisher a Gatestone.

El 21 de junio, China mandó 29 avionesentre ellos seis bombarderos H-6 con capacidad nuclear, a cruzar la zona de identificación de defensa aérea de Taiwán, su novena incursión este mes. «Las últimas maniobras a gran escala del #EPL demuestran que la amenaza militar de la autoritaria #China es más seria que nunca», tuiteó el ministro de Exteriores taiwanés, Joseph Wu, desde su cuenta oficial del Ministerio.

Los aviones chinos siguieron una ruta que atravesaba el espacio aéreo internacional, pero su vuelo del 21 de junio se consideró hostil de todas formas. Estas provocaciones en la zona aérea han sido continuas en los últimos meses, después de haberse producido un acto mucho más grave. El 5 de febrero, uno de los aviones de China sobrevoló directamente una de las islas periféricas de Taiwán, una transgresión flagrante del espacio aéreo soberano.

«La campaña de intimidación será cada vez mayor y más atrevida», le dijo Fisher a Gatestone, antes de la incursión del 21 de junio.

Hasta ahora, Estados Unidos ha intentado manejar la situación en el estrecho de Taiwán no enfadando a China. Es cierto que esta política estadounidense ha servido para prevenir una invasión, pero eso funcionaba en un periodo por lo general benigno, y es obvio que ese periodo ha pasado ya.

Ahora, el régimen de China parece querer ir a la guerra. Las duras declaraciones del ministro de Defensa chino, el general Wei Fenghe, en el Diálogo de Shangri-La, celebrado en Singapur este mes, son una clara advertencia de un propósito hostil.

China tiene objetivos, y Taiwán tiene misiles. Eso se traduce en la disuasión si Taiwán deja claro que, para defender su soberanía, está dispuesto a cobrarse cientos de millones de vidas chinas.

Este tipo de advertencias sirvieron para mantener la paz durante la Guerra Fría, a pesar de la abrumadora ventaja militar convencional de la Unión Soviética sobre los países de Europa occidental.

Durante décadas, los políticos taiwaneses han sido reacios a hablar de la capacidad de su isla para matar a un gran número de chinos. Ahora, es evidente que piensan que deben pronunciarse, y con contundencia. Las amenazas de sembrar la muerte a gran escala son quizá la última palanca que tiene Taiwán para mantener la paz en el este de Asia.

Sí, así de cerca estamos de la guerra.

 

 

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