DictaduraEconomía

¿Por qué está subiendo el dólar en Cuba?

En épocas remotas fue nefasto que Nerón, Iván el Terrible, o Enrique VIII de Inglaterra gobernaran sin freno para sus antojos, pero peor es que lo hayan hecho Fidel y Raúl Castro en nuestros tiempos.

Los cubanos durante seis interminables décadas han sido víctimas por partida doble: del comunismo en general y  de los hermanos Castro en particular. Fidel era un «elegido» que no rendía cuentas a nadie y gobernaba a base de caprichos e ideas fijas desconectadas de la realidad. Su hermano y heredero es un hombre mediocre  muy acomplejado ante la «genialidad» de Castro I, su héroe y paradigma. Ese complejo es uno de los factores —hay otros peores— por los cuales se niega a hacer verdaderos cambios en Cuba. Fidel no los habría aprobado  y él (Castro II) no quiere «traicionar» su legado.

Por eso el general, al cumplir su período constitucional de diez años como presidente, para evitar riesgos o sorpresas gorbachovianas le pasó el cargo a su protegido Miguel Díaz-Canel, un anodino burócrata, inepto pero muy obediente, incapaz de hacer nada que el general no apruebe antes.

Y desafiando «revolucionariamente» las leyes económicas impusieron un tope de precios enfilado contra el sector privado, incluyendo los campesinos y otros productores y distribuidores de alimentos, para evitar un brote inflacionario luego de haber lanzado para la calle 7.000 millones de pesos en aumentos de salarios sin el imprescindible incremento de la producción y los servicios.

El presidente designado hizo el caso del perro a las advertencias que le hicieron los economistas de que el control de precios solo causaría más inflación y más escasez. Los topes entraron en vigor en la primera quincena de agosto y solo unos días después ya comenzaron a golpear al país. Empeoran a diario la escasez de alimentos.

Los carretilleros están desapareciendo

Muy claro lo explicó a un periodista independiente en Quemado de Güines, Villa Clara, el campesino Ibar González: «El maíz está perdido del mercado porque el campesino prefiere vendérselo a los galleros o a los palomeros, porque se lo pagan a 500 pesos y el Estado lo paga a 220 pesos».

En La Habana, «los carretilleros están desapareciendo (…) el tope de precios está provocando desabastecimiento y agravamiento de la crisis…», reveló el economista Énix Berrio. Y también están desapareciendo los carretilleros que venden productos agrícolas  a 800 kilómetros de distancia, en Santiago de Cuba, según el activista de UNPACU  Carlos Amel Oliva.

Un campesino, Emiliano González, de Bayamo, dijo por lo claro a Radio Martí que él y sus colegas prefieren dar otros usos a las cosechas ante de venderlas al Gobierno con los precios topados. Dijo que ellos pagan muy caros los insumos que necesitan para producir cualquier tipo de alimento «y con el precio topado del Gobierno no es rentable la producción». Y advirtió. «va a venir más desabastecimiento por las medidas coercitivas que ha implantado el Estado».

«Hasta la calabaza se perdió» en Camagüey,  reportó Leydis Tabares. «Nada. Habichuelas venden por las mañanas, y punto. Ahí no hay un boniato, no hay un plátano«, explicó Leydis. En Santa Clara se ha desplomado la oferta de viandas, frijoles y hortalizas. El cuentapropista Yoel Espinosa explicó que los campesinos villaclareños asumen muy  altos costos para producir sus cosechas, y que pierden dinero si las venden con los bajos precios impuestos por el Gobierno.

Desde el extremo occidental del país, en San Juan y Martínez, Pinar del Río, el campesino Rolando Pupo destacó que muchos agricultores han decidido guardar los productos, o utilizarlos para alimentación animal, antes que venderlos al Gobierno.  Agregó  que el Gobierno no tiene en cuenta la falta de un mercado mayorista con precios razonables para obtener los insumos.

Pupo tiene razón. Ni a Díaz-Canel,  ni a ninguno de sus burócratas les importó que por no haber un mercado mayorista los campesinos adquieren sus insumos en el mercado estatal minorista a precios inflados, o en el mercado negro igualmente a precios altos. Por tanto, si luego no cubren costos, o ganan muy poco, simplemente producirán menos, dedicarán sus cosechas a otros fines, o venderán en el mercado negro a precios más altos.

Sin embargo, los jerarcas castristas insisten en «meterle miedo» a las leyes económicas. Total, ellos comen muy bien.  Así, el «Periodo Especial II» da sus primeros aletazos y toda la responsabilidad cae sobre el régimen. No puede importar más alimentos por falta de divisas y lo que hace es estrangular las fuentes privadas productoras de alimentos. ¿Puede haber más desprecio del pueblo por parte de un gobierno?

Prueba inequívoca de crisis: atesorar dólares

Por otra parte, como consecuencia del agravamiento de la crisis el dólar está subiendo de valor en el mercado negro, con lo cual obviamente se devalúan el CUC y el CUP.  En los últimos días el dólar pasó de comprarse en 0.95 y 0.96 CUC hasta 1.05 CUC, de acuerdo con reportes de la prensa independiente.

Y ello se debe no solo a la inflación generada por la caída de la oferta y el aumento constante de la demanda de alimentos y de todo por la populista subida de salarios, sino porque Castro II prohíbe que los dólares se utilicen para financiar negocios privados en la Isla. A los cubanos les tienen prohibido invertir capital en su propio país. Increíble pero cierto.

Por eso en 2017 los cuentapropistas sacaron de la Isla 2.390 millones de dólares que invirtieron en el extranjero, según un minucioso estudio de Havana Consulting Group. De esa cifra, 366 millones fueron invertidos en bienes raíces y 1.008 millones en otros negocios y la compra de mercancías para venderlas en Cuba. Raúl Castro prefiere que el país pierda ese precioso capital antes que los cubanos prosperen, creen riquezas y la nación salga adelante.

Como el dólar asombrosamente no se puede capitalizar en Cuba, y la economía se desploma la gente atesora los «billetes verdes» antes que cambiarlos por CUC, por tres motivos: 1) para protegerse por si la economía se derrumba por completo y el CUC no vale absolutamente nada; 2) para hacer negocios fuera de Cuba o comprar mercancías y luego venderlas en la Isla; y 3) prepararse para emigrar.

Y algo clave, la reducción de la masa de dólares en Cuba no se debe únicamente al cese del arribo de cruceros con turistas estadounidenses y a las sanciones de Washington, como arguye el régimen, sino a que en general ha caído sustancialmente la llegada de turistas a la Isla.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en julio la llegada de visitantes a Cuba se desplomó en un 23,6%, luego de caer un 20% en junio. O sea, el turismo cayó un 46% acumulado en esos dos meses. Ya el régimen admitió que en 2019 llegarán a Cuba  4,3 millones de turistas y no los 5,1 millones que se esperaban.  Es decir, viajarán a la Isla 800.000 turistas extranjeros menos de lo «planificado» (al estilo estalinista), y 400.000 menos que en 2018.

Añádase a eso que el país recibe menos dólares de Caracas, y menos de los médicos explotados en el exterior. Y como produce cada vez menos de todo, exporta muy pocos bienes. En 2018 exportó menos de la mitad que en 1989, casi 30 años atrás.

Lo peor es que todo esto es solo el comienzo de  un proceso inflacionario y de empeoramiento de la crisis económica y del «Periodo Especial II», que continuará si no se liberan las fuerzas productivas. Si el dueto Castro II-Díaz-Canel no lo hace, estará empujando a los cubanos a la desnutrición y el hambre, como en cualquier país del Africa subsahariana, pero en pleno corazón de Occidente.

 

 

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