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Maite Rico: El Rey da la cara; Sánchez, la espalda

«Lo sucedido con el presidente de Ceuta lo dice todo de los personajes: Sánchez no se le puso al teléfono, mientras Felipe VI lo recibió en Marivent»

El Rey da la cara; Sánchez, la espalda

Ilustración generada mediante IA.

 

Desde que Pedro Sánchez irrumpió en nuestra vida ocurren toda clase de desastres, más allá de su propia presidencia. Vivimos en un perpetuo sobresalto entre pandemias, danas, incendios, apagones, accidentes y, ahora, invasiones bereberes. El presidente, que como todo fanfarrón es cobarde, huye de sus responsabilidades y se quita de en medio cada vez que pintan bastos. El problema que tiene es que el jefe del Estado sí da la cara, sí es empático con el sufrimiento de la gente, y sin pretenderlo deja al Narciso en evidencia y reconcomido por el rencor. Una pequeña selección de la hemeroteca resulta ilustrativa:

Verano de 2020. Los Reyes emprenden una gira por una España conmocionada por la pandemia de Covid. Sánchez prefiere recorrer los palacios vacacionales del Estado, de Lanzarote a Doñana. Le acompaña, como de costumbre, una corte de amigos y parientes. No lo sabíamos, pero para entonces su mujer y su hermano ya medraban a costa del erario y sus colaboradores más cercanos andaban entre prostitutas y sobornos.

Noviembre de 2024. Paiporta. Sánchez sale huyendo de la ira de los valencianos afectados por la dana. Los Reyes se quedan, aguantan, escuchan y consuelan a una población al límite, abandonada por la clase política.

Agosto de 2025. El fuego devora cuatro comunidades autónomas. No hay presencia del Gobierno. Después de diez días y 100.000 hectáreas quemadas, Pedro Sánchez y las ministras Robles y Aagesen mueven el trasero. ¿Qué ha pasado? Que el Rey ha interrumpido sus vacaciones en Grecia y se ha plantado en la base de Torrejón para visitar a la UME.

Enero de 2026. Los Reyes arropan en Huelva a las familias de las 45 víctimas del accidente ferroviario de Adamuz. Ni Sánchez ni el ministro de Transporte, Óscar Puente (tan valiente siempre a la hora de insultar en redes), se atreven a poner un pie en el funeral.

Este verano nos ha tocado el desastre de Ceuta, derivado de la negligencia y de la inoperancia del Gobierno. Esta vez sí acudió el presidente. Un ataque a la integridad territorial no ocurre todos los días. Eso sí, acudió rodeado de toda la seguridad que no tenía la frontera asaltada por 72.000 marroquíes. Pese a ello oyó los abucheos de la gente. Oímos los abucheos. Luego dio las gracias al país de origen de los invasores y se largó de vacaciones.

El desgarro ha sido tal que ni siquiera el Rey se ha librado de las críticas. El comunicado emitido el 1 de agosto, dos días después de la avalancha, para mostrar su indignación y recordar «al Estado su deber de garantizar la seguridad de los ciudadanos», perdió efecto entre las fotos de regatas y estilismos. Tampoco ayudó que las autoridades marroquíes difundieran, a saber con qué intención, la felicitación rutinaria de Felipe VI a su «hermano» Mohamed VI con motivo de la fiesta nacional del Dia de Trono, enviada antes de la invasión fronteriza.

La Casa Real, que siempre da la impresión de estar pisando un campo de minas, hizo saber a través de los periodistas que cubren Zarzuela que el Rey no había estado ocioso, que había vivido la crisis «en tensión permanente», «con enorme preocupación» y «en contacto con las autoridades competentes». Pero aquí lo que funcionan no son los oráculos, sino los hechos. No se trata de salirse del cauce institucional, algo que Felipe VI nunca haría, pero sí de actuar con audacia. Siempre que lo ha hecho (el discurso del 3 de octubre frente al separatismo catalán, o Paiporta) los españoles, huérfanos de liderazgo, lo han agradecido. Y en esta ocasión, invitar al atribulado presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, a Marivent ha sido un buen golpe. Sánchez no se le había puesto al teléfono. Felipe VI conversó con él hora y media y dejó claro su compromiso de viajar a la ciudad autónoma. Lo cual pone en un brete al Gobierno, que ya ha dicho que, de momento, ni pensarlo: «Cuando sea oportuno». Ya si eso.

A lo largo de su reinado, el Rey ha tenido que ir llenando vacíos políticos y suturando heridas. Sánchez no lo soporta, porque, en su desvarío de poder, desearía ocupar su lugar. Podría hacerse una cronología de los desplantes y las torpezas protocolarias. Ha querido disputarle el besamanos, le ha cortado el paso, le ha hecho esperar, lo ha ninguneado y vetado en actos institucionales. Jamás lo ha defendido de los ataques de sus socios de Gobierno. Eso sí, lo ha usado como escudo humano frente a la indignación popular. Lo detesta, como nos odia a todos. A los autócratas les pasa: se saben despreciados, y acumulan resentimiento.

Ahora lo tenemos contento, al Puto Amo, con el paripé de cada verano en Lanzarote, organizando videconferencias., para que no se diga. Se pone la misma camisa rosa, rosa crisis, y posa con cara de circunstancia frente a un ordenador. Para la evacuación de Afganistán, en agosto de 2021, iba con traje y alpargatas. Con los incendios en 2025 subsanaron el error y apareció con zapatos de jefe de Gobierno. Este viernes, con Ceuta, no sabemos qué llevaba, porque en la foto que ha distribuido Moncloa le han borrado las piernas. Parecía un mutilado de guerra. Tantos asesores para eso.

Horas antes, nuestro presidente tuvo a bien difundir un vídeo en TikTok: «Que nada te impida disfrutar el eclipse del 12 de agosto». Él ya tiene plan: se pillará el Falcon para ir a verlo en Guadalajara. En Ceuta, mientras, siguen los cadáveres en la morgue y los menores a la intemperie.

 

 

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