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Fidel Castro, terrorista de origen y afición

'Una de las cosas que con más celo se ha ocultado es su vocación de terrorista. La manifestó desde la infancia, adolescencia y su etapa de estudiante universitario'.

Miguel Díaz-Canel y su esposa, Lis Cuesta, junto a una silueta de cartón de Fidel Castro.
Miguel Díaz-Canel y su esposa, Lis Cuesta, junto a una silueta de cartón de Fidel Castro. Lis Cuesta/X

 

En el centenario del nacimiento de Fidel Castro, y a propósito de la campaña organizada en la Isla para celebrar en grande esa aciaga efeméride, hoy sacaremos a la luz otras facetas que revelan quién fue en verdad el homenajeado.

Una de las cosas que con más celo se ha ocultado es su vocación de terrorista. La manifestó desde la infancia, adolescencia, su etapa de estudiante universitario, donde le apodaban «El Loco» y era uno de los más violentos pandilleros del país. Y posteriormente inició su carrera para alcanzar el poder sembrando muerte y terror a diestra y siniestra.

Quizás porque estaba a punto de cumplir los 80 años y le daba lo mismo que se enteraran de «cacas» de su vida que siempre ocultó, Fidel confesó algunas de ellas en la maratónica entrevista que le hizo el procastrista español Ignacio Ramonet (radicado en Francia).

De niño mataba perros, gatos y rompía los juguetes que le daban

 

En la entrevista, que Ramonet publicó en su libro Cien horas con Fidel (2006), el déspota admitió que de niño le gustaba disparar y mataba auras tiñosas para entretenerse (en Cuba por ley eso estaba prohibido).

Claro, no le contó lo que aquí en el exilio dijo su hermana Juanita, que Fidelito, para divertirse, mataba perros y gatos a sangre fría. Que maltrataba todo el tiempo a Raúl y quería imponer su voluntad por la fuerza a todos.

O que su hermano Ramón (Mongo) se indignaba con Fidel porque por morboso placer diseccionaba lagartijas con una cuchilla de afeitar solo para ver cómo las hormigas cargaban y se llevaban el «cadáver».

Y mucho menos que quiso incendiar la casona familiar en Birán porque no quisieron complacerlo en un capricho suyo. Cuando Lina se lo dijo a Ángel Castro (su padre) este dijo que le concediesen lo que pedía, pues él era capaz de hacerlo.

También le dijo a Ramonet que su madre Lina en los primeros meses de 1959, en una iglesia del Vedado habanero, le dijo a un amigo de ella y de él que se sentía preocupada: «Estoy muy preocupada por Fidel, créame, de todos mis hijos fue Fidel quien rompía sus juguetes al llegar a sus manos».

Son poquísimos los cubanos en la Isla que saben que Fidel Castro hizo su entrada en el escenario político nacional como pandillero a tiro limpio, baleando a sus rivales políticos, a algunos de ellos por la espalda (Leonel Gómez) como miembro de una de las más sanguinarias bandas gangsteriles de La Habana, la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR).

Su partido político nació chapoteando sangre y sembrando terror

 

El partido político por él creado, el Movimiento 26 de Julio, nació chapoteando sangre. El origen mismo de ese movimiento fue el ataque al Cuartel Moncada, el peor acto terrorista en la historia de Cuba desde su independencia. En la madrugada del último domingo del carnaval santiaguero, Fidel lanzó a un centenar de jóvenes disfrazados con uniformes del Ejército contra soldados en calzoncillos que dormían, muchos de ellos medio borrachos. Masacraron a unos cuantos, y otros soldados se mataron entre ellos al confundirse con los uniformes de los asaltantes.

Luego, en México, fuentes cercanas a los futuros expedicionarios revelaron que Fidel hizo ejecutar a tres de los futuros expedicionarios por intentar abandonar el grupo antes de la partida. Y ya en las montañas cubanas y otras zonas rurales ordenó, o aprobó, la ejecución (fusilados o ahorcados) de al menos 39 campesinos y trabajadores rurales por sospechar que eran informantes de la dictadura, o por cometer crímenes, violaciones de mujeres, etc.

A ello hay que sumar 191 asesinatos «revolucionarios» extrajudiciales; 52 soldados, policías y civiles muertos en atentados; 22 soldados muertos en el cuartel Moncada; 12 soldados y policías muertos en la insurrección naval de Cienfuegos; tres soldados y enfermeros asesinados en el Hospital Saturnino Lora, según ha documentado Archivo Cuba.

Las bombas explotaban en lugares públicos

 

Con su M-26-Julio Fidel lanzó, o aprobó, la terrorista consigna nacional de las «Las tres C: Cero Cine, Cero Compras, Cero Cabaret». Estallaron cientos de bombas, tal vez miles, en toda la Isla. En La Habana en una sola noche, 8 de noviembre de 1957, explotaron 100 bombas. He relatado en ocasiones anteriores que fui testigo de cómo una bomba fidelista mató a tres jóvenes avileños que estaban sentados en el Parque Mart

Sí, porque las bombas «revolucionarias» no estallaban en instalaciones militares o gubernamentales. Explotaban en tiendas, cines, cabarets y parques públicos. En estaciones de trenes y de ómnibus. En fábricas, acueductos, plantas generadoras de electricidad, en la Terminal de Ómnibus Nacionales de La Habana, la Estación de Ferrocarril de Bejucal, o el Ten Cents de Galiano, donde resultó herida una consumidora con su nieta.

El padre de un barbero cabo del Ejército, Dionisio Goulet, llamado Antonio, murió destrozado por una bomba en su casa en Santiago de Cuba, y herida su nieta de 15 años. En Miramar, el cocinero en una residencia murió por una bomba colocada en esa casa. En el cabaret Tropicana una bomba arrancó de cuajo un brazo a una joven de 17 años.

Fue secuestrado Juan Manuel Fangio, campeón mundial de automovilismo. Fueron secuestrados dos aviones de Cubana de Aviación. En octubre de 1958 un DC-3 con 14 pasajeros, y al mes siguiente un Viscount-755 que por la violencia de los secuestradores cayó en la Bahía de Nipe y murieron 17 de los 20 pasajeros.

Fidel Castro quiso dinamitar las tiendas Macy’s y Bloomingdale de Nueva York

 

En síntesis, que si hubo alguien que nunca debió mencionar siquiera la palabra terrorismo fue Fidel Hipólito, quien con fría falta de escrúpulos practicó, o jamás prohibió, el terrorismo en las calles cubanas. Y luego en una escala mucho mayor practicó el terrorismo de Estado, algo en lo que fue líder en el hemisferio occidental.

Por ejemplo, en 1962 los espías cubanos Elsa Montera y José Gómez Abad, de la Misión de Cuba en la ONU, fueron sorprendidos por el FBI cuando iban a detonar 500 kilogramos de explosivos dentro de las icónicas tiendas neoyorquinas Macy’s y Bloomingdale, y en la Estación Central Ferroviaria de Manhattan.

Por otra parte, el presidente Lyndon Johnson tenía la certeza de que detrás de Oswald en el asesinato de John F. Kennedy estaba la mano de Fidel Castro, según narró en un documentado artículo Carlos Alberto Montaner.

La Tricontinental, la OSPAAAL y la eclosión del terrorismo

En enero de 1966 Fidel Castro convocó en La Habana la llamada Conferencia Tricontinental, especialmente en contra de Estados Unidos, a la que asistieron unos 500 «revolucionarios comecandela» de 82 países de Asia, África y América Latina. Fue esa la mayor conferencia internacional pública dedicada explícitamente al terrorismo internacional.

En aquel cónclave «revolucionario» surgió la entidad internacional Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL), terrorista de pies a cabeza, con sede en La Habana y Castro de jefe máximo.

En la conferencia también se dio lectura al llamado apocalíptico del argentino Ernesto Guevara, en el que exhortó a los izquierdistas radicales de todo el mundo a «Crear dos, tres, muchos Vietnam». O sea, a darle candela al planeta para acabar con el «imperialismo».

Y aunque existían ya, se crearon en Cuba nuevos campamentos en los que se entrenaron, fueron armados y financiados grupos terroristas como los montoneros de Argentina, los tupamaros de Uruguay, el M-19 de Colombia; los sandinistas de Nicaragua; las Fuerzas Armadas Rebeldes de Guatemala. Y Cuba devino refugio seguro y feliz de terroristas de ETA (España), el IRA (Irlanda), la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y todo terrorista aislado, o grupal empeñado en acabar con «el imperio yanqui».

En esos campamentos cubanos recibieron adoctrinamiento marxista, uso de armas y explosivos, realización de sabotajes y atentados, toma de rehenes, secuestro de embarcaciones y aviones, técnicas de interrogatorio y tortura. Y en logística, producción de documentos falsos, robo de identidad, emisión de pasaportes falsos, comunicaciones cifradas, y otras «lindezas» propias de la lucha contra el «imperialismo».

En otro momento repasaremos otras facetas de la calaña humana del «ídolo» homenajeado en La Habana.

 

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