Sánchez, al filo del precipicio, entre los comisionistas y los lobistas
Detrás de la manta de ZP y Ábalos está Sánchez. Por ello, el presidente está acorralado por sus hombres de confianza

Zapatero y José Luis Ábalos. | Ilustración de Alejandra Svriz
Me lo pregunté hace seis meses en estas páginas: «¿Y si el trasfondo de lo que hoy conocemos es el fuego amigo de una guerra interna que se libra en el PSOE desde 2021?». Obviamente, ya sabía la respuesta. Era noviembre de 2025 y estaba inmersa en la redacción del libro Todos los hombres de Sánchez. Tenía atadas las fuentes, testimonios y revelaciones de una operación que ningún otro medio de comunicación había publicado: el enfrentamiento de los corruptos cutres y los corruptos premium en la «trama milmillonaria del petróleo». Y no me pude resistir a deslizar en THE OBJECTIVE una teoría que estaba escribiendo en el libro y que ahora repiten muchos como propia: la guerra entre los lobistas y los comisionistas. Era solo el atisbo de lo que hemos publicado esta semana en exclusiva: la salida de Ábalos del Gobierno fue una operación del zapaterismo tras colisionar con Ábalos en la trama del petróleo.
Las fuentes de las que bebemos están tan acreditadas que fueron las que nos permitieron avanzar hace año y medio (en octubre de 2024) algo de lo que ningún otro medio se hizo eco: una operativa consistente en exportar crudo venezolano, sorteando el régimen de sanciones de la UE, refinarlo en República Dominicana y traerlo a España tras cambiarle el sello de procedencia. Una operativa que excedía con creces al fraude clásico de evasión del IVA y a los 213 millones de euros que cuantificó el juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz. No fue casual tampoco que poco después reveláramos la nota que un empresario de hidrocarburos dejó en la residencia de Ábalos en Madrid para su hijo: «Urge: petróleo venezolano». La clave siempre estuvo en los cupos de petróleo que concede Venezuela, y en los waivers o exenciones a la prohibición de compraventa de petróleo que otorgaba EEUU. Aldama tenía un cupo en 2018, Zapatero consiguió otro en 2021 y aprovechó las debilidades y adicciones de Ábalos con las prostitutas como excusa para sacarlo del mercado y favorecer un «cambio de jugadores».

Que el juez José Luis Calama haya puesto negro sobre blanco en su auto judicial, situando a Zapatero «en el vértice de una red de tráfico de influencias en el mercado del petróleo, el oro y las divisas», es de una enorme importancia. Primero, por la valentía e independencia de la Justicia, la Fiscalía y la policía judicial que investiga —ahí es nada— a un expresidente del Gobierno. Y, segundo, por el contexto, con varias vías de investigación internacional y tres días después de la extradición a EEUU del testaferro de Maduro, Alex Saab. Pero, sobre todo, es importante por el contenido que conoceremos en su totalidad en las próximas horas y que señala a Zapatero como la persona que controlaba el flujo de petróleo desde Caracas. No es casual que en el auto se cite a Manuel Fajardo como el hombre de ZP en Venezuela; el mismo a quien señaló Víctor de Aldama en su declaración en el Supremo como hombre de confianza del expresidente y quien dijo: «Yo tengo, con una persona que se llama Manuel Fajardo, en Venezuela, un encuentro un poco desagradable y en el que me dice que qué estoy haciendo yo, como enviado a Venezuela, por parte del Gobierno de España, pisando al señor José Luis Rodríguez Zapatero».
La rehabilitación del zapaterismo en el funeral de Ábalos
En 2021, antes de que Zapatero entrara a jugar, los comisionistas tenían «copado el mercado». A la espera del sumario completo, el auto permite encajar las piezas: los extractos del informe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) y las consideraciones del juez encajan a la perfección con el testimonio de las múltiples fuentes consultadas por THE OBJECTIVE que estaban tan integradas en el entramado que han permitido a un libro escrito hace cuatro meses anticipar la actual acción de la Justicia, permitiendo afirmar que «estamos ante un caso de corrupción geopolítica» que ha echado raíces en todas las dictaduras que Sánchez y Zapatero han blanqueado: Venezuela, China e Irán.
Y luego está la parte política, el encaje de bolillos que nos permite atar cabos. Desde hace meses vienen advirtiendo Ábalos y Koldo que «el caso va a escalar», que «estos [Zapatero] se han forrado con el rescate de Plus Ultra», y que todo el equipo del Ministerio de Transportes «venía heredado de José Blanco», cuyo entorno (Antonio Hernando) le venía a «pedir cosas» al ministro de Transportes. El entorno de Ábalos dice ser víctima de Zapatero y, en parte, tiene razón. Fue el difunto Miguel Barroso quien le confesó a una de mis mejores fuentes tras publicar yo en 2021 los motivos de la caída de Ábalos: «Hemos sido nosotros». Podía referirse a la forma de hacerme llegar información o a la trampa que el zapaterismo urdió contra el ministro. Justo en mayo de 2021 —cuando empezaba a llegar el dinero del rescate de Plus Ultra (aprobado el 9 de marzo de 2021), y comisionistas y lobistas pugnaban por cobrar la comisión—, Ábalos se hospedó en el Parador de Sigüenza, donde dejó destrozos en el mobiliario y restos de cocaína, como desvelaron a THE OBJECTIVE siete trabajadores del establecimiento donde, a diferencia de Teruel, nadie reportó daños concretos.
Cadena de favores
Seguramente sea casualidad que el presidente de Paradores fuera el zapaterista Óscar López, —de quien me dijeron que fue quien avisó a Pedro Sánchez, aunque él me lo negó—, o que justo después, tras el cese de Ábalos, fuera nombrado jefe de gabinete del presidente después de tres años apartado de la primera línea política por decisión de Sánchez, tras participar en su derrocamiento como secretario general. Seguramente sea también casualidad que el secretario de Estado Pedro Saura, quien supuestamente recibió presiones de Zapatero para aprobar el rescate de Plus Ultra, fuera nombrado después el nuevo presidente de Paradores de Turismo. O que el jefe de gabinete de Ábalos en Transportes, Ricardo Mar, fuera nombrado su número dos. También será casualidad que ese mismo mayo Iván Redondo fuera a la casa oficial de Ábalos a advertirle de que «el presidente lo sabe» y de que había un dosier sobre él, la prostitución y los negocios, en el que se nombraba a Víctor de Aldama y a Víctor Ábalos; que la UCO señalara que la decisión de Sánchez a Ábalos se hizo por cobrar mordidas «de espaldas al partido». O que el mismo mes Sánchez le confesara a Cerdán que «José Luis [les había] traicionado… [Se] lo [iba] a follar».
A la operación de control de daños le siguió el retorno y la rehabilitación del zapaterismo en el 40.º Congreso Federal de Valencia, el entierro formal de Ábalos en su propia tierra. Volvieron los desterrados, los chicos de Blanco: Óscar López, Antonio Hernando, Patxi López, César Luena, María González Veracruz, Isabel Rodríguez, Pilar Alegría… y tantos otros. Es ahora, entrando en una fase decisiva en la investigación, cuando la guerra entre los lobistas de Zapatero y los comisionistas de Ábalos se entiende. Por fin se comprende cómo y por qué el PSOE se inventó el bulo de la bomba lapa para desacreditar a la UCO, por qué libró una cruzada contra jueces, fiscales y periodistas, por qué ha intentado comprar testimonios de testigos y por qué contrata a abogados procesalistas, no penalistas, cuya única intención es la nulidad de la causa. Se entiende mejor por qué ni Ábalos, ni Koldo, ni Zapatero pactarán con la Fiscalía, por qué mienten y jamás tirarán de la manta: porque detrás de la manta de Ábalos y Zapatero están ellos junto a Pedro Sánchez.
La lucha entre los comisionistas y los lobistas demuestra que todos estaban en el ajo; que la pugna entre Zapatero y Ábalos por el petróleo no era mera actividad comercial impropia y, presuntamente, ilegal, sino que su epicentro estaba en Moncloa y Ferraz, y que será el fin de esta legislatura. Como dicen en el PSOE, Sánchez «está atrapado, no sabe cómo salir de esta»; entre la espada y la pared y, nuevamente, presionado por ambos bandos de la guerra. Hace cuatro años, Sánchez eligió a Zapatero para sobrevivir en el poder, la parte sofisticada de la trama, tras los movimientos «ruidosos» de los comisionistas cuyas maniobras «torpes» habían dejado rastro. De eso iban los informes entre el primer confidente del caso Koldo, José Luis Caramés, y el capitán Bonilla. De la comisión de Plus Ultra, de la estructura financiera en Panamá, de la licencia de Villafuel y el chalé regalado al ministro por sus gestiones en la trama del petróleo. Se detuvo a Caramés, se aisló a Bonilla y se destruyeron los informes. Algunos creyeron que habían sido capaces de borrar el rastro. Afortunadamente, la Justicia está haciendo su trabajo, y pese a las presiones, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y la prensa libre, también. La verdad siempre acaba saliendo a la luz. Y por ello, Pedro Sánchez está al filo del precipicio, acorralado por sus hombres de confianza, confidentes, gurús y negociadores: los comisionistas y los lobistas.
