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Anne Carson: tres mil años de amor, deseo y muerte

La premio Nobel de Literatura es una de las poetas más complejas y originales de la actualidad; en su obra se fusiona lo clásico y lo contemporáneo, Grecia y Godard, Troya y las rupturas contemporáneas

Anne Carson

Anne Carson. (AFP)

 

Anne Carson además de poeta, ensayista y traductora, ha sido catedrática de Literatura Clásica en universidades como Princeton o Míchigan, en Ann Arbor. Helenista y latinista, conoce el mundo clásico grecolatino tan bien como todos los movimientos de vanguardia del siglo XX. Y es una gran experta en el cine europeo de la década de los cincuenta, sesenta y setenta, a los que ha dedicado poemas extraordinarios como el referido a la película de Godard, ‘Al final de la escapada’. De esta fusión de lo clásico y lo contemporáneo surge una de las poesías más complejas y originales.

En ‘Eros, poética del deseo’ (su tesis doctoral sobre Safo, publicada en 1986 con el título de ‘Eros The Bittersweet’), a través del estudio de la poesía clásica griega más primitiva, descubre los orígenes y las razones de uno de los sentimientos humanos más complejos e indefinibles: el erotismo-amor. El erotismo más descarnado y la versión cultural del mismo con la creación de la ficción amorosa.

Carson nos remonta a Safo, que fue quien, por vez primera, definió o calificó a Eros como un sentimiento entre dulce y amargo. Luego otros poetas griegos se referirían al mismo como miel amarga, dulces heridas, dulces lágrimas, e incluso mezclarían la sensación de calor con la de frío. Eros, dulce y amargo, pero también placentero y doloroso al mismo tiempo. Dulzura del deseo erótico que, temporalmente, tapa la amargura subsiguiente. «Pequeña bestia dulce y amarga» contra la cual no hay quien se defienda. A mí no me gusta, para este caso, hablar de sensación agridulce porque sería mezclar ambas en una nueva y diferente; mejor sensación dulce y luego, sin mezcla alguna, amarga. Y además esta última de mayor densidad que la primera.

A la pregunta de Carson, ¿qué pesa más, lo dulce o lo amargo?, yo respondería, sin lugar a dudas, y así la mayor parte de la poesía de todos los tiempos me respaldaría, que la parte amarga. En poesía, o el amor no se consuma por el rechazo de una de las partes, rechazo caprichoso, injustificado o desdén; o acaba mal. Precisamente existe la poesía amorosa porque tiene su origen en esa decepción.

Carson también habla en su poesía de dos emociones contrapuestas: el amor y el odio. ¿Dónde comienza la amistad y dónde la enemistad? Para nuestra poeta no comienzan ni acaban, sino que están dentro de la propia esencia del erotismo. Lo que sí es seguro que donde termina el amor comienza el odio. Carson pone algunos ejemplos sacados de los poetas griegos. Homero en la ‘Ilíada’ muestra la disputa entre Helena y Eros. Afrodita le reprocha a la culpable del futuro incendio de Troya, cierta frigidez con respecto a Paris, y le grita: «No me provoques, terca, no sea que de enojo te abandone, / que te odie con igual vehemencia que hasta ahora te he amado».

Amor, deseo, odio, animadversión, venganza, alejamiento u olvido, son los sentimientos que han movido a los humanos desde tiempos remotos. Carson los ha estudiado, pero también los ha utilizado como referentes poéticos inevitables. Y se queja que, hoy en día, pretendan sajarlos de nuestra humanidad. El amor, el deseo y la muerte, a la que por supuesto también Carson se refiere con mucha habitualidad, son los motores de la vida. El amor y el deseo son fuentes de vida; mientras que la ausencia de ellos nos conduce a la muerte. ¿Estar con Eros o huir de él? ¿Acaso podemos? Anne Carson responde a través del epigrama de Arquias: «Huir de Eros, inútil brega».

Gran parte de la poesía de Carson es heredera de esta cuestión filosófica no fácil de resolver. No se puede renunciar al deseo porque entonces aparece el dolor. Pero, ¿cómo hacerlo compartir a quién no lo quiere? ¿Cómo amar a quien no te quiere? ¿Cómo desdeñar a quien te quiere? En nuestro mundo moderno ¿se podría hacer todo compatible? ¿Se podría compartirlo todo? La poesía sí puede hacerlo, pero lo hace como un antídoto. La poesía es solo un antídoto. ¿Y la seducción? Una ciudad sin deseo es una ciudad carente de imaginación, es una ciudad muerta o una ciudad que convive con la muerte. El deseo es la vida y sin la vida no hay existencia. Eros es un riesgo, pero un riesgo que vale la pena, pues sin él no existe nada. Sócrates defendía la seducción, para él Eros era un sofista, mientras que Safo lo calificaba de tejedor de ficciones. ¿Con cuál quedarse? «Si me amas, me odias, y si me odias, me amas; / así que si no me odias, querida, ¡no me ames!».

 

 

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