Estamos solos
A la izquierda más mezquina, guerracivilista y manipuladora de Europa se le une la derecha más mediocre, cobarde e inculta del planeta
Alberto Núñez Feijóo junto a Pedro Sánchez en una de sus visitas a La Moncloa. (Jaime García)
En España tenemos dos grandes desgracias: el gobierno y la oposición. Cuando cambian sus roles, cambia el orden de nuestras desgracias, y deja de ser el gobierno y la oposición para ser la oposición y el gobierno. Definitivamente estamos hechos para el arte, para las fabes con almejas, quizá para conquistar continentes repletos de Tucanes, pero no para la grandeza, para la sutileza ni para las grandes cosmovisiones, que se les terminan donde se les acaba el rabillo de la boina. Así, a la izquierda más mezquina, guerracivilista y manipuladora de Europa se le une la derecha más mediocre, cobarde e inculta del planeta. Lo hemos vuelto a ver estos días con la crisis de Ceuta, con un gobierno incapaz de mantener la integridad y la seguridad de su territorio, que es lo mismo que reconocerse fallido. Porque un Estado es algo definido por unas fronteras. Y ha bastado una segunda Marcha Verde, por lo general pacífica y sin incidentes graves, para poner de manifiesto que estamos a merced de Marruecos y en manos de un gobierno sobrepasado en materia migratoria y de seguridad, que son cosas diferentes, pero, en este caso, unidas.
Para compensar, la oposición ha respondido con un ridículo simétrico, con la excepción de Juan Jesús Vivas, presidente de la ciudad autónoma de Ceuta, que nos ha ofrecido una lección de talla en cada declaración. Al resto se les ha olvidado decir que esta alentada desde los bulos de las redes sociales y tolerada por Marruecos ha contado con el apoyo decidido de Israel y seguramente de Trump, que días antes, a través de un texto del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes aseguraba que Ceuta y Melilla eran ciudades «administradas por España», pero localizadas en «territorio marroquí» y objeto de la reivindicación de Rabat. Es decir, que esto ha sido un aviso para mostrar al mundo que nuestra nación –Ceuta lo es– va a durar lo que ellos quieran que dure. Ante esto, la oposición decide que no es el momento de defender a España y en su lugar ha preferido alentar un texto infame para que veintidós países –veintidós traidores– nos abandonen a nuestra suerte como consecuencia por haber sufrido un ataque a nuestra seguridad. Con amigos así, ¿quién necesita enemigos?
Nuestro gobierno es una tragedia, pero lo que hemos sufrido es un ataque exterior para recompensar a Marruecos por los Acuerdos de Abraham y en el que, aunque a nadie parezca importarle, han muerto inocentes. Ante un ataque exterior, se espera que la oposición se ponga del lado de la patria –que no es el del gobierno– en vez de promover documentos contra España. Estamos solos. Solo tenemos ya a Portugal, a Francia, a Luxemburgo y a Irlanda, que no han firmado el documento de la vergüenza. Gracias por la valentía. Y, sobre todo, por seguir defendiendo a España de España misma.
