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Villasmil: Los Demócratas ¿preparándose para el 2020?

 

I

Hace cuatro años eran muy pocas las opciones candidaturales presidenciales en el partido Demócrata de EEUU; hoy abundan como arroz. Claro, la señora Clinton, favorita del establishment centrista (es evidente que ganó las primarias gracias a los votos del aparato del partido), olía a ganadora, más allá de los amagos –coitus interruptus político- del entonces vicepresidente Joe Biden, y del esfuerzo titánico –que generó un sorprendente apoyo en especial entre los jóvenes- por parte del longevo senador de Vermont, Bernie Sanders.

Con Sanders, la usualmente utópica y romántica izquierda Demócrata se atrevió a enfrentar al statu quo, y casi lo derrota. Disciplinadamente, aunque con algunas molestias y sinsabores, sus líderes, como Elizabeth Warren (senadora por Massachusetts) acataron el resultado, apoyaron a Clinton, y luego de la sorpresiva derrota en las presidenciales de noviembre de 2016 se prepararon para la siguiente prueba de poder: las elecciones parlamentarias de mitad de periodo, en 2018. El resultado de las mismas fue exitoso para ellos -más en lo cualitativo que en lo cuantitativo- e incluso algunos de sus nuevos parlamentarios se atrevieron a desafiar públicamente a la hasta ese momento unánime candidata a Speaker de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, reconocida (por añeja), y calificada (por muchas luchas parlamentarias), representante del centrismo Demócrata.

Las aguas volvieron rápidamente a su nivel –bastaron a Pelosi un par de diestros movimientos de su varita mágica para que se restaurara el orden jerárquico previsto-.

Pero Sanders, Warren y sus jóvenes discípulos, como la representante neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez, no han esperado mucho para volver a mostrar sus colmillos, aunque algunos, por su novatería, parecen tener todavía dientes de leche.

Una pregunta es válida: ¿Correrá el centrismo demócrata la misma suerte que los republicanos moderados?

II

 

Investigadores en las islas Galápagos descubrieron, el mes pasado, una tortuga de una especie que se consideraba ya extinta: la Gigante Fernandina, vista por última vez en 1906. Ello ha devuelto la esperanza de que reaparezcan otras especies consideradas ya desaparecidas, como los republicanos moderados (vistos por última vez en noviembre de 2016). Un debate actual en el partido Demócrata es que sus centristas podrían sufrir similar y menguante penuria.

Es el momento, amigo lector, de recordar que en el peculiar lenguaje político gringo, la palabra “liberal” no significa lo mismo que en el resto del planeta; el término liberal en EEUU tradicionalmente se usa con jóvenes estudiantes universitarios utópicamente fiebrudos, románticamente anticapitalistas; con académicos barbudos y con gruesos lentes, preferiblemente graduados en humanidades, autores de sesudos tratados anti-sistema que nadie lee. ¡Ah! y hasta hace pocos años con algún exótico y extravagante dirigente del partido Demócrata. Liberal, en tierra gringa, ha sido entonces sinónimo de izquierdista.

Un problema es que estos nuevos parlamentarios y dirigentes de la izquierda gringa ya no solo se llaman “liberales”, sino que incluso se denominan “socialistas”; justo cuando la legendaria palabra se viene muy a menos, gracias a los denodados esfuerzos, entre otros, de los hermanos Castro, de Hugo Chávez, Lula da Silva, los esposos Kirchner, Kim Jong-un, Pablo Iglesias y sus cachorros de Podemos, el Farabundo Martí, Rafael Correa, Evo Morales, y muy merecidamente de Nicolás Maduro y Daniel Ortega.

Como era de esperarse, se ha iniciado la reacción centrista Demócrata, que recursos no le falta, frente a los “esfuerzos redentores” de esta hornada de aspirantes a soplar “la potente fragua que el hombre nuevo ha de forjar”, como dice la letra de la Internacional. (Por cierto, diversos y cada vez más abundantes especímenes del “hombre nuevo” cubano, venezolano o nicaragüense, por razones que el amigo lector conoce muy bien, han decidido desde hace tiempo emigrar a tierras más amables con los derechos humanos, el bienestar y la libertad personal.)

Para el centrismo Demócrata hay temor de que todos estos esfuerzos de los “puristas” de la izquierda dañen las chances electorales futuras –como la reciente propuesta de Ocasio-Cortez en materia de temas ambientales (“Green New Deal”), un auténtico despropósito estatista, cubierto con una muy atrayente miel de buenos y hermosos, si bien desatinados, objetivos-.

Sin dejar de mencionar la justificada preocupación del liderazgo de ese partido en la Florida, un estado de importancia fundamental para ganar las presidenciales, y normalmente “swing state”, o sea que apoya a veces a unos y luego a otros. Pues bien, la suma de las acciones de Trump contra el gobierno de Maduro y sus amenazas al castrismo, más las desastrosas declaraciones de Sanders y de Ocasio-Cortez sobre el chavo-madurismo, amenazan convertir a la Florida (con sus muy importantes 29 votos en el colegio electoral que elige al presidente; sólo California y Texas tienen más votos) en un seguro bastión Republicano.

Para colmo, en una reciente reunión privada, Ocasio-Cortez amenazó con establecer una “lista” de parlamentarios Demócratas según ella “demasiado complacientes con el gobierno” a quienes les surgirían rivales del sector socialista en las elecciones primarias del año que viene (recordemos que en EEUU la Cámara de Representantes se reelige en su totalidad cada dos años). Su colega por New Jersey, Josh Gottheimer, preguntó “¿es así como los liberales entienden el concepto de unidad partidista”? “O estamos unidos o no ganaremos ni el Senado ni la presidencia”. No suena muy sensata la creación de una especie de Tea Party progresista.

Lo cierto es que crear “tests de pureza ideológica” ni es Demócrata, ni es democrático.

Todos hablan de la necesidad de “cambio” (palabra usualmente mágica en momentos electorales), pero al parecer cada uno tiene su idea de qué significa.

III

Como estamos en EEUU, los pollsters Demócratas han comenzado a hacer su trabajo; se señala que no hay ningún dato demoscópico que pruebe la existencia de un “entusiasmo liberal” entre los futuros votantes en las primarias. En realidad, de los 40 nuevos representantes que le quitaron a los Republicanos el pasado noviembre, 33 fueron apoyados por agrupaciones centristas.

En noviembre pasado la encuesta Gallup sentenció: 54% de los militantes y simpatizantes Demócratas quieren un partido “más moderado”; sólo un 41% lo desea más liberal. (Entre los Republicanos, un 57% pide que el partido sea más conservador).

Un problema central: no es solo que el mensaje liberal – socialista probablemente no pueda funcionar en regiones tradicionalmente conservadoras; es que no se puede forzar un único mensaje ideológico en un país tan diverso política y culturalmente como EEUU; por ello los partidos han sido históricamente grandes “paraguas” donde un representante del Este puede convivir con un legislador de Texas, o de Alabama.

La mayoría de los precandidatos Demócratas –al menos los que hacen más ruido- se identifican con posturas liberales, frente al unaninimismo trumpiano del partido rival. Hasta ahora, lo que más une al partido y sus tendencias es el deseo de derrotar a Donald Trump. 

Aparte de la unidad, otro reto fundamental es la de ir más allá del «antitrumpismo»; crear e impulsar una narrativa de país que confronte con éxito la narrativa rival.

Estemos eso sí bien claros: unas elecciones de 2020 con Donald Trump y Bernie Sanders (o Elizabeth Warren), como actores principales, será maná caído del cielo para los comediantes de tv y para los caricaturistas.

 

 

 

 

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