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Análisis de entorno: dolarización total, petróleo y reconstrucción institucional en Venezuela

Lo decisivo no es si el bolívar puede seguir existiendo formalmente, sino si todavía cumple funciones monetarias reales. En la práctica, ha perdido buena parte de su capacidad como unidad de cuenta, medio de pago relevante y reserva de valor, mientras el dólar domina la formación de precios, el ahorro y una parte sustantiva de las transacciones de referencia

 

Análisis de entorno: dolarización total, petróleo y reconstrucción institucional en Venezuela
                                          Dólarización en Venezuela. Foto: Pixabay

La dolarización total de Venezuela es técnicamente posible, pero no como atajo aislado; sino que requiere una transición política con legitimidad electoral, un programa de estabilización con apoyo multilateral, una redefinición de la institucionalidad monetaria y un uso disciplinado de la renta petrolera.

Este análisis se formula ceteris paribus, es decir, sin incorporar como supuesto de base una futura privatización integral del negocio petrolero ni la disolución de PDVSA; esas hipótesis pueden modificar el horizonte de largo plazo, pero no son necesarias para evaluar la factibilidad inicial de una dolarización ordenada.

Lo decisivo no es si el bolívar puede seguir existiendo formalmente, sino si todavía cumple funciones monetarias reales. En la práctica, ha perdido buena parte de su capacidad como unidad de cuenta, medio de pago relevante y reserva de valor, mientras el dólar domina la formación de precios, el ahorro y una parte sustantiva de las transacciones de referencia.

1. Punto de partida

El PIB de Venezuela en dólares corrientes se ubica en torno a 120 mil millones de dólares según estimaciones recientes derivadas de la base del Banco Mundial (los “verdaderos” números la ubican en algún lugar entre los 90 mil y los 110 mil millones de dólares), todavía muy lejos de su escala histórica previa al colapso. Su composición sigue siendo frágil porque el rebote reciente descansa sobre petróleo, comercio dolarizado, servicios de baja productividad y nichos conectados a divisas, más que sobre una reconstrucción industrial amplia.

La inflación sigue siendo estructuralmente alta y el agregado monetario amplio continúa expandiéndose desde una base erosionada. Trading Economics reporta un M2 de 1.281.189 millones de VES en febrero de 2026, por lo que la masa monetaria inicial a convertir en un ejercicio de dolarización sería de aproximadamente 1,281 billones de VES.

La oportunidad para dolarizar aparece precisamente cuando la moneda local ya no organiza la economía y el nuevo régimen puede ordenar lo que ya ocurre de hecho.

2. Benchmarks y criterio de factibilidad

Panamá, Ecuador y El Salvador son los referentes regionales de dolarización oficial, mientras Zimbabwe sirve como referencia extrema de destrucción monetaria seguida de uso forzado de divisas.

El rasgo común es que la dolarización se vuelve políticamente defendible cuando la moneda local deja de cumplir las tres funciones clásicas, algo que ya ocurrió en buena parte del tejido económico venezolano.

La diferencia venezolana es que llegaría a esa decisión con una base extraordinaria de recursos petroleros, aunque ese activo no garantiza por sí mismo la viabilidad del proceso, pero sí le da una capacidad potencial de respaldo externo, flujo de caja y renegociación de deuda que otros países no tuvieron.

3. Petróleo: reservas, calidad y tiempos

La OPEP reporta para 2024 reservas probadas de crudo en Venezuela por 303,22 mil millones de barriles, equivalentes al 24,42 % del total OPEP y el mayor volumen entre sus miembros. Ese número debe tomarse con prudencia, porque una parte importante del salto histórico se explicó por la reclasificación de crudos extra pesados de la Faja del Orinoco como reservas probadas, algo discutible en términos de recuperabilidad económica real.

Conviene, por tanto, trabajar con tres capas de referencia: reservas oficiales OPEP de 303,22 mil millones de barriles; estimaciones amplias de recursos de la Faja de entre 900 y 1.400 mil millones; y recursos técnicamente recuperables en una banda de 380 a 652 mil millones de barriles.

La mayor parte de estas reservas está en la Faja, con crudos de 9,5 a 12 grados API y azufre de 4 a 5 %, lo que implica mayor complejidad de extracción, transporte y refinación que en el caso de crudos medianos o livianos.

La producción de partida usada en los análisis previos es 861 mil barriles por día, distribuidos entre Occidente, Oriente y la Faja del Orinoco, con un aporte de Chevron de 232 mil bpd dentro del total.

Las proyecciones de expertos convergen en una recuperación moderada hacia 1,0–1,1 millones de bpd en 2026 y 1,1–1,3 millones, con techo de 1,4 millones, en 2027 si hay estabilidad política básica e inversión sostenida.

Si se toma el número oficial OPEP de 303,22 mil millones de barriles y se hace un ejercicio puramente mecánico, sin considerar declinación, reinversión ni calidad del crudo, los tiempos de extracción serían los siguientes:

Ritmo de extracciónProducción anualAños para extraer 303,22 mil millones bbl
0,861 mbd314 millones bbl/año965 años
1,0 mbd365 millones bbl/año831 años
1,3 mbd475 millones bbl/año639 años
2,0 mbd730 millones bbl/año415 años
3,0 mbd1.095 millones bbl/año277 años

Si el ejercicio se hace sobre una banda de 380 a 652 mil millones de barriles técnicamente recuperables para la Faja, los tiempos teóricos son todavía más largos:

Base de reservas / recursosA 1,0 mbdA 1,3 mbdA 2,0 mbdA 3,0 mbd
380 mil millones bbl1.041 años800 años521 años347 años
652 mil millones bbl1.786 años1.374 años893 años595 años

Estos números no sirven para proyectar operación real, sino para mostrar que el límite venezolano no es de agotamiento sino de capacidad de transformar el recurso en flujo de caja sostenible.

 

4. Flujo de caja petrolero y pérdidas negras

Partiendo de 861 mil bpd como nivel sostenible actual, la producción anual equivale a aproximadamente 314,3 millones de barriles, con un precio neto realizado de 45 dólares por barril, para un ingreso bruto anual del orden de 14,1 mil millones de dólares; a 55 dólares netos, cerca de 17,3 mil millones; y a 65 dólares netos, alrededor de 20,4 mil millones.

Si la producción sube a 1,1 millones de bpd, el volumen anual llegaría a 401,5 millones de barriles; y si alcanzara 1,3 millones de bpd, a 474,5 millones. Bajo un precio neto de 55 dólares por barril, eso implicaría ingresos brutos anuales cercanos a 22,1 mil millones y 26,1 mil millones de dólares, respectivamente.

EscenarioProducciónBarriles/añoUS$45 netos/bblUS$55 netos/bblUS$65 netos/bbl
Base cierta0,861 mbd314,3 MM14,1 US$ bn17,3 US$ bn20,4 US$ bn
Base mejorada1,1 mbd401,5 MM18,1 US$ bn22,1 US$ bn26,1 US$ bn
Alto1,3 mbd474,5 MM21,4 US$ bn26,1 US$ bn30,8 US$ bn

Estos montos no equivalen a caja libre fiscal, pues de allí hay que descontar costos operativos, inversión de mantenimiento, participación de socios, recuperación de CAPEX, servicio de deuda, pérdidas por opacidad e importación de insumos y diluyentes. Además, existe un componente estructural de “pérdidas negras petroleras” —desvíos, mezclas opacas y rentas paralelas— que obliga a trabajar con descuentos de gobernanza sobre el flujo bruto.

 

5. M2 inicial y tipo de cambio de conversión

La referencia monetaria inicial es de un M2 de 1.281.189 millones de VES en febrero de 2026, sabiendo que no toda esa masa requeriría respaldo en billetes físicos; porque una parte sustantiva puede reconvertirse en depósitos bancarios en dólares, siempre que exista respaldo patrimonial, regulación adecuada y una línea de liquidez de transición.

El tipo de cambio de conversión no debería surgir de una decisión política arbitraria, sino de una combinación de variables observables, tales como tipo de cambio de mercado efectivamente transado, relación entre M2 y reservas líquidas utilizables, necesidad de recapitalizar la banca y capacidad fiscal para absorber pérdidas patrimoniales transitorias.

El criterio correcto es encontrar una tasa que minimice arbitrajes y no obligue a una mega devaluación posterior; en la práctica, eso sugiere usar una banda o promedio del mercado libre en las semanas previas, ajustado por una auditoría rápida de liquidez bancaria, efectivo en circulación y reservas disponibles.

 

6. Deuda, FMI y Tesoro de EE. UU.

La deuda externa venezolana es heterogénea: incluye bonos, deuda sindicada, pasivos comerciales, litigios, laudos y compromisos bilaterales. En este contexto, los debt-equity swaps pueden ser una herramienta útil para transformar parte de esas acreencias en participación en proyectos petroleros, infraestructura, logística, gas o refinación, reduciendo presión de caja en el arranque y alineando acreedores con la recuperación productiva, la cual no necesariamente debe concentrarse en el sector de energía: Venezuela necesita de todo en todas partes.

El FMI tendría un papel central como arquitecto técnico del programa, mediante revisiones periódicas de metas fiscales, monetarias y estructurales asociadas a desembolsos. El Tesoro de EEUU actuaría como garante político-financiero capaz de alinear licencias, sanciones, banca corresponsal y credibilidad internacional alrededor del proceso.

 

7. Infraestructura transaccional: desaparición del efectivo, Pago Móvil y aceleradores tecnológicos

La casi desaparición del efectivo es una ventaja operativa relevante. Venezuela transitó de hecho hacia una economía de baja intensidad de billetes, lo que reduce costos logísticos y facilita una dolarización apoyada primero en depósitos, compensación, pagos instantáneos y saldos electrónicos, y solo después en efectivo físico donde sea realmente necesario.

El sistema de Pago Móvil Interbancario comenzó a desplegarse en 2017, con disponibilidad desde octubre de ese año y expansión durante 2018, como respuesta a la escasez de efectivo y a la necesidad de pagos inmediatos entre personas y comercios. Su lógica fue permitir transferencias instantáneas entre bancos usando teléfono, cédula y banco afiliado, lo que facilitó una adopción masiva por parte de pequeños comercios y hogares.

Esto facilita la dolarización porque desacopla parcialmente la transición del problema físico del billete; porque si salarios, depósitos y pagos minoristas migran primero a saldos digitales en dólares o a cuentas dolarizadas, el proceso puede arrancar con mucha menos presión sobre importación, custodia y distribución de efectivo.

La tecnología existente y la IA pueden acelerar el proceso en conciliación, monitoreo antifraude, segmentación de riesgo, cumplimiento regulatorio y analítica territorial de adopción. Aun así, esta infraestructura no sustituye reservas, solvencia bancaria ni legitimidad política, y depende críticamente de electricidad, telecomunicaciones, ciberseguridad y confianza en los bancos.

 

8. Pasos formales y tiempos

La fase preparatoria, de 0 a 6 meses, debería incluir auditoría rápida de reservas y balances públicos, negociación con el FMI y el Tesoro de EEUU, saneamiento inicial de la banca, definición del marco legal monetario y fijación de una ventana de observación para el tipo de cambio de conversión.

En esta etapa todavía puede existir circulación del bolívar, pero bajo un cronograma explícito de salida y con prohibición de expandirlo discrecionalmente.

La fase de paralelismo, de 6 a 12 meses, sería principalmente digital-contable más que física. Los depósitos, contratos, precios públicos, balances bancarios y cuentas fiscales migrarían hacia el dólar, mientras el bolívar quedaría restringido a liquidaciones residuales y pagos menores.

La desconexión final del bolívar, estaría en una ventana de 12 a 24 meses, y debería producirse solo cuando existan legitimidad electoral, acuerdo vigente con el FMI, sistema bancario recapitalizado y caja petrolera trazable en mejora.

 

9. Institucionalidad, banca y escenarios

La dolarización elimina la posibilidad de financiar desequilibrios fiscales con emisión, lo que obliga a reemplazar discrecionalidad monetaria por disciplina fiscal, transparencia presupuestaria, supervisión bancaria seria y reglas macroprudenciales robustas.

Para la banca, el cambio es profundo: activos, pasivos, capital regulatorio y gestión de liquidez pasarían a medirse en dólares, por lo que resulta indispensable un saneamiento previo y un sustituto funcional del prestamista de última instancia basado en líneas contingentes, fondos de liquidez y respaldo multilateral.

En términos de riesgo, el escenario A —transición negociada y dolarización ordenada— tiene una probabilidad estimada de 40 %; el escenario B —reciclaje autoritario con semi dolarización inestable—, 35 %; y el escenario C —ruptura desordenada—, 25 %.

El primer escenario es el de mayor valor económico neto porque combina estabilización monetaria, recuperación de confianza, acceso a capital y reconstrucción del crédito; los otros dos dejan al país en una zona gris de mejora parcial o de inestabilidad abierta.

 

10. Actores y cierre

La viabilidad técnica de dolarizar depende de un mapa de actores concreto: bloque de poder interno, oposición democrática, banca, socios petroleros, acreedores, FMI, Tesoro de EEUU y la sociedad venezolana dentro y fuera del país.

Sin estabilidad política e institucional, nada de esto es sostenible; porque la única base durable para una dolarización exitosa es una transición legitimada por elecciones competitivas, con garantías verificables y con un cambio suficiente en el equilibrio de poder como para que la inversión extranjera crea que esta vez sí habrá reglas estables.

En síntesis, Venezuela ya no enfrenta el dilema entre preservar una moneda funcional o sustituirla, porque ese dilema fue resuelto por los hechos: el bolívar dejó de organizar la economía y el desafío pasó a ser cómo institucionalizar una estabilidad que hoy existe solo de manera incompleta, desigual y precaria.

Si el país lograra combinar legitimidad política, disciplina macroeconómica, banca recapitalizada, pagos digitalizados y una administración más transparente de la renta petrolera, la dolarización puede convertirse en la bisagra entre la supervivencia transaccional de estos años y una reconstrucción económica durable. De otra manera, seguirá atrapado en una semi estabilidad frágil, con más dólares en circulación, pero sin verdadero orden monetario ni confianza de largo plazo.

 

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