A grandes cambios, grandes responsabilidades

Empiezo con una confesión. A mí no me preocupa la inteligencia artificial sino lo que la brutalidad natural puede hacer con ella. Una lectura inicial de Magnifica Humanitas me avisa que esa es la preocupación del Papa y por eso su llamado a la acción.
La convocatoria de la encíclica de S.S León XIV es a la comprensión de los cambios. Al constatar grandes tendencias en la historia humana que el catolicismo ha de ver con su humanismo trascendente y caritativo, la doctrina debe ofrecer una interpretación útil para que las personas den su respuesta.
En esos cambios que son constantes podemos apreciar hitos. Desarrollos que traspasan lo coyuntural. Cuando León XIII escribió Rerum Novarum, las “cosas nuevas” eran la revolución industrial y el denominado “problema obrero”. Cambios en la industria, en las relaciones obrero-patronales, la acumulación de riqueza en pocas manos y la pobreza de la mayoría. En la amenaza de la guerra nuclear, Pacem in Terrris de Juan XXIII mostró los caminos de la paz. La creciente conciencia de la humanidad ante los riesgos para el medio ambiente exigía el “cuidado de la casa común” como en Laudato Sí planteó Francisco, que precisamente había escogido su nombre por el santo de Asís “…hemos crecido creyéndonos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla…”. Ahora en Magnifica Humanitas León XIV nos llama a comprender los avances de la ciencia y de la técnica. “Nunca tuvo la humanidad tanto poder sobre sí misma”. No se trata de una “emergencia a gestionar” es una transformación que interpela.
Hacia el futuro ¿Cuál es el paradigma que guiará a la humanidad? ¿Será el tecnocrático o el humano? ¿Estamos ante un dilema inescapable o es posible conciliar? León XIV no ignora lo exigente del desafío, pero piensa que es posible esa convergencia y propone un camino.
A la ciencia y la tecnología veámoslas con gratitud por todo lo que nos ofrecen y con realismo, con un realismo sano que no es idealista y tampoco cínico. La inteligencia creativa ha de ser para un progreso que sirva no que doblegue, su sentido, como el de toda la empresa humana es el bien común. Mirémosla, dice en un consejo de amplitud y profundidad, con claridad que ilumina. “No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles”. ¿Será – se pregunta uno desde nuestro pedacito- que lo escribió pensando en nosotros?
