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Cuando Estados Unidos se retire

Durante décadas, Estados Unidos ha disfrutado de la hegemonía en Oriente Próximo. Eso está a punto de terminar

Cuando Estados Unidos se retire

 

Estados Unidos parece estar atascado en Oriente Próximo. No tiene una salida fácil de su guerra con Irán. Sin embargo, el conflicto, independientemente de cómo termine, marcará de hecho algo muy diferente: el momento en que Estados Unidos se retire de la región, en el sentido de que renuncie definitivamente a su hegemonía allí. Por primera vez desde que las grandes potencias desmembraron el Imperio Otomano hace un siglo, el orden general de Oriente Próximo ya no se impondrá desde lejos. ¿Supondrá eso el inicio de una orgía de ajustes de cuentas y violencia, o un nuevo comienzo?

Desde la Primera Guerra Mundial, la cuna de las tres grandes religiones monoteístas del mundo ha sufrido una miseria tras otra. Los árabes que habían luchado junto a los vencedores de la guerra se sintieron traicionados cuando el Reino Unido tomó el control de Irak, Jordania y Palestina, y Francia se apropió del Líbano y Siria. Los líderes nacionalistas, entre ellos Gamal Abdel Nasser de Egipto, cayeron más tarde bajo el hechizo de ruinosas políticas económicas de inspiración soviética. Los atroces abusos contra los derechos humanos cometidos por dictadores como Sadam Husein en Irak y Hafez al-Asad en Siria solo tuvieron parangón en el fanatismo violento de los yihadistas alimentados por su sádico régimen.

Tras tres guerras, innumerables operaciones encubiertas y rondas de diplomacia aparentemente interminables, los intentos de Estados Unidos por imponer sus planes han llegado a su fin. Al igual que el Reino Unido, Francia y Rusia, Estados Unidos seguirá estando involucrado. Recurrirá ocasionalmente a la fuerza militar para defender sus intereses, incluso en la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, abandonará su papel de artífice.

Las señales de la inminente retirada de Estados Unidos son inconfundibles, incluso mientras el presidente Donald Trump aprovecha la reunión anual de la ONU para amenazar a Irán con la «aniquilación» por enésima vez. Dos de ellas destacan especialmente. A principios del mes de septiembre, Estados Unidos se negó a unirse a su aliado Arabia Saudí para atacar a los hutíes en Yemen, que están poniendo en peligro la navegación en el mar Rojo. En su lugar, mantuvo conversaciones a espaldas de los saudíes para evitar que los buques estadounidenses fueran atacados. Puede parecer un detalle sin importancia, pero cuando una superpotencia llega a acuerdos con una milicia insurgente, todo el mundo entiende que quiere reducir sus compromisos.

La otra señal es la expectativa de que Estados Unidos limite su presencia en Oriente Próximo. En tiempos de paz, cuenta con entre 30.000 y 40.000 soldados repartidos en 19 bases, ocho de las cuales son permanentes. Sin embargo, la guerra ha puesto de manifiesto lo vulnerables que son ante los drones y los misiles de bajo coste. Por ello, Estados Unidos se ha visto obligado a depender de portaaviones y de su base en el océano Índico, en Diego García. Algunos expertos sostienen que debería concentrar sus fuerzas en unos pocos lugares, como Israel y Jordania.

Esto encaja en una reestructuración más amplia en la que, tal y como informó la NBC este mes, también podrían retirarse de Europa entre 25.000 y 40.000 soldados estadounidenses. La administración Trump se centra en el continente americano. Los ‘securócratas’ quieren preparar a Estados Unidos para la creciente rivalidad con China que, como demuestra la cumbre de esta semana entre Trump y Xi, oscila entre una coexistencia cautelosa y una hostilidad abierta. Ninguno de estos objetivos se ve favorecido por las guerras en Oriente Próximo, que vacían los arsenales de Estados Unidos y alejan sus fuerzas de Asia.

 

EE.UU. podría reestructurar su despliegue militar exterior, que cuenta con 30.000 soldados en Oriente Próximo y otros tantos en Europa

 

¿Y con qué fin? Hasta 2020, Estados Unidos era un importador de petróleo; hoy es un exportador colosal. China, por el contrario, se ha convertido en el mayor cliente de los productores del Golfo, y el canal de Suez transporta sus mercancías a los mercados europeos. Eso convierte a China en la gran beneficiaria externa de las políticas estadounidenses. Sin embargo, es poco probable que intente intervenir como potencia hegemónica en Oriente Próximo, no cuando ha sido testigo de los billones de dólares y las miles de vidas que Estados Unidos ha pagado por ese privilegio.

En cambio, tres de los países de la región tienen el peso necesario para empezar a llenar el vacío, y ninguno de ellos es árabe. El más peligroso es Irán. Si el régimen de Teherán se derrumba, no estará en condiciones de reconstruir su influencia maligna en Irak, Siria y Líbano. Si, como es probable, sobrevive, esperará obtener beneficios controlando el estrecho de Ormuz e intimidando a los Estados del Golfo a los que ha atacado durante la guerra. También intentará reconstruir sus milicias en el extranjero. Es muy posible que reanude el desarrollo de un arma nuclear, lo que sin duda seguirá siendo una línea roja para Estados Unidos. En todo esto, podría recibir el respaldo de Rusia.

El papel de Turquía e Israel

La segunda potencia regional es Turquía, que ha estado estrechando discretamente sus relaciones con los países árabes. Se ha convertido en el principal valedor del nuevo Gobierno de Siria. Con Irak, está trabajando en rutas comerciales, suministro de agua y la lucha contra los separatistas kurdos. El mes pasado firmó un acuerdo de seguridad con Pakistán y Arabia Saudí. Aunque ha defendido a los Hermanos Musulmanes, es más pragmática que ideológica, y busca negocios para su industria de defensa y sus empresas constructoras.

La tercera es Israel, la potencia dominante en materia militar y de inteligencia. Tras las masacres del 7 de octubre de 2023, se ve a sí misma como una Esparta moderna, dispuesta a destruir cualquier capacidad que pueda suponer una amenaza para ella. En el marco de los Acuerdos de Abraham, ha forjado estrechos vínculos con los Emiratos Árabes Unidos, a pesar de que las perspectivas de un acuerdo con los palestinos se han desvanecido.

Es poco probable que estos tres países puedan convivir en paz. Israel y Turquía ya están enfrentados en Siria. Israel e Irán tienen cuentas pendientes por la guerra. Irán y Turquía son antiguos rivales imperiales.

Qué ocurre con los países árabes de la región

Los perdedores son los Estados árabes. Países como Irak y Siria siguen luchando por resurgir de las cenizas de la guerra civil. Egipto, que en su día fue el líder natural del mundo árabe, dedica sus energías a la corrupción y a aplastar a la oposición interna. Las monarquías del Golfo han adoptado un programa de prosperidad que busca anestesiar la ideología con el crecimiento económico. Es de agradecer, pero su modelo de negocio depende de la seguridad estadounidense. Las rivalidades entre los ultrarricos Catar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos están generando inestabilidad; tal vez el regalo de despedida de Estados Unidos podría ser ayudarles a trabajar juntos.

Los árabes llevan mucho tiempo anhelando una oportunidad para recuperar la gloria perdida de cuando eran un faro de la ciencia y el saber hace siglos. La retirada de Estados Unidos está a punto de brindarles esa oportunidad. Sin embargo, cada potencia hegemónica que se retira ha dejado un legado de proyectos frustrados y consecuencias no deseadas. Persisten odios profundos y cuentas pendientes. Oriente Próximo tendrá que esforzarse por demostrar que los escépticos se equivocan.

 

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