Hemos defendido en los dos artículos anteriores, de un lado, el excesivo peso que el tema petrolero tiene en la economía y la vida social venezolana y, del otro, las inmensas ventajas de tenerlo en nuestro subsuelo. Ahora toca ver la “otra cara de la moneda” identificando las desventajas y los riesgos que conlleva su explotación. De todos ellos destacamos algunos, independientemente de que existan otros menores que se nos escapen.
EL RIESGO DETERMINISTA
Cerrábamos el artículo anterior con la idea de sentirnos forzados y regidos por la ley natural del mercado, que impone un desempeño petrolero fuera del control del país que lo explota. Lo decíamos en dirección a la advertencia que nos hicieron Karl y Sachs, advertencia que Venezuela validó completamente y a la que respondió con gran ineptitud e irresponsabilidad. Lo tristemente cierto es que fue Venezuela quien mejor sirvió para probar esa “ley”, pues estuvimos muy lejos de aprovecharlo íntegramente en beneficio de los venezolanos.
Sabemos hoy, muy claramente, que el negocio petrolero hay que dejarlo fluir libremente atendiendo a principios básicos de economía, pero también sabemos que sus impactos han de ser sabiamente gerenciados para no repetir tristes historias pasadas. Bastaría con subrayar el colapso de PDVSA para ilustrar lo que decimos y enfatizar que, si bien tiene su origen en el hecho de la nacionalización y la propiedad del Estado —que le imponen al negocio un alto componente político—, también el recurso obedece a otros determinantes que generan riesgos y desventajas.
No podemos, entonces, descuidar el crucial papel que ha jugado en el comportamiento del Fisco venezolano, convirtiéndose en su principal proveedor de ingresos, sea en momentos en que han sido favorables o en otros en que se han reducido considerablemente, razón por la cual hemos apelado sistemáticamente a la devaluación del bolívar. Muy lejos de la memoria venezolana no deben estar los tiempos de opulencia y los tiempos de escasez y crisis, con sus respectivos efectos en nuestra vida social y política. Reclamamos la necesidad de imponer reglas estrictas para que estos fenómenos no se repitan, en especial porque uno de los riesgos responde a la volatilidad de los precios internacionales del crudo.
EXCESIVA VOLATILIDAD ECONÓMICA Y POLÍTICA
Si algo pesa en la cuestión petrolera es ese clásico movimiento de los precios internacionales que la supercalifica en el plano del riesgo. El punto principal aquí es que ese fenómeno de volatilidad tiene dos componentes: de un lado están los que provienen del mercado petrolero (demanda y oferta en equilibrio o en desequilibrio) y, del otro —quizás el más relevante—, la influencia del elemento político y militar, tal como lo estamos viviendo hoy día. Hemos escogido para tal fin un gráfico muy ilustrativo que además nos ubica en momentos históricos críticos.
Como puede allí comprobarse, la curva de alzas y bajas da cuenta del alto grado de volatilidad que tienen los precios internacionales del crudo, cuyo impacto interno es demasiado incisivo en la conducción de las finanzas fiscales y, evidentemente, en lo que ello difunde hacia los sectores sociales y políticos, en especial en un país como Venezuela, en el que el Estado ha vivido prácticamente del ingreso petrolero. Asunto que nos lleva a su mayor riesgo: el interno.
RIESGO GLOBAL PARA VENEZUELA
Llamamos “riesgo político interno” al hecho de la excesiva dependencia de todo el país del ingreso petrolero, pues cada vez que se produce un alza o una baja en los precios, el país entero entra en una crisis de repercusiones globales. Desde luego, si es un alza, la opulencia domina el entorno y la dirigencia política acomete todo lo que ha quedado pendiente por hacer; pero si en la mitad del camino —como sucedió en los años 80— los precios se reducen, los proyectos quedan a la mitad, nos endeudamos y… llegamos al sombrío Viernes Negro.
También suele suceder, como en efecto se dio, el proceso que vivimos a mediados y finales de los años 2000, cuando el ingreso petrolero se despilfarró plenamente y terminamos en la gran crisis del año 2013 en adelante, calificada correctamente como la destrucción de Venezuela. No hace falta describir aquí el significado de dos sucesos como esos, los cuales marcaron prácticamente la historia política venezolana para siempre.
Para cerrar este capítulo de riesgos, queda por examinar aquello a lo que está sometida la vida del petróleo internacionalmente.
RIESGO GEOPOLÍTICO Y ESTRATÉGICO
Nos preguntamos: ¿será necesario describir este tipo de riesgos con lo que está sucediendo en estos momentos en el Medio Oriente y en Europa Oriental, con dos conflictos que tienen en el centro la trama petrolera? Rusia es el principal productor y proveedor del sudeste asiático (China principalmente), e Irán y los países árabes son los más grandes productores mundiales. Si, por ejemplo, Rusia decide la paz con Ucrania, muy probablemente los precios regresen a su nivel de mercado y se reduzcan en alguna proporción. También imaginen dos escenarios para el estrecho de Ormuz: se mantiene el cierre, el conflicto con los Estados Unidos escala y los precios se mantienen al nivel actual; o, por el contrario, llegan a un acuerdo, el mercado se normaliza y vemos una reducción sustantiva. Demasiada geopolítica inserta en los precios.
Del otro lado se encuentra la posición estratégica de los Estados Unidos, la cual explica bastante el reciente acuerdo de “control de nuestras reservas”. Ya lo indicamos anteriormente: las reservas probadas alcanzan unos 46 mil millones de barriles —las cuales, a una tasa de consumo como la actual, dan para unos 7 años, según existe opinión generalizada— y las estratégicas están en el orden de unos 283 millones. ¡Significa que el país más poderoso del mundo se enfrenta a un reto o desafío de muy alto contenido estratégico, y resulta que tiene a Venezuela… tan cerca y con tantas reservas!
NI MONOPRODUCTORES NI MONOEXPORTADORES¹
Ese juego en el que no estamos y donde no tenemos capacidad para actuar no admite espectadores pasivos, y tenemos que poner en práctica las herramientas y los instrumentos para evitarnos sus efectos nocivos. Baste con estas citas para comprender cuánto nos puede interesar seguir una ruta no controlada en la producción venezolana y jugar a repetirnos como monoproductores y monoexportadores. Un escenario que no es admisible y que nos retrocede a los primeros tiempos de explotación del crudo.
¹ Las cifras comparativas de las exportaciones venezolanas hoy le dan una ligera ventaja a las no petroleras. Según el BCV, estas alcanzaron entre 8 y 9 mil millones de dólares, y las petroleras entre 18 y 22 mil millones de dólares; lo cual, si bien indica un mayor equilibrio, ilustra el gran freno que han tenido las petroleras. Sin embargo, si en el escenario que se avecina —de aparente alta velocidad— estas últimas se multiplican, regresaremos al desequilibrio que tuvimos siempre.
Sería una insensatez de muy alto calibre repetirlo, porque si algo hemos aprendido los venezolanos es que ese recurso tan preciado —y ahora más que apreciado por el exterior, tanto en el sentido político como en el de los negocios— nos impone una regla muy simple: no debemos ni podemos volver a depender solo de la explotación de ese recurso natural. Atenuar sus efectos e impactos nocivos y multiplicar sus beneficios nos obliga a diseñar una estrategia petrolera independiente para Venezuela.
- Las cifras comparativas de exportaciones venezolanas hoy le dan una ligera ventaja a las no
petroleras. Según el BCV estas alcanzaron unos $ 8 a 9 mil millones y las petroleras unos $ 18 a 22
mil millones, lo cual, si bien indica un mayor equilibrio, ilustra el gran freno que han tenido las
petroleras, pero, si en el escenario que se avecina, de aparente alta velocidad, estas últimas se
multiplican regresamos al desequilibrio que tuvimos siempre.
