María Corina y el dilema Trump
Delcy se las arreglará para maquillar su mandato con brochazos de legitimidad, mientras Trump languidece sin respaldo del Congreso
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Aunque Delcy Rodríguez no despierte entusiasmo, carezca de apoyo popular y de legitimidad democrática, es ella, no María Corina Machado, quien corre con el viento a favor. Tal vez Donald Trump no sepa, aunque debería, que la estrategia del chavismo para mantenerse en el poder siempre ha sido la misma: apaciguar y ganar tiempo, calmar el descontento y dividir a la oposición. Para eso sí han sido unos genios, no se puede negar; han creado mesas de negociación, conferencias nacionales por la paz, diálogos internacionales, comisiones de la verdad, y han hecho toda suerte de guiños y gestos, desde las misiones chavistas hasta la reciente ley de amnistía, para generar la ilusión de que todo va a cambiar cuando el impulso secreto es que todo siga igual. Cada día que pasa en el poder es un triunfo para Delcy, un centímetro que gana. Remodeló su gobierno como quien redecora una casa, cambiando los rostros, no los perfiles políticos, para sentirse más a gusto y segura, no para reformar el sistema. Trump parece satisfecho con su trabajo, o al menos prefiere decir que todo marcha de maravilla porque enfrenta un lío mil veces mayor en Irán, su popularidad va en picado y puede perder las elecciones de noviembre. Delcy Rodríguez tiene todos los incentivos para aguantar, dilatar y manipular a la oposición; Trump, todas las razones para no complicar una situación que desde su marco iliberal ya está resuelta: si la democracia es un obstáculo en Estados Unidos, qué carajo va a importar en Venezuela.
No se puede contar con él y quién sabe si con Marco Rubio, que bien puede no ser un Calibán que desprecia a los latinos, pero sí un aspirante a la presidencia que se mueve en aguas republicanas cada vez más contaminadas de nacionalismo. Todo indica que los venezolanos vuelven a estar, en realidad no han dejado de estarlo, solos, y que lo único que pueden hacer es reclamar en las calles lo que les robaron: unas nuevas elecciones. Ahí es donde entra en juego María Corina, a quien Trump seguramente prefiere lejos de Caracas porque su presencia equivale a congregaciones multitudinarias y a una demanda inequívoca de Estado de derecho. Y todo esto, que es lo fundamental, para él solo supone un dolor de cabeza. Hay un choque de intereses que tarde o temprano llevará a lo inevitable. María Corina tendrá que jugársela y pasar por encima de lo que diga Estados Unidos, porque si llega noviembre y las cosas siguen igual, la estrategia del apaciguamiento habrá dado nuevamente resultado. Delcy se las arreglará para maquillar su mandato con brochazos de legitimidad, los suficientes para que México y Brasil la reconozcan, mientras Trump languidece sin respaldo del Congreso y salpicado por los efectos de la guerra en Irán. Es el escenario que espera el chavismo y justo lo que debe evitar la oposición.
