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Lenín Moreno pondrá el acento en el empleo y en la economía para la segunda mitad de su mandato

La transición política y la ruptura de su partido han protagonizado los dos primeros años de Gobierno

Ecuador llegó este fin de semana al ecuador del Gobierno de Lenín Moreno aún con incertidumbre sobre la estabilidad económica nacional. De ahí que el mandatario haya anunciado en su informe anual a la nación que ahora pondrá especial énfasis en la creación de empleo y en la búsqueda de nuevas fuentes de ingresos, con la minería y una reforma tributaria en el centro de sus planes.

Estando en campaña electoral, el partido oficialista Alianza PAIS -aún con Rafael Correa como patrocinador de su sucesor para la presidencia- prometió crear un millón de empleos, a razón de 250.000 puestos por cada año de gestión. Han pasado dos ejercicios y el mercado laboral no despega. En el último año se han sacrificado 261.800 plazas de trabajo adecuado -las que cumplen el mínimo legal de horas y salario- y el desempleo se mantiene en torno al 4,5 %, teniendo en cuenta que casi la mitad (46,7 %) de los trabajos son informales.

Para atajar la situación, y en el marco de un acuerdo de rescate con el FMI por 4.200 millones de dólares más otros 6.000 millones de organismos multilaterales, Ecuador ha comenzado ha tramitar una reforma laboral que apuesta por la flexibilización de la jornada de trabajo -las 40 horas semanales podrán cumplirse entre tres y seis días-, por la movilidad laboral -se elimina un recargo del 35 % que castigaba a los contratos ocasionales-, y por el abaratamiento del despido en los negocios nuevos -en los emprendimientos se podrá terminar un contrato con la indemnización mínima durante los tres primeros años-.

En su discurso de rendición de cuentas, Lenín Moreno anunció que la creación de empleo se sostendrá además en dos ejes: más beneficios tributarios para dinamizar el sector privado y búsqueda de nuevos recursos en el sector energético. Bajo el primer punto, el mandatario ecuatoriano prometió agilizar la devolución de impuestos como el IVA o el Impuesto a la Salida de Divisas – que grava con un 5 % las transacciones al exterior- y la desaduanización de mercancías, abaratar algunos servicios financieros y extender el plazo para pagar el anticipo al Impuesto a la Renta. Y, ya de paso, adelantó que se eliminaría el controvertido Impuesto Verde de los vehículos porque, dijo, «es distorsionante» y «grava al patrimonio antes que la contaminación ambiental».

En el otro eje dinamizador de la economía, el de la energía, Lenín Moreno enumeró inversiones millonarias en paneles solares, instalaciones eólicas y en proyectos hidroeléctricos. Pero, además, defendió un nuevo nicho para obtener recursos frescos que puedan servir de colchón cuando el petróleo está en horas bajas: la minería. «32.000 empleos directos e indirectos surgirán de una inversión ya captada de 2.000 millones de dólares en el sector minero que superará los 3.800 millones de dólares en 2021», proclamó.

Y mandó un recado a las iniciativas ciudadanas que, a través de consultas populares, están tratando de frenar -una de ellas ya ganó en las urnas- la extracción de recursos mineros: «Hago un respetuoso pedido a la Corte Constitucional. Si autoriza cualquier mecanismo que implique un incumplimiento que, tarde o temprano, nos obligue a pagar una indemnización, le pido que también invite al pueblo a decidir de dónde saldrán esos recursos y cuáles serán las fuentes de financiamiento que reemplazarían los ingresos a los que debamos renunciar».

Pese a la escasez de titulares y grandes anuncios, Lenín Moreno no se olvidó de Rafael Correa en su discurso de rendición de cuentas y repitió proclamas ya desgastadas en los últimos dos años sobre el despilfarro de la gestión anterior y la difícil herencia recibida. Salpicó sus palabras con reproches por los casos de corrupción encontrados y por la crispación política de los últimos meses que, según las encuestas de opinión ciudadana, ha ido carcomiendo, poco a poco pero constantemente, la credibilidad del presidente. Las últimas cifras dan un índice de aprobación al mandatario ecuatoriano en torno al 25 % cuando, hace dos años, llegó a gozar de un cómodo 77 % en credibilidad. La carestía, la pobreza, el desempleo y la inseguridad siguen siendo las principales preocupaciones de los ecuatorianos. Y, según los ofrecimientos del presidente, el Gobierno se dedicará a darles solución en sus dos últimos años de mandato.

 

 

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