Félix de Azúa: Hágase la luz
«Traer la luz a este mundo es la tarea de los valientes, de quienes se atreven a criticar y superar las costumbres, las inercias, la pereza, las supersticiones, la masa sumisa»

Ilustración generada mediante IA.
En las tiras cómicas, siempre que a alguien se le ocurre una idea le dibujan una bombilla encendida sobre la cabeza. Es una metáfora antiquísima. Cuando se nos impone el sentido de algo, cuando solucionamos un problema, cuando se nos ocurre una idea, tenemos una sensación muy parecida a la de la luz disolviendo las tinieblas. Es un choque mental, a veces un chispazo casi físico, un fenómeno inexplicable que produce euforia.
Un ejemplo. Hace muchos años, cuando yo era niño, el escritor Álvaro de Laiglesia tituló una de sus novelas En el cielo no hay almejas. Yo quedé sorprendido por esa ocurrencia. ¿Y por qué no «En el cielo no hay cangrejos» o «En el cielo no hay farolas»? Hasta que comprendí que por «cielo» había que entender «Cielo». Entonces se me hizo la luz. En efecto, en el Cielo sólo entran las almas robustas y lozanas. Un alma corrompida o filamentosa, una almeja, no puede entrar en el Cielo. La sensación de haber resuelto un enigma fue vigorosa, dentro de su modestia, y no la he olvidado.
Los matemáticos tienen esa misma experiencia cada vez que un conjunto de ecuaciones o de signos como columnas de hormigas deja de ser un enigma escrito en cuneiforme para, de repente, tener sentido. Sin ninguna advertencia, la sucesión de símbolos se vivifica y el oscuro conjuro se convierte en algo evidente. Entonces el matemático se golpea la frente y exclama: ¡Eureka! Se le ha hecho la luz. Esa palmada en la frente dice más que cien experimentos de neurocirugía.
Es un fenómeno muy oscuro, este de la luz. Vamos a otro territorio, el de las figuras. Imaginen uno de esos tableros en los que han dibujado unas baldosas que, según las miras, son planas o con volumen. Uno puede, a voluntad, ver ese dibujo como unidimensional o tridimensional. Y algo semejante es lo que sucede cuando se nos hace la luz sobre un enigma: de repente algo que era plano ahora tiene volumen. Con la diferencia de que no están trabajando nuestros ojos, sino el entendimiento. Es éste el que descubre que un enigma tiene solución. La solución ha estado siempre delante de nuestros ojos, o en nuestra memoria, pero sólo ahora, como un chispazo, cobra sentido, se enciende la bombilla.
«La labor de los artistas y de los pensadores es dar sentido, dar significado, esclarecer, iluminar algo que antes estaba en la pura oscuridad»
En buena medida, la labor de los artistas y de los pensadores no es muy distinta: dar sentido, dar significado, esclarecer, iluminar algo que antes estaba en la pura oscuridad. Así los renacentistas italianos inventaron la perspectiva, los románticos alemanes el paisaje, y Cézanne la vanguardia, por poner unos pocos ejemplos. Pero también, claro está, algunos científicos y técnicos que, además de registrar patentes, piensan. Como Einstein con la relatividad o Schrödinger con su gato. Cuando Wittgenstein dijo, famosamente, que «de lo que no se puede hablar, mejor es callarse» se refería justamente a ese proceso en el que la oscuridad se hace luz. Si no se hace la luz, si no se puede iluminar, si no le das sentido, mejor cállate. O escribe un soneto.
Sin embargo, aquellos que ven más claro, ¿son los más inteligentes? Yo no lo creo. La luz, es decir, dar sentido a algo que antes no lo tenía, como el paisaje o la relatividad, no depende de la inteligencia, sino del coraje. Traer la luz a este mundo es la tarea de los valientes, de quienes se atreven a impugnar, criticar y superar las costumbres, las inercias, la pereza, las supersticiones, el aburrimiento, la masa sumisa, lo que es debido.
No siempre ha de ser algo trascendente, alguien inventó el paraguas, alguien inventó la bicicleta, alguien inventó el imperdible, alguien inventó las leyendas, alguien inventó el piano, alguien inventó la imprenta, alguien inventó las catedrales góticas, y Euclides todo lo que ya sabemos. Y alguien representó el invento de un sentido mediante la metáfora de una bombilla que se enciende contra la oscuridad de los enigmas. Y lo entendemos perfectamente.
Félix de Azúa (Barcelona, 1944) es escritor, doctor en Filosofía y catedrático de estética. En junio de 2015 fue elegido miembro de la Real Academia Española.
