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Maxim Ross: El silencio de la sociedad venezolana

La idea de la reconstrucción de la REPUBLICA DE VENEZUELA, como resultado final de los complejos episodios que está viviendo nuestro país, desde luego encuentra soporte en los valores heredados de nuestra historia, pero necesita complementarse con la eficacia de representatividad y participación de su sociedad en los hechos que más afectan su supervivencia, tal como ha sido en otros momentos de nuestra historia, Ahora, que estamos viviendo eventos más graves, sorprende su pasividad y su mutismo.
  ¿SORPRENDE SU SILENCIO?
Asombra entonces, la ausencia de una opinión colectiva de nuestra sociedad, ante los acontecimientos que nos ahogan y abruman todos los días, no solo por el deterioro global de nuestro país, en sus manifestaciones sociales, institucionales, económicas y políticas, sino por habernos permitido llegar a esta nueva solución de nuestra vida social, la de “transición democrática” con su dispositivo tutelar y la creación del interinato gubernamental.

Sorprende porque, si bien se han producido manifestaciones civiles y políticas parciales, declaraciones y escritos de personalidades y grupos específicos 1, sea por el tema salarios, de los derechos humanos y por los presos políticos, asi como por las exigencias de los partidos políticos por un rescate de la voluntad popular, sorprende decía, que una sociedad que ha perdido sus derechos económicos, civiles y políticos no reaccione y guarde silencio.

(1): Léanse la reciente declaración del Rector de la UCAB, los pronunciamientos de PROVEA, del
Grupo Orinoco y de una Coalición Sindical por elecciones libres.

Y NO ES CASUALIDAD 
Subordinada como ha estado al poder militar que nos viene rigiendo desde la Independencia, por los gobiernos de la Guerra Federal y dos dictaduras militares, no es extraño que haya perdido su capacidad de influencia civil, a lo que se añade la delegación de su representatividad en los partidos políticos que rigieron nuestra democracia, en esa transición que duró poco hasta el regreso del poder militar. Eso, por una parte y, por la otra, estando supeditada a la consolidación de ese poder militar en el poder estatal, sostenido y multiplicado por la forma de propiedad y explotación del recurso petrolero, en el que se sumaron los tres poderes, terminó completamente encasillada.
Ahora, que los partidos políticos casi han desaparecido o han sido intervenidos, no tiene otro medio para expresar su opinión sobre el curso general del país, y culmina dependiendo de las opiniones y decisiones de quienes hoy gobiernan, de quienes aspiran a serlo y, sobre todo, de quien tiene el poder efectivo. No es de extrañar, entonces, que esté condenada por una especie de “silencio estructural” que no le permite hablar.
¿PUDIERA HACERLO?
La sociedad venezolana, su sociedad civil, tiene dos grandes componentes, uno atomizado y no organizado, compuesto por esa población que sufre las consecuencias del deterioro económico y social y que no tiene capacidad de expresarse, más allá de la protesta o la manifestación de calle, normalmente por causas específicas, y otro más organizado que sï tiene esas capacidades.
Nos referimos a ese gran mundo de la sociedad civil que ha creado instituciones que la representan democráticamente y que ha sido tan gravemente afectado por toda la gama de sucesos recientes. Médicos que fueron sustituidos, universitarios que fueron excluidos, sindicatos que fueron abolidos, profesionales que fueron maltratados y expulsados, empresarios que fueron expropiados o confiscados, empresas extranjeras que fueron discriminadas, venezolanos que tuvieron que irse. Ese componente sí puede hablar.
Primero, sí lo hace desde su identidad y representatividad institucional, llámense Colegios Profesionales, Asociaciones Universitarias o intelectuales, de Vecinos, Iglesias, Empresariales, Universidades, Federaciones y Cámaras regionales.
Segundo, si llegan a acuerdos y se articulan entre sí, podrían potenciar su opinión, especialmente si utilizan herramientas cívicas bastante más sofisticadas y definitivamente pacíficas, como lo puede ser un comunicado o un manifiesto público o privado que tome posición sobre la situación global de Venezuela y sea dirigido y entregado oficialmente a los actores involucrados, muy en particular a quien representa al tutor en Venezuela.   Tercero, quizás el más importante, si suma apoyos y crea una voz colectiva para hacerse oír sería más difícil hacerle callar.
PUEDE DECIR VARIAS COSAS
Que los venezolanos saben y pueden reconstruir su industria petrolera y que no desean repetir el modelo de las “7 Hermanas” que privó en los años 30 o 40 de nuestra industria. Que no se necesita el tutelaje para rehacer ese camino y que, con gusto acepta el apoyo internacional que nos ha sido brindado.
Que las fases de “estabilización, recuperación económica y transición democrática” corren peligro si solo dependen, como lo percibe el tutor, de un sector petrolero demasiado atado a decisiones externas, a la geopolítica internacional y al grado de incertidumbre que hoy priva en el mundo.
Que esas fases pueden sostenerse y aligerarse con mayor propiedad en la evolución reciente de la economía no petrolera que protagoniza el sector privado y que sí garantiza una estabilidad sostenible, pues esta representa la parte más importante, cualitativa y cuantitativamente, de la economía venezolana.
Que, enfocada asi el tema, se rompe el supuesto dilema de un caos previsible, porque esa economía sostiene el bienestar de los venezolanos, y así se puede privilegiar la reinstitucionalización de Venezuela, reorganizar los poderes públicos y colocar las decisiones en el ejercicio de la voluntad popular.
Finalmente, podría romper el silencio y hacerse oír como comunidad venezolana ante los actores nacionales e internacionales, y demostrar que hay una Venezuela que quiere y puede definir su propio destino.

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