Elizabeth Sánchez Vegas: La palabra más pequeña del regreso
María Corina Machado eligió cuatro palabras para anunciar su regreso a Venezuela. Pudo rodear la noticia de explicaciones, de fechas, de alguna declaración solemne a la altura del momento, pero escribió sencillamente: «Estoy aquí. Con ustedes». Al leerlas, con esa emoción difícil de nombrar que despiertan las noticias largamente esperadas, me detuve en la más pequeña de todas: con. Una preposición de tres letras que esta mañana cargaba un peso que pocas palabras resistirían: la decisión de volver a compartir la suerte de quienes nunca dejaron de esperarla.
Hay regresos que comienzan mucho antes de que alguien cruce una frontera. Se preparan en la voluntad de volver, en las despedidas que uno se niega a considerar definitivas, en los planes que se tuercen sin que se tuerza el propósito. María Corina salió del país en diciembre de 2025 y, según fuentes de su entorno, vio frustrarse al menos siete intentos de regreso, por aire, por mar y por tierra. Diez meses de espera, de preparativos interrumpidos, de incertidumbre y de una determinación que permaneció intacta. Hoy ha vuelto, y me resulta conmovedor pensar en todo lo que debió significar para ella encontrarse nuevamente en la tierra a la que tantas veces había prometido regresar.
Y entonces llegó la imagen que más me conmovió: verla en la iglesia de Santa Rosa, en Barquisimeto, ante la Divina Pastora.
¡Qué lugar tan hermoso para ese primer encuentro con Venezuela!
Quienes tenemos fe sabemos que hay momentos en que necesitamos recogernos antes de hablar, agradecer antes de emprender el camino y buscar en la oración una serenidad que rara vez se encuentra entre las urgencias de la vida pública. María Corina ha caminado durante años en la procesión de la Divina Pastora, y su devoción no nació frente a las cámaras. Volver allí tiene una significación profundamente personal que merece contemplarse con respeto.
Me conmovió especialmente que, después de tantos meses intentando regresar, su primera aparición pública fuera precisamente una visita para dar gracias. Desconozco lo que María Corina habrá dicho frente a la Virgen, y tampoco necesito saberlo. Hay oraciones que guardan aquello que ni siquiera somos capaces de confiarles a las personas que más queremos. Me basta imaginar la emoción de encontrarse otra vez ante una imagen familiar, en su propia tierra, después de una ausencia tan prolongada.
Hay, además, una coincidencia que me parece preciosa. La Divina Pastora también sabe de regresos. Cada enero sale de su templo de Santa Rosa en hombros de su pueblo, recorre la ciudad, visita sus parroquias y, al cabo de los meses, vuelve a casa. Desde 1856, cuando los larenses le pidieron amparo frente a una epidemia de cólera, ese ir y venir se ha convertido en una de las tradiciones más entrañables de Venezuela: una Virgen que se marcha sabiendo que la esperan y una ciudad que la despide sabiendo que volverá.
Algo de esa confianza había hoy en Santa Rosa. María Corina regresó al lugar donde tantas veces había acompañado a la Virgen entre miles de peregrinos, pero esta vez llevaba consigo una historia diferente, diez meses de ausencia y la emoción de volver a encontrarse con los suyos. En las imágenes de su llegada, rodeada de personas que se acercan a saludarla, aparece esa sonrisa suya que tanto conocemos. Después de una espera semejante, contemplarla nuevamente entre venezolanos, en Venezuela, tiene una belleza que me cuesta poner en palabras.
Durante diez meses, la palabra que más nos faltó fue precisamente aquella tan pequeña: con. Ahora que la tenemos de vuelta, conviene recordar lo que aprendimos de niños en la escuela: una preposición no completa su sentido por sí sola. Necesita a alguien del otro lado.
Bienvenida a casa, @MariaCorinaYA. Aquí estamos. Contigo.