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Ramón Peña / En pocas palabras: Nuestro castigado litoral

El terremoto en Venezuela, en imágenes | Fotos | EL PAÍS América

 

 

(Ante la tragedia que hoy nos enluta, esta columna, habitualmente internacional, no puede mirar más allá de nuestras fronteras.)

De nuevo, la naturaleza ha herido de muerte al litoral guaireño. Esta delgada franja, que corre entre el verde de la cordillera de la costa y el azul del mar caribe, parece escogida como laboratorio de ensayo de fenómenos atmosféricos y telúricos.

Hace 27 años, en diciembre de 1999, en aquel espacio que todavía honraba el nombre de José María Vargas, la furia de las aguas, cargando con la capa vegetal de sus empinados cerros arrasó con cuanto hallaba a su paso. Nos vestimos de luto por las víctimas fatales, más de 30 mil, número tan impreciso como las improvisadas y desconfiables cifras oficiales.

Ante aquella circunstancia, Estados Unidos ofreció un importante contingente para búsqueda, rescate y reconstrucción, incluyendo ingenieros militares, helicópteros, maquinaria y logística, que fue rechazado por el oficialismo invocando excusas de soberanía nacional.

Surgieron luego iniciativas privadas para que la reconstrucción del litoral aprovechase su rico potencial turístico y económico. El régimen las desechó por burguesas y emprendió un proyecto urbano populista cargado de mediocridad y sombrías contrataciones.  

Ahora, 27 años más tarde, un sismo de enorme poder, desatado a más de 500 kilómetros de distancia, ha volcado su mayor energía destructiva en la frágil orilla costera.   

En esta ocasión, agregando componentes al suplicio de nuestros vecinos del litoral, a la furia de la naturaleza se han sumado la precariedad de las construcciones, destacándose las de la Misión Vivienda y, aún más grave, la miserable y vergonzosa incapacidad oficial, militar y civil, para reaccionar ante la catástrofe.

De nuevo, lloramos a miles de venezolanos, bendecimos a los héroes espontáneos hurgando a mano desnuda en los escombros y agradecemos el invalorable auxilio de las misiones internacionales.

Dos tragedias que parecen marcar, como luctuosos hitos históricos, el inicio y el fin de 27 años de sombra, atraso y corrupción.

 

 

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