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Félix de Azúa: Lo que oculta el progresismo

«Sumisión a una potencia extranjera, destrucción de las fuerzas del orden y ataque al Estado dan idea de en qué manos ha ido cayendo la llamada izquierda de este país»

Lo que oculta el progresismo

Ilustración generada mediante IA.

 

Me había propuesto no volver a escribir de política española mientras ocupara la presidencia el déspota de la Moncloa, pero no hay más remedio que aclarar un par de asuntos a raíz de la invasión marroquí de Ceuta porque esta cuestión ha puesto en evidencia algunos elementos que el PP no ha sido capaz de explicar adecuadamente por falta de programa para la toma del poder.

En primer lugar, la evidente ocultación de un negocio privado y personal de Sánchez con el reino de Marruecos. Que ese negocio sea delictivo o no, es imposible de saber, pero resulta de todo punto evidente que el regalo del Sáhara español fue una traición incomprensible si no hubo compensación, y la ahora connivencia con los servicios secretos marroquíes lo confirma.

No sabemos cuáles son los términos de la negociación, si la hubo: puede ser un tratado de no agresión, desobedecido de inmediato por los marroquíes como es su costumbre, pero puede ser también que los servicios de Marruecos, por medio de Pegasus, hubieran adquirido documentos, fotos o videos comprometedores para Sánchez y su familia. En todo caso, la suciedad es obvia y coincide en tamaño con el ridículo de Zapatero y sus joyas. Todos los jefes del socialismo, desde sus directores generales y secretarios hasta el déspota, están en una situación tercermundista que considera a la población como los súbditos de su finca.

Y, en segundo lugar, la humillación del ejército profesional. Antes, en tiempos de Franco, al ejército y a la policía se les llamaba «las fuerzas fácticas». Eran ellos los únicos que podían actuar de facto si lo ordenaba la autoridad competente. La llegada del sanchismo y sus socios neocomunistas (es decir, leninistas) ha ido desmantelando ambas instituciones hasta convertirlas en un funcionariado sumiso que ya sólo desfila en fechas señaladas y como pidiendo perdón.

A algunos de estos fanáticos, tipo Marlaska, se les ha ido la mano y han desmantelado a la policía y a la Guardia Civil de tal modo que en este momento el narcotráfico europeo entra con total libertad por el sur de España; nos acercamos a los peores tiempos del narco en Méjico y Colombia. Podría suponérsele una connivencia, una tolerancia o una corrupción a Marlaska, pero nadie se la atribuye porque la cortedad de su talento lo hace casi inasequible a operaciones complejas. Ya le gustaría a él tener en su casa las joyas de Zapatero, pero me parece inverosímil porque carece del mesianismo que tanto le gusta al anterior jefe de Estado progresista.

«Los policías y guardias civiles están inermes ante el odio»

En los regímenes despóticos, las llamadas «fuerzas del orden» no están para mantener el orden, sino para servir a un pequeño grupo de mandatarios civiles que las usan a su antojo con la finalidad de mantener sus privilegios. Esa es exactamente la situación de las «fuerzas del orden» en España. Basta con ver, no ya la destrucción de las mejores élites de combate, como las del narcotráfico o las especializadas en el terrorismo de los nacionalistas vascos, sino el abandono en el que viven las unidades que han sido enviadas a Ceuta. Las imágenes de los insalubres y miserables locales donde se recluye a la policía y a las unidades del ejército en Ceuta bastan para saber el uso que hacen los progresistas de los «poderes fácticos», es decir, anularlos y humillarlos.

Y finalmente, el tercer factor que ha dejado claro el despotismo sanchista es la obediencia a la destrucción de España impuesta por los separatistas vascos y catalanes, decididos a aprovechar la extrema debilidad de Sánchez para dar un golpe definitivo al poder del Estado español. No sólo dejan en libertad a los asesinos de policías y guardias civiles, sino que castigan a quienes se defienden de las agresiones separatistas. Los policías y guardias civiles están inermes ante el odio. En Ceuta, cuando les lanzan piedras y cócteles molotov, han de salir huyendo. Una imagen que debe hacer llorar a los policías y guardias civiles honrados.

Estos tres elementos, sumisión a una potencia extranjera, destrucción de las fuerzas del orden y ataque al Estado español, están perfectamente relacionados entre sí por el progresismo leninista. Que esta canallada la firme el Partido Socialista Obrero (¡) Español da idea de en qué manos ha ido cayendo la así llamada izquierda de este país.

 

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