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Giorgia Meloni: de una infancia difícil a convertirse en la mujer más poderosa de Italia

En su autobiografía 'Yo soy Giorgia', la primera ministra revela que su madre estuvo a punto de abortar y la dura relación con su padre. También desgrana su ideología y sus principios

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni REUTERS

 

El instinto de los italianos para lanzarse al rescate y apoyo al vencedor sigue manifestándose de forma especial con Giorgia Meloni. La líder de Hermanos de Italia logró un éxito espectacular cuando publicó en mayo del 2021 su autobiografía ‘Yo soy Giorgia‘, que está también en las librerías españolas (Homo Legens, 405 páginas, 21,90 euros), con prólogo de Santiago Abascal que destaca que Meloni es «una política que ha hecho historia. Merece la pena atreverse a conocerla».

En Italia, el libro de Meloni logró un récord de ventas. En tan solo diez días desde su publicación, saltó al segundo puesto en la lista de libros más vendidos de la semana, con una tirada de 100.000 copias y cinco ediciones. En semanas posteriores, llegó al número uno en ventas, un hecho insólito para un político en Italia. Fue solo un anticipo del seísmo político que luego ocasionó Meloni al convertirse en la primera mujer jefa del Gobierno en Italia, tras su triunfo electoral el 25 de septiembre, cuando Hermanos de Italia fue el primer partido del país, con el 26% de los votos, un apoyo que creció con su gestión en el Gobierno.

En efecto, el Gobierno de Meloni cuenta hoy con el consenso de la mitad del país (49,5% de los ciudadanos). Otro sondeo de Ipsos publicado el sábado por el ‘Corriere della Sera’ da un consenso del 52% al Gobierno y del 53% a a Meloni.

Meloni, de 46 años, ve confirmada también la sintonía con buena parte del país, pues el índice de confianza en su persona permanece estable por encima del 41%, estabilidad que se mantiene también en el porcentaje de de estimación de voto de Hermanos de Italia (29,2%). Son datos de una encuesta de Euromedia Research, publicada el pasado viernes por ‘La Stampa’, de centro izquierda. La experta en sondeos Alessandra Ghisleri, directora de Euromedia, explica que «los datos de la encuesta son excelentes, porque Meloni goza, además, de una verdadera base de fans que sigue con pasión los temas que propone».

Hoy los italianos siguen premiando la coherencia de Meloni, según Ghisleri: «La gente intuye que en el mundo hay un cambio en marcha, pero no acaba de comprenderlo del todo, por lo que necesita un camino y contar con indicaciones claras de quienes demuestren ser coherentes. Una cualidad que Meloni ha demostrado tener». Esa coherencia, con sus virtudes y defectos, es lo que refleja su autobiografía.

En la presentación en Italia, Meloni prefirió denominar su libro como «un diario», que ella misma presenta así: «He visto demasiada gente hablar de mí y de mis ideas como para no darme cuenta de lo alejados que estamos mi vida y yo de lo que cuentan los demás. Por eso he decidido abrirme, contar en primera persona quién soy, en quién creo y cómo he llegado hasta aquí». Meloni destaca que escribió el libro «para que los que hoy creen en mí y en las cosas que hago y digo, tengan un arma de la que valerse si traiciono mis ideas y propósitos».

Familia y raíces

En el libro habla por primera vez de sus raíces, de su infancia, de su relación con su madre Anna («se lo debo todo a mi madre. Una mujer de carácter, culta»), de su hermana mayor Arianna, a la que está muy ligada, y del dolor de la ausencia del padre; de su pasión visceral por la política, de la alegría de ser madre de la pequeña Ginebra (siete años cumplirá en septiembre), de su amor con Andrea (periodista, 42 años), de sus sueños y del futuro que imagina para Italia y para Europa.

Meloni aborda con claridad temas complejos como la maternidad, la identidad y la fe («nunca he dejado de creer en Dios»), y temas éticos como la eutanasia o el aborto. Se adentra incluso en cuestiones íntimas y personales, como la intención de su madre de abortar. «A mi madre le debo la vida. La verdad es que ni siquiera debía haber nacido. Cuando se quedó embarazada, tenía 23 años, una hija (Arianna) de un año y medio y una pareja -mi padre- con la que no se llevaba bien y que hacía tiempo tenía preparadas las maletas para irse lejos [a Canarias]. Una familia herida. La mañana de las pruebas que precedían a la interrupción del embarazo, se levantó, desayunó y fue al laboratorio. Entonces, según lo que siempre me ha contado, se detuvo justo delante de la puerta, vaciló, titubeó, no entró».

Muy significativa es la historia de su distanciamiento del padre. «Lo que me dolía era su indiferencia, su total desinterés hacia nosotras. Crecí con la idea de que no merecía nada y mi reacción fue trabajar duro para demostrar lo contrario». A los once años, Meloni decidió no ver nunca más al padre, «un contable de la zona norte de Roma», donde se encuentran los barrios más acomodados. «La percepción de un padre que ya no está, que se desvanece, es algo que no se puede explicar. Es quizás una herida más profunda que la de un padre que muere, porque en ese caso puedes esperar que te mire desde el cielo, mientras que cuando se va, te ves obligado a enfrentarte a su fantasma».

Meloni aborda también con claridad temas complejos como la maternidad, la identidad y la fe («nunca he dejado de creer en Dios»), y temas éticos como la eutanasia o el aborto

Esa ausencia y abandono, con el paso del tiempo, llegaron a convertirse en un punto fuerte de Meloni. Quienes la conocen dicen que si no hubiera crecido con esa herida, no se habría vuelto tan exigente y tan dura, sobre todo consigo misma. Y no habría llegado donde está.

Meloni tiene una bella historia personal, con importante bagaje cultural, que refleja incluyendo en el contexto de su vida familiar o política intelectuales de derechas e izquierdas, mostrando su admiración por Pier Paolo Pasolini, uno de los grandes intelectuales italianos del siglo XX, homosexual y comunista. Admira también, y le ha servido de inspiración, a J.R.R. Tolkien y su novela de fantasía épica ‘El Señor de los Anillos’. La primera ministra cita esta frase del escritor británico: «Son las pequeñas manos las que cambian el mundo».

Pero Meloni reconoce que «uno de los pensadores que más han orientado mi visión en los últimos años es el príncipe del pensamiento conservador británico, Sir Roger Scruton», filósofo y escritor especializado en la estética y filosofía política. La líder de Hermanos de Italia explica por qué comenzó a hacer política en la derecha: «Puede parecer paradójico para muchos, pero la verdad es que en la derecha sentía una libertad que no sentía en la izquierda […] La libertad que ha permitido a la derecha recurrir sin prejuicios a a toda la cultura nacional e internacional nunca ha existido en la izquierda».

Reivindicación del realismo

De Meloni se ha destacado «su realismo». Ella dice que ese es «el primer rasgo del ser de derechas»: «Afrontar el mundo y sus retos sin anteojeras ideológicas. Lo que se llama, precisamente, ‘el principio de realidad’, el rechazo de cualquier adorno utopista, de toda construcción ideológica». Lo está demostrando como primera ministra, con una acción de gobierno europeísta y atlantista. Por ejemplo, el pasado jueves nombró como nuevo gobernador del Banco de Italia al economista Fabio Panetta, un técnico reconocido internacionalmente, en la misma línea que Mario Draghi. «Un independiente al servicio del país».

El mismo realismo lo ejerce con el problema de la inmigración, deshaciendo falsas acusaciones que le han hecho de racismo o xenofobia: «Italia, en estos momentos, necesita una cuota de inmigración. Es un deber preciso del Estado seleccionar este contingente de inmigración legal (además de los refugiados). La inmigración no afecta a todas las personas más vulnerables: en el mercado laboral, en los servicios sociales y en los suburbios de las grandes ciudades metropolitanas. Por eso la izquierda -destaca Meloni-, encerrada en sus salones aterciopelados, puede pretender que el problema no existe. No es casualidad que, en todo Occidente, las clases trabajadoras, los pobres, como los que viven en los barrios más periféricos, estén cada vez más en busca de los movimientos políticos de reivindicación y cada vez más alejados de una izquierda insensible a sus problemas».

De Meloni se ha destacado «su realismo». Ella dice que ese es «el primer rasgo del ser de derechas»

En general, los lectores de la autobiografía de Meloni aprecian que cuente su vida política y familiar con una prosa sencilla, amena, con ironía, coloquial, sin términos incomprensibles y sin utilizar frases rebuscadas. También añade anécdotas curiosas. Apasionada del deporte, afirma que «el gimnasio es uno de los pocos lugares del mundo donde he tolerado que alguien me insultase sin reaccionar: ‘Vamos, ballena, que me desprestigias el gimnasio’. Fabrizio, mi instructor, es así. Solía llamarme ‘ballena’ incluso cuando estaba flaca».

Meloni asegura que «no he vuelto a bajar la guardia» con los periodistas desde que, según ella, le tendieron una trampa cuando era ministra de la Juventud en el último Gobierno de Silvio Berlusconi. Después de conceder una entrevista, el titular al día siguiente en la primera página del ‘Corriere della Sera’ fue: «Este Silvio no me gusta». Cuenta Meloni que Berlusconi reaccionó con irritación y con esta frase: «La chica ya me ha tocado las pelotas».

Meloni concluye el libro dando a su hija Ginebra unos consejos que ella misma aplica en su vida: «Decir la verdad puede ser doloroso a veces, pero solo si crees en algo podrás defenderlo. Así que, cuando sea necesario, no tengas miedo de nadar contracorriente. Será agotador, seguro, pero te hará más fuerte, más resistente, más tenaz».

 

 

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