El PSOE teme al último Sánchez: «Rumia el rencor» y ordena «calentar la calle»
Dirigentes socialistas y fuentes del Gobierno describen a un jefe del Ejecutivo aislado, sin equipo de confianza ni estrategia electoral, que "rumia permanentemente su rencor" y apuesta por elevar la tensión en la calle. "Ceuta es la tumba política"

La agenda de la visita de Pedro Sánchez a Nueva York, a la que Moncloa quería dar una relevancia máxima para tapar el desgaste interno, no ha corregido la idea instalada en su partido de que este Sánchez ha perdido el control del escenario. Vuelve para encontrarse lo mismo, o peor. Esta inquietante conclusión se extiende entre dirigentes socialistas y personas que conocen desde dentro el funcionamiento de la Moncloa. «Más peligroso que una rebelión es tener a un presidente cada vez más aislado, sin un equipo capaz de contradecirle, desconectado de las instituciones y convencido de que todos los frentes que le cercan forman parte de una ofensiva personal contra él. Está colgado en la Moncloa», resume uno de esos interlocutores. Colgado no como sinónimo de vencido, sino suspendido sobre un vacío político, aferrado al cargo y liberado de los contrapesos que antes ordenaban sus decisiones.
Este temor dentro del PSOE no responde únicamente a la acumulación de crisis. Hoy lo que más preocupa es la reacción de Sánchez ante ellas. Quienes han tratado con él en los últimos meses describen a un presidente que «rumia permanentemente el rencor», convierte cada revés en una afrenta y toma decisiones desde una mezcla de resistencia, orgullo y necesidad de ajustar cuentas. «Eso le nubla la vista», sostiene un dirigente socialista que ha mantenido responsabilidades orgánicas. La impresión compartida es que Sánchez ya no distingue con claridad entre los intereses del Gobierno, los del partido y su propia supervivencia. Todo termina subordinado a una batalla personal contra jueces, medios, oposición, instituciones y antiguos aliados a los que considera desleales.
La jubilación del juez Juan Carlos Peinado no ha rebajado esa tensión. Al contrario, la Moncloa ha optado por mantenerlo en el centro del relato cuando la causa contra Begoña Gómez ya ha salido de sus manos y se dirige hacia la Audiencia Provincial y un jurado popular. Félix Bolaños acusa al Consejo General del Poder Judicial de haber garantizado la «impunidad» del magistrado y anuncia que continuará la batalla ante el Tribunal Supremo. La estrategia permite presentar el proceso como el resultado de la obsesión de un juez, pero encierra un peligro: Peinado se marcha y el procedimiento permanece. En el PSOE saben que, cuando el instructor desaparezca, será mucho más difícil atribuir cada decisión judicial a una única voluntad persecutoria.
La condena de David Sánchez constituye el precedente que nadie quiere mencionar abiertamente, pero que pesa en todos los análisis. Durante meses, el entorno socialista desacreditó la instrucción de Beatriz Biedma y sostuvo que el hermano del presidente era víctima de una causa construida para golpear a la Moncloa. El procedimiento, sin embargo, sobrevivió a la instructora y terminó con una condena de nueve años de inhabilitación por prevaricación. El miedo es que el caso Begoña recorra un camino semejante: que el PSOE concentre toda su defensa en desacreditar a Peinado y que, una vez apartado este del escenario, una Audiencia y un jurado mantengan viva la acusación. «No podemos volver a equivocarnos creyendo que atacando al juez desaparece el caso», admite un veterano socialista.
La consecuencia es un Gobierno que enlaza respuestas tácticas sin una estrategia reconocible. Y Sánchez insiste en que agotará la legislatura, pero destacados socialistas aseguran desconocer cuál es su plan electoral, qué momento considera más favorable para acudir a las urnas o sobre qué proyecto pretende reconstruir una mayoría. Tampoco saben si prepara realmente una remontada o si su único objetivo es resistir hasta que un acontecimiento exterior modifique el clima político.
En ese vacío ha aparecido una apuesta que inquieta especialmente a algunos dirigentes: «calentar la calle». Fuentes socialistas y gubernamentales sostienen que la directriz procede directamente del núcleo de la Moncloa y que busca elevar la movilización del electorado progresista mediante una confrontación cada vez más abierta con la derecha, los jueces y los denominados poderes económicos y mediáticos. La idea es transformar el aislamiento de Sánchez en resistencia democrática y presentar cualquier ofensiva contra su entorno como un ataque contra millones de votantes. No se trata únicamente de defender al presidente, sino de convencer a la izquierda de que, si cae Sánchez, cae con él todo lo construido desde 2018.
La estrategia puede reactivar a una parte de las bases, pero también profundiza el descontrol que se pretende combatir. Cada subida de tono obliga a la siguiente, reduce el espacio para los acuerdos y convierte cualquier rectificación en una rendición. Sánchez necesita adversarios cada vez más poderosos para justificar una resistencia cada vez más extrema. El riesgo, según las fuentes consultadas, es que termine tomando decisiones no para resolver las crisis, sino para alimentar el conflicto que le permite sobrevivir dentro de ellas.
«Antes sabíamos que Sánchez tenía una estrategia que los demás no veíamos», explica un antiguo dirigente. «Ahora el miedo es que tampoco la vea él». En la Moncloa aún manda el presidente, pero lo que preocupa al PSOE es que cada vez gobierne menos alrededor de él.
