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Chitty La Roche: ¿Qué se nos perdió? ¿Qué tenemos aún?

La crisis venezolana desafía a la OEA | Nueva Sociedad

«Duele lo que se perdió, cuando no se ha defendido».

— Florentino y el Diablo, Alberto Arvelo Torrealba

«Todo lo muda el tiempo, Filis mía, todo cede al rigor de sus guadañas:

ya transforma los valles en montañas, ya pone un campo donde un mar había.

Él muda en noche opaca el claro día, en fábulas pueriles las hazañas,

alcázares soberbios en cabañas, y el juvenil ardor en vejez fría.

Doma el tiempo al caballo desbocado, detiene el mar y viento enfurecido,

postra al león y rinde al bravo toro. Sola una cosa al tiempo denodado

ni cederá, ni cede, ni ha cedido, y es el constante amor con que te adoro».

— Sobre el poder del tiempo, José Cadalso

«Podrá nublarse el sol eternamente / (…) pero jamás en mí podrá apagarse / la llama de tu amor».

— Rima XCI, Gustavo Adolfo Bécquer

¿No es acaso verdad que todo lo que pasa, alguna huella deja? Reflexiono sobre lo pasado el 3 de enero de este año y confieso que tengo pensamientos encontrados que comprometen mi serenidad.

¿Qué engendró el evento? ¿Qué trajo en la alforja esa batalla? Interesante pregunta que, nueve meses después, cabe formularse impajaritablemente. Si se tratara de un embarazo y se esperara un alumbramiento, una angustia distinta turbaría mi espíritu; pero no se trata de la expectativa del llanto de una vida que nace, sino de una patria que sufre y que llora. Un parto puede ser portador de alegría, pero también de amargura y tristeza.

Se llevaron al dictador, pero sigue la dictadura maquillada por discursos anfibológicos que actores endógenos y exógenos presentan como un sino, un inexorable destino que resulta aceptable para muchos porque creían y creen que hay un costo que pagar al «benefactor» que extrajo al «capo di tutti capi»; pero nos dejó a sus adláteres y, peor aún, está aliado con ellos y alienándolos como un vampiro a cambio de una suerte de botín de guerra que no se completa, por cierto, con nuestros recursos naturales; además, quiere hacer empresa con nuestro devenir.

Más allá de un ejercicio de retórica eufemística, estamos secuestrados no por las armas, sino por el miedo y la culpa que se trastocan en una imperiosa necesidad, de parte de los que dirigen, de conservar las formas del poder a rajatabla.

Empero, hay unas víctimas propiciatorias, como es de rigor señalar en el tránsito ineluctable del desamparo: la soberanía, el respeto a la nación, a la sociedad, a las instituciones, a nuestra historia, a nuestros valores, a cada uno de nosotros y, en suma, a lo que somos y significamos; la patria, pues.

El cálculo interesado de algunos contrasta con la resignación de otros; pero no deben arrogarse este momento como una sentencia histórica que eterniza la tragedia. Si bien hoy luce indefensa y a la merced de nuestros opresores la agónica república, se advierte en los estudios de opinión que tomamos conciencia, como pueblo, del mal que nos asfixia y visualizamos ya a quienes dirigen la orquesta de nuestro padecimiento y desesperanza. Evoco a Goya: «El tiempo también pinta».

Tanto en el norte como aquí mismo, el modelado de la historia dibuja con nuevos crayones el porvenir y, entonces, cada coterráneo debe volverse, además, un militante ciudadano y constructor de la liberación de ese hogar, de esa idea, de esa razón que tenemos para vivir: de la patria que aún respira, aunque con dificultad, y que depende, para ser y seguir siendo, de nosotros mismos.

Para concluir esta brevísima cavilación, traigo a colación el genio del cubano José Martí:

«El amor, madre, a la patria no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca».

 

Nelson Chitty La Roche — nchittylaroche@gmail.com — @nchittylaroche

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