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Maxim Ross: El problema Venezuela…es su petróleo (I)

▷ Venezuela rompe la barrera del millón de barriles: La producción de crudo  sube un 22,9% en 2026 #13May - El Impulso

Estamos a punto de regresar a 1922, cuando explotó el Barroso II y sus gigantescas columnas de humo y petróleo se pudieron ver desde Maracaibo, porque, metafóricamente hablando, vivimos una explosión similar. Esta vez no es de “humo y petróleo”, sino de hoteles llenos de inversionistas y eventos para exaltar el negocio petrolero venezolano y, decimos, lisonjear y encomiar porque estamos a punto de comenzar otra era petrolera para Venezuela. Otra era que disparó el cuestionado acuerdo con los Estados Unidos y que nos consigue tan desasistidos de reglas e instituciones vinculadas o no al tema, tal como en aquella época.

Quizás aquella Venezuela agraria y comercial se parezca mucho, reconociendo la exageración, a esta que tenemos ahora sin las mínimas condiciones para conducir el negocio petrolero, pues lo que se está imponiendo es la fuerza arrolladora del negocio petrolero: un asunto que tiene mucho que ver, ya no con el negocio en sí, sino con el impacto que el petróleo ha tenido y tiene en nuestra economía y vida social.

Dejar que sea esta la única guía que tengamos para conducirlo abre un serio interrogante sobre desenlaces similares del pasado. Dos tramas nos inquietan en esta dirección: una, porque detrás de las muchas cosas que intentamos explicarnos se encuentra el peso desmesurado que tiene en la trayectoria de este país que se llama Venezuela; y la otra, recordar que el petróleo no solo tiene su lado “bueno” y que sus beneficios son incontestables, sino que también tiene su lado “malo”, porque hemos heredado graves huellas de crisis. No sería una banalidad decir que, si no nos las ingeniamos y no lo sometemos a normas, principios y valores que resguarden nuestro interés como sociedad, podemos repetir errores de los que muchas veces nos hemos arrepentido, pero que no hemos corregido.

MUCHAS PREGUNTAS, MUCHAS RESPUESTAS

Hemos caído en un círculo de problemas que envuelven el ámbito global de nuestra sociedad y que se manifiestan en todos los terrenos de la vida social; problemas que nos permitimos llamar el «Problema Venezuela», porque abarcan lo económico, lo político, lo geopolítico y lo social, aspectos que no se terminan de interpretar ni de ensamblar en una respuesta eficaz. Seguimos dando vueltas y vueltas a muchas cosas que acogotan a la sociedad venezolana, y quizás convendría intentar una explicación que nos permita ir a la raíz de ellas y encontrar respuestas que nos lleven a soluciones verdaderas, duraderas, estructurales y sostenibles.

Por ejemplo, nos situamos solo en el ámbito monetario y discutimos hasta la saciedad si dolarizamos o no la economía venezolana. Los argumentos van desde la estabilidad que el dólar nos va a garantizar hasta la pérdida de nuestra soberanía monetaria, incluyendo posturas como la de crear un sistema multimoneda, cuando el dólar y el petróleo son casi las únicas —si no las únicas— fuentes de ingreso de este país y los originarios financistas del Fisco. Para que el bolívar se estabilice no basta con intervenciones redundantes en el mercado cambiario; para lograrlo, hay que poner orden en ese caos que es el Estado venezolano: un caos provocado por inyecciones petroleras de abundancia y escasez que no supimos controlar ni manejar. Si dejamos que el petróleo se nos imponga, podemos repetir los sucesos de 1974-75 y 1982-83, o los de 2006-14 y posteriores a 2013, con las graves secuelas que nos han dejado.

Preguntémonos también cómo es que llegamos a este triste y doloroso desenlace político que tenemos hoy y, seguramente, buscaremos la respuesta en la crisis de la democracia, en la de los partidos políticos o en cuestiones más cercanas como la pérdida de las elecciones de julio de 2024 o la usurpación del poder por parte del actual gobierno, como si estar en el poder poco tuviera que ver con el financiamiento petrolero que lo permitió.

También podemos atribuirla a lo del 3 de enero y al hecho de convertirnos, de un día para otro, en colonia del “imperio”, como si nada tuviesen que ver esos millones de reservas que tanto le han atraído. Como bien pueden constatar nuestros lectores, detrás de todas ellas está el asunto del petróleo, algo tan obvio como el “agua clara”, pero que no rescatamos para una adecuada interpretación del Problema Venezuela.

UNA CATEGORÍA QUE NOS AYUDA

Una categoría que nos puede ser de utilidad para entendernos mejor proviene de la filosofía y es lo que suele entenderse como la causa primigenia o causa eficiente (1):  esa que viene a determinar todo, la globalidad de los acontecimientos. Ensayemos con ella a ver qué nos produce o qué nos dice.

Como puede comprobarse, para bien o para mal, la posesión del recurso petrolero sobredetermina las causas inmediatas o mediatas que comentamos: la dolarización, la disciplina fiscal y el tema del poder político en Venezuela. Vista de esta manera, la “causa de las causas” se encuentra en el sobrepeso que el petróleo tiene en nuestra economía, en la extrema dependencia que tenemos de un recurso que condiciona el funcionamiento económico y social. Peor aún: con esa “causa eficiente”, en apenas pocas semanas salimos de la oscuridad y encontramos la luz.

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 (1): Es lo que la filosofía llama “causa eficiente”. “El agente que produce el efecto en una relación causal, o el iniciador del proceso causal.”

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