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El fallido modelo económico cubano

El hecho

La inviabilidad histórica de la economía centralizada se confirma una vez más con la incapacidad demostrada del modelo cubano.

Las subvenciones soviéticas —65.000 millones de dólares en 30 años—, tres veces más de lo que recibió América Latina de parte de la Alianza para el Progreso y los millones prestados por el Club de París y otros países capitalistas, cayeron en saco roto.

La demostración

1- La dualidad monetaria se implementó con carácter transitorio. En 2011 se incorporó a los Lineamientos del Partido Comunista y en 2014 se emitió una Resolución ministerial para su ejecución. Sin embargo, la ineficacia del modelo y el miedo a su impacto en los precios minoristas y los salarios de los cubanos han impedido la unificación.

2- El azúcar, tras el fracaso de 1970, tuvo sus momentos más críticos en 2010 y 2018, cuando se produjo algo más de un millón de toneladas; un monto alcanzado a fines del siglo XIX y siete veces inferior al de 1952. En la presente zafra, planificada para 1.700.000 toneladas, hubo que reprogramar el plan. El 8 de mayo —según el diario Granma—, un mes después de la fecha en que debió de terminar, se sigue moliendo para tratar cumplir los compromisos de exportación.

.3- En vivienda, después de incumplir los planes durante seis décadas, con un déficit habitacional reconocido de aproximadamente un millón de casas, se elaboró un novísimo plan para resolver el déficit en diez años, a un ritmo de más de 100.000 anuales. Transcurrido el primer trimestre, el Granma del 3 de mayo informó que solo se ha ejecutado el 8% de dicho plan.

4- La ineficiencia ha sido confirmada por la propia Contraloría de la República. En conferencia de prensa, publicada el pasado mes de abril en Cubadebate, se informó que, en 2018, de 402 empresas comprobadas, el 39% se evaluó de mal y el 19% de deficiente, con pérdidas de más de 2.000 millones de pesos en moneda total —deformación generada por la dualidad monetaria que designa la suma, uno a uno, de CUC y CUP en los cálculos empresariales, aunque en las transacciones corrientes el CUC vale 24 veces más que el CUP—, el doble del detectado el año anterior, cuando 369 empresas arrojaron pérdidas por 1.057 millones.

5- El deficiente transporte capitalino se intentó resolver, por enésima vez, con medidas restrictivas y un renombrado experimento para ser generalizado. Según el Granma del 13 de abril de 2019, el ministro de Transporte, dijo: «Los resultados obtenidos en el experimento no han sido los esperados y, como consecuencia, no es posible avanzar con su generalización en el resto del país». Reconoció, además, la «insatisfacción generada, tanto para la población como para los porteadores privados». 

6- En la última sesión del parlamento cubano, en el informe acerca del Plan de Desarrollo Económico y Social hasta 2030, el ministro de Economía y Planificación reconoció la existencia de «fuertes restricciones financieras, atrasos en el pago de algunas deudas que impiden el adecuado funcionamiento de la economía y la consecución de los créditos que están previstos en el plan; niveles de inversión en los últimos años por debajo de lo planificado; exportaciones que no crecen con la dinámica requerida, ni se alcanzan los niveles de inversión extranjera que se demandan; no cumplimiento del plan de importaciones para el 2019, al no lograrse concretar los créditos, entre otras razones, por los atrasos en pago de deudas, a lo que se añade el agravamiento del bloqueo y del cerco del Gobierno estadounidense».

La situación se tornará más crítica con el efecto que tendrán las medidas del Gobierno estadounidense, pues la economía cubana depende de las remesas familiares, el alquiler de profesionales y el turismo; tres rubros extremadamente frágiles que serán afectados, que son incontrolables para el Gobierno cubano y que se dimensionarán con la salida de Maduro del poder en Venezuela.

Lo ocurrido nos remite a la oportunidad que brindó la administración Obama al flexibilizar el embargo y abrir el camino de la negociación con la mayor potencia económica del mundo, lo cual hubiera tenido un impacto positivo en el modelo cubano y habría fomentado el empoderamiento del pueblo para bien de la nación.

¿Por qué?, por la injustificada insistencia en conservar la empresa estatal socialista como eslabón esencial de la economía; por una estructura de la propiedad donde las formas más activas están subordinadas a la ineficiente propiedad estatal y sometidas a disímiles obstáculos para evitar el surgimiento de un empresariado nacional; por la insuficiencia de las inversiones directas, determinadas por la inseguridad de los inversionistas y el alto riesgo de las inversiones en Cuba; por negársele a los cubanos participar como empresarios; por la falta de independencia del sistema judicial para dirimir los litigios; y por una infinidad de trabas burocráticas que responden a la subordinación de la economía a la ideología.

La salida

Después de los fallidos planes especiales, los incontables experimentos y las tímidas y tardías reformas, la lógica y la experiencia internacional indican la necesidad de acelerar y profundizar las reformas. Ello implica liberar la economía de las trabas impuestas por la ideología.

Resulta imposible conservar el modelo y salvar la nación, pues el modelo, por su naturaleza antihumana, es irreformable y, por tanto, insalvable.

Si el Presidente cubano, como él mismo expresara el pasado 13 de abril, asumió «el mandato de cambiar todo lo que deba ser cambiado y corregir todo lo que entorpezca y retrase el camino a la prosperidad», entonces tendría que: erradicar la primacía otorgada a la empresa estatal socialista; reformar la estructura de la propiedad para que cohabiten sus distintas formas en condiciones de igualdad; promulgar una ley de Inversiones sin apellido, donde cubanos y extranjeros participen mancomunadamente; desatar todos los nudos que ahogan la iniciativa privada, otorgarle personalidad jurídica y extenderla a todas las producciones y servicios; permitir la contratación libre de la fuerza de trabajo; e implementar las libertades ciudadanas contenidas en los pactos internacionales de derechos humanos para la viabilidad de las medidas anteriores.

No hacerlo demuestra el poco valor de los discursos y la ausente voluntad política para salvar la nación. Así de sencillo.

 

 

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