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Abejas de alquiler en Alemania

Photo: Julia Steinigeweg

Bee-Rent, una franquicia creada hace nueve años en Bremen, Alemania, ha instalado  millares de colmenas en casas particulares y empresas de todo el país, desde que su promotor Dieter Schimanski  decidió atacar la escasez de apicultores, una de las razones básicas de la rarificación de las abejas, inyectandoles el glamour suficiente para hacer de la actividad algo sexi además de rentable.

Él mismo era uno de los cien mil alemanes que  se interesaban por el tema a manera de hobby  hasta que en su casa de Ganderkesee (Baja Sajonia) se embarcó en su proyecto, con apenas dos colmenas y un par de miles de euros

Es un sistema de franquicias que por la suma de 199 euros anuales permite alquilar colonias de abejas cuya supervisión y controles veterinarios de rigor corren a cargo de Shimanski, mientras el papel de los clientes se limita a realizar visitas periódicas y recibir oportunamente la miel envasada de sus laboriosas trabajadoras.

De común acuerdo con el apicultor, la ubicación de la colmena se fija, a veces, en la terraza de un hotel, permitiendo al propietario comercializar el producto, o en el techo de una empresa, que puede así reverdecer su imagen a un costo irrisorio, y estas ventajas junto con el auge de la conciencia ambientalista -que propició en 2019 la recogida de casi dos millones de votos en el land de Baviera para salvar las abejas- están impulsando a Schimanski para extenderse a otros países europeos.

A Francia, por ejemplo, donde, según informó PLANETA VITAL en septiembre de 2020, París ha asistido al igual que Londres y New York a un notable incremento en la apicultura urbana, al punto que más de un millar de colmenas se enseñorean ahora en los tejados de la plaza de la Concordia y la Opera Garnier e incluso coronaban la catedral de Notre-Dame hasta el terrible incendio de hace algunos meses.

Una oficina especial de la Alcaldía se ocupa allí de proveer colmenas a las comunidades de jardinería para asegurarse de que el número de insectos no rebasen el polen y el néctar que suministran los árboles y flores de los parques, jardines y cementerios, mientras los jardines del Luxemburgo gradúan doscientas personas cada año en sus cursos de apicultura y, según estadísticas oficiales, la región capital en su conjunto, produjo en 2016 unas 324 toneladas del total nacional de 16 mil.

O tal vez vaya tan lejos como a Vancouver, Canadá, donde la terraza del hotel Fairmont Waterfront ofrece una vista espléndida de la bahía y las montañas nevadas del North Shore mientras sirve, además, de santuario a un cuarto de millón de abejas de 400 especies endógenas de la Columbia Británica.

Un refugio digno de encomio cuando se informa que se perdió en el invierno de 2017 una cuarta parte del patrimonio apícola canadiense, con las lógicas consecuencias negativas para los agricultores que precisan de los animalitos para polinizar sus campos y obtener abundantes cosechas.

 

Varsovia, septiembre 2026

 

 

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